Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Tqm, mi yutubero

Autor:

Juana Carrasco Martín

¡¡¡RECÓRCHOLIS!!! Esto no me lo esperaba. El señor De la Concha —me refiero al director honorario de la RAE, Víctor García de la Concha—, dio a conocer la obra que le fue encomendada como coordinador, el Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica. 

Hecho el dictamen, ya estamos obligados a acatarlo en todas las naciones hispanohablantes, nos guste o no lo estatuido, nos suene bien o mal al escucharlo, o nos ericemos al escribirlo. La condena o la salvación es para los 570 millones de personas adscritas a la lengua madre, o padre —porque a lo mejor nos vino por el «viejo», el «puro», como dicen los muchachos en mi barrio habanero.

La intención declarada trata de convencer desde lo positivo: «quiere estimular una reacción y ayudar a mejorar, de una manera sencilla y cercana, el conocimiento de nuestro idioma y el estilo con el que hablamos o escribimos».

Hay que reconocer que la Academia rectora, y las 23 instituciones que forman la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), intentan acercarse a los tiempos y uno de sus capítulos esenciales lleva por título Escritura y comunicación digital, con normas para ese ámbito, aunque algunas de ellas estaban ya establecidas hace mucho rato por los nativos digitales.

Y aunque dijeron que está «pensado para los escritores digitales», el volumen de 504 páginas no tiene aún versión en la red —como no he podido consultarlo, todavía desconozco si puedo o debo decir en la Güe—, pues solo imprimieron 10 000 ejemplares y a un precio de 24.90 euros…  Calma, amigas correctoras, «estará», lo dijo Ana Rosa Semprún, directora de Espasa, la editorial.

Que me perdonen los conocedores, ver escritas ciertas palabras en los medios que recogieron la información, me recordó aquellas frases de mi niñez cuando jugando a los vaqueros o cowboys de las películas hollywoodenses te mostraban una pistola de plástico —que en algunos casos podía dispararte un «muy gracioso» chorrito de agua a la cara— y te decían «quitimony», pues así escuchábamos el give me the money del asalto a mano armada de cualquier banco del Oeste.

Pues la cosa va en serio y ahora, con la venia de la RAE, puedes hacer uso del guasap —El País escribió wasap, y ya eso me tiene tan confundida como la propia aplicación, imposible de utilizar en mi telefonito de primera generación, y el mundo va por la quinta— en lugar del Whatsapp, que al fin y al cabo siempre te haría dudar si era con una o dos pes…

Pero vayamos al grano, a la médula, a la esencia, a la sustancia, a la enjundia, al meollo, al núcleo, al corazón, al centro, etc. Es decir, a lo establecido. Mirándolo bien, sí que es rico el español; pero que le vamos a hacer, son los tiempos y la tecnología.

Pues ahora, la RAE permite abreviaturas tan comunes en la comunicación de los más jóvenes como tqm (te quiero mucho) y salu2 (saludos) aunque yo he visto más sds en los mensajes, solo que yo no tengo voto. Qué bien, ya puedo escribir tuit, y de mi amigo Abdel decir que es un yutubero empedernido en busca de los videos de cámara oculta, para reírnos a mandíbula batiente.

Como vieron, al comienzo, la muy castiza interjección la adorné con tres signos de admiración; eso sí, si los abro, los tengo que cerrar en igual número, y no tengo que preocuparme de buscar afanosamente en el teclado el signo de interrogación de inicio, porque con el del final ahora basta.

Que quieres tanto a tu mamá y en su día siempre le ponías Felicidadeeeees porque se lo demostrabas más, pues adelante, ya la ortografía digital no te lo impide.

Nada —como dirían algunos cantantes en entrevista televisiva—, en Cuba nos adelantamos muchísimo, es más, ni se había inventado la computadora, cuando decíamos ven pa’cá, y ahora nos lo bendicen los puritos del idioma a la hora de enviar un mensajito familiar. Sin embargo, ni se te ocurra quitarle los acentos a las palabras en los hashtags o etiquetas, pues recomiendan su uso, al igual que los puntos, aun cuando uses emojis (a lo japonés) y emoticones (al inglés).

Ah, claro, le puedes preguntar a tu amiga de la escuela si le gustó el emoji o el emoticón que le enviaste, porque estoy segura que nunca —con permiso o no de la Academia, y ya lo tienes— te hubiera entendido si le decías el «ícono gestual» o «careto»… En definitiva, tal y como nos los venden, todos sonreímos en el mismo idioma.

Como de pasada mencionamos a la televisión, resultó que el académico De la Concha se prodigó una agudeza al comentar el apartado Pronunciación y elocución: «En muchos presentadores de televisión hay falta de orden en la entonación, parten las frases y separan sujetos de predicados, sustantivos de sus adjetivos», aseveró. Ya ven, no es un localismo cubano, está enraizado entre nosotros los hispanoparlantes de cualquier latitud del planeta. 

Quizás, el problema mayor llegó con todes, todxs o tod@s. La Academia sentenció que de eso nada, todos, nos encierra a todos… y a todas; y por supuesto seguía la larga cola de palabras del lenguaje de género. Más difícil que comprender esta decisión —catalogada por no pocas personas de machista— resultaba la explicación dada por los académicos de la prestigiosa institución en una de las páginas del Libro de estilo... exactamente en la 21: «En español el género masculino, por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos. De ahí que el masculino pueda emplearse para referirse a seres de ambos sexos». Veremos el caso que se les hace…

Un puntillazo final del Director de la Academia, que dejará el cargo el próximo 13 de diciembre. Darío Villanueva sentenció: «el problema es confundir la gramática con el machismo».

Si tiene dudas sobre esta pequeña muestra, súmela a las 64 millones de consultas que, mensualmente, recibe la versión online del Diccionario de la Real Academia Española —envíele ya un correo electrónico, que no un e-mail—, porque se viene la avalancha: se ha informado durante la presentación del Libro de Estilo que la plataforma «Enclave RAE» servirá para aprender español como asignatura optativa en los institutos de la inmensa China.

*Periodista de la era analógica.

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