Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Alicia es el viento

Autor:

Toni Piñera

Alicia Alonso es un ser especial, tocado por lo divino. No tiene alas y vuela, tiene la fuerza de un huracán cuando cruza la escena, sus pies son libélulas que revolotean los escenarios, su temple es de acero, y su pasión-amor por la danza, la vida y los demás es una llama, como su ejemplo en este tiempo. Cuando bailaba era un volcán en pleno ascenso, y su lava (arte, del bueno) calentaba los corazones del lado del aplauso en ese breve, pero seductor y atractivo instante en que nos llenaba los interiores de un hálito que venía de otra dimensión. Quizá, de un lugar lejano y extraño que solo ella visitaba cuando desandaba las tablas, siendo ella y muchas otras criaturas que habitaban su ser. Al pasar, las entregaba de mil y una formas, para retener ese momento en la eternidad.

Por eso ha sido y es inspiración de poetas, coreógrafos, músicos, escritores, críticos, bailarines, artistas de la plástica, periodistas... Y está multiplicada en el tiempo en todas las artes que le han dedicado muchas obras. Ahora, en ocasión de su onomástico 98 (21 de diciembre) regresa de la mano de un creador cubano, José Miguel Pérez, quien la distingue de manera singular en su exposición/serie Divas, que acoge el histórico coliseo que lleva su nombre y donde tantas huellas dejó: el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

En la magia del arte regresa la intensa bailarina que está hecha de cuatro elementos: aire, porque nos llega como brisa fresca o como ciclón; agua que nutre de alimento los adentros para seguir el camino; tierra, porque cree en la eternidad de las cosas que valen y nos ha entregado muchos frutos; y fuego, desde las mismas entrañas, con llamas que exhala repleta de pasión, ímpetu, convicción, firmeza... y tantos otros sustantivos como sentimientos crucen por el lenguaje (verbal, y en este caso pictórico). Y surge en su paleta plena de movimiento, vitalidad, a través del tiempo.

Hay diez cuadros de Alicia donde es ella y ese otro ser que vibraba en la escena. Y una vez más nos sorprende en estos acrílicos sobre tela. Ahí yace el mágico verbo que conjuga su presencia. Giselle, Kitri..., viste personajes pero es ella, con su ánimo divino, la que los mueve a su forma. Verla bailar es poner en juego todo el ánimo que convoquen los sentidos, donde están barajados también los del artista, que la crea en otra piel, para entregárnosla plena.

Con espontaneidad, líneas precisas que delinean su silueta, rostro, gestos, ademanes, entre manchas y colores como extraídos de los adentros para hacerlos renacer en su realidad, otra vez, siempre escénica, nos devuelve a Alicia vibrante en sus mil y una facetas. Porque, además de ella, José Miguel Pérez acerca retratos del alma, de otras mujeres que él llama divas, que portan materia, luz, vibraciones, colores, sentimientos..., que, al final, constituyen una suerte de estelas que forjan a Alicia como un todo.

El creador cruza por las estaciones en algunas piezas para construir a la bailarina en sus diferentes estadios, nos esboza mujeres portadoras de cubanía; la envuelve en la Naturaleza, la anida con hermosos pájaros, la viste con ojos de adolescente, la arropa de azules y del verde de la esperanza..., porque ella es una mujer que porta en si muchos destinos. Es símbolo de esta Isla.

Así vibra Alicia en estas obras cercanas al pop, del cual es deudor José Miguel, porque lleva en sí el peso de sus profesores, traducido en una figuración personal, que ha moldeado con su talento a lo largo del tiempo, y donde está también retratado un hombre grande, nuestro Héroe Nacional, forjado en tonos patrióticos/humanos/artísticos, en equivalencia a sus caracteres vitales.

La Alicia de muchos quilates que encandila las miradas y el alma está aquí. Es la impronta de la diva, la estrella de mucha luz, la prima ballerina assoluta que convoca a esos dioses que la animan en cada acto de su vida. Alicia, no hay dudas, es el viento que no se detiene. Por eso cruza por nosotros y otros en el tiempo, como algo infinito, como estas obras que la dejan ver más allá de su imagen, hecha pueblo.

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