Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

No dejar espacio a la improvisación

Autor:

Dorelys Canivell Canal

 ¿Cuánto sabe un pinareño de ciclones? ¿Cuántos trucos conocerá para que un viento fuerte no le lleve su techo endeble? ¿Cuánto sabrá de solidaridad, de recuperación, de echar adelante con los suyos y sus vecinos?

Esta tierra castigada a lo largo de los años por los huracanes le ha impregnado a su gente ese conocimiento, que se construye más desde el imaginario popular que desde las preparaciones formales para enfrentar eventos hidrometeorológicos.

Mas, esa sapiencia puede conducir a veces a ser imprudente, a confiarse, a minimizar el riesgo, a no prestar total atención a las vulnerabilidades del territorio. Y aunque ello no sea la generalidad, es suficiente un ápice de descuido para que después familias enteras lloren a un ser querido o el simple susto de lo que pudo haber pasado les quite el sueño por semanas.

Las intensas lluvias que afectaron al occidente y centro del país a principios de este mes demostraron que aun cuando la Defensa Civil ha invertido en sistemas de alerta temprana; en estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgos, y pone en práctica lasmedidas de protección de la población y sus recursos desde antes de decretar las primeras fases que se establecen para enfrentar este tipo de situaciones, nunca se puede dejar espacio a la improvisación.

Esta vez en Pinar del Río se registraron acumulados superiores a los 200 milímetros de lluvia, incluso hubo municipios como San Juan y Martínez que tuvieron más de 300 en su zona residencial. El resultado, zonas inundadas en las que nunca antes el agua había crecido a más de una cuarta sobre el piso. El cambio climático hace de las suyas, pero el ser humano también.

Por eso, los ejercicios Meteoro deben preparar a la población y a sus fuerzas, pero deben también, como nunca, servir para dejar limpios drenes y desagües, y para identificar dónde puede haber una vulnerabilidad, porque se trata, sobre todo, de ir delante de los problemas.

Pinar del Río dispone de 12 centros de gestión para la reducción del riesgo de desastres y 59 puntos de alerta temprana. Sin embargo, estas fortalezas no son nada si no somos previsores y disciplinados.

Sí, disciplinado, porque bien sabe un vueltabajero que la corriente de un arroyo manso te enreda en una «palizada» y te lleva aguas abajo, y que cuando dice a llover constante, es cuestión de minutos que suba el Cuyaguateje e interrumpa el paso hacia Guane por Isabel Rubio.

No hay mejor clase que la de la experiencia, y este año, cuando acá llovía de forma torrencial, no fueron pocos los que recordaron que 40 años atrás, justamente en igual fecha, el ciclón Alberto dejaba una ola de destrozos y de tristeza en todo Pinar del Río.

Entonces, ahora que la temporada ciclónica apenas comienza, y promete ser activa y brava, no está de más tener bien cerquita los sacos de arena que se colocan sobre los fibros del techo, las telas de tapado que amarrándolas al piso usan los campesinos para asegurar las cubiertas de sus casas, las piezas de madera que refuerzan puertas y ventanas y, lo más importante, ese amasijo de certezas que no permite a un pinareño andar desprevenido desde que Rubiera aparece en el «Estelar» siguiendo la pista de algún chubasco traicionero. 

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