Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Un llamado a todos los cubanos

Autor:

Yusuam Palacios Ortega

 

Nos convoca la historia redentora del pueblo cubano, la sangre derramada por tantos hijos valiosos de la patria que murieron por verla libre, independiente y soberana. Nos convoca un ideal de lucha, sacrificio y consagración patria. Nos convoca un sentimiento de amor muy profundo a la porción de humanidad en que nos tocó nacer, a nuestros símbolos que son santo y seña de lo que somos, lo que aspiramos, lo que nos define como cubanos.

Nos convoca el presente llameante y dueño del drama terrible que vive la humanidad, que a todos nos afecta. El peligro de una guerra mundial es inminente, las muertes de niñas y niños representan una puñalada al futuro, el desastre acude de inmediato a la voz de mando del orden imperialista que adopta una expresión totalmente desalmada, inhumana y voraz. Es un nuevo fascismo, es un genocidio permanente, es el peor de los atentados a la humanidad.

Nos convoca el tiempo futuro, porque tenemos fe en que ha de ser mejor, porque tenemos motivaciones suficientes para pelear por aquello que amamos, por lo que es nuestro, por lo que hay que preservar y mantener a buen resguardo, por la vida, la paz, la justicia, la libertad, el respeto de unos a otros, la dignidad humana.

No son tiempos estos para acoquinarnos, para contemplar pasivamente lo que está ante nosotros, para bajar la cabeza como avestruces y mucho menos para colgar la espada. ¡Eso nunca!, la patria no nos lo perdonaría. No son tiempos de ingenuidades, de infantiles actitudes, de actuar como si no pasara nada, de ver las bombas caer y mirar al costado. No son tiempos para mirar la atmósfera sino el subsuelo. Hay un peligro que toca nuestras casas, la casa grande de todos los cubanos. ¿Nos va a sorprender complacientes, en las nubes, dejando el hilo correr sin sostener el carretel?

Se trata de salvar a Cuba, de salvar a nuestras familias, de salvar un proyecto de vida donde el humanismo es premisa fundamental; pero para lograrlo debemos unirnos ante la amenaza que cae sobre nosotros. El imperialismo se desata, no pensemos que es incapaz de hacer lo que vocifera, preparémonos para enfrentarlo. Ejércitos en fila, batalla preparada, pero en todos los escenarios. Como en las casas de Pompeya pongamos el perro a la puerta. Como nos enseñó Martí: plan contra plan. El enemigo de la Revolución no mide consecuencias, el césar de turno del imperio falaz y mentiroso se ha dirigido a Cuba con palabras amenazantes, indignantes, irrespetuosas. Y aun así hay quienes prefieren vendar sus ojos y taponear sus oídos.

Se escuchan voces de guerra, esas son las del imperio estadounidense, sus aliados falderos, terroristas y mafiosos; y el eco venenoso llega a seres desprovistos de un alma buena que piden invasión para Cuba con una naturalidad escalofriante ¡Cómo indigna saber de cubanos que quieren ver morir a otros cubanos! Esos no deberían ser llamados nuestros; son como los voluntarios que pidieron sangre para los estudiantes de medicina en 1871.

Hoy solo es honrado luchar, pero unidos, es imprescindible formar un gran frente común donde estén todos los cubanos dignos, de aquí y de allá, de cerca y de lejos. Todos los cubanos, en cada rincón del mundo, dispuestos al sacrificio por la patria. No podemos perder tiempo, esta es la hora de la lucha arraigada en las tradiciones, los símbolos, la identidad nuestra.

Esta es la hora del deber y como el poeta cantor hoy mi deber era (es) cantarle a la patria, alzar la bandera y sumarme a la plaza. Es la hora de movilizarnos con las armas del juicio, con el espíritu público del que nos habló Félix Varela que ha de ser espíritu patriótico, con la fórmula del amor triunfante de Martí, con la vergüenza de Ignacio, el ímpetu de Céspedes, la intransigencia de Maceo, con la grandeza de nuestras mujeres, con la guía de Fidel.

Cubanos, dondequiera que estén, si aman a Cuba, si son patriotas, súmense al llamado a la unidad que hace la patria. Nuestra migración patriótica ha de cerrar filas y andar en cuadro apretado por Cuba y para Cuba. Hay que movilizar todas las fuerzas y sensibilizar corazones. La guerra de odio que nos hace el imperialismo chocará con murallas muy fuertes, de amor y conciencia, de decoro y dignidad. Pero para vencer, la unidad es factor esencial.

¡Ni zanjoneros ni plattistas, ni anexionistas ni fascistas! La patria por encima de todo, ¡Cuba no está sola!, y como el Apóstol en su Lectura en Steck Hall mantenemos la convicción de no cejar en el empeño (no ya de hacer libre y próspera a la patria) sino de mantener su independencia y soberanía; «…se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila».

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