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En el camino de la luz

Cuando un estudiante entra a ese templo de sabiduría que es la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), debería saber que esos libros y estantes fueron el resultado del esfuerzo de muchos intelectuales cubanos

Autor:

Lisbeth Moya González

Cuando un estudiante entra a ese templo de sabiduría que es la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM), debería saber que esos libros y estantes fueron el resultado del esfuerzo de muchos intelectuales cubanos. Y cuando se sienta a leer en los amplios salones y escudriña en los archivos, debería tener en cuenta que hace casi 120 años, en medio de un período de ambigüedad política como fue la intervención norteamericana, un grupo de intelectuales independentistas dio la pelea para que con la República nacieran instituciones como esa que rescataran nuestro pasado.

Así surgió, el 18 de octubre de 1901, la raíz de lo que conocemos como Biblioteca Nacional José Martí, guardiana de nuestro tesoro documental, bibliográfico, artístico y sonoro: la institución que hoy funge como rectora del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas Cubanas, con 387 dependencias en todo el país.

La gran colección que conocemos comenzó a partir de una donación de su primer mentor, Domingo Figarola, quien desde el local que al principio se le asignó, una pequeña nave del Castillo de la Fuerza (sin libros, estantes, ni bibliotecarios) inició desde cero este proyecto, e incluso fundó, en 1909, su prestigiosa revista.

La BNJM no contó con edificio propio ni recursos hasta que en 1936, Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964) ideó la Asociación de Amigos de la Biblioteca Nacional. Así empezó la campaña que finalmente logró impulsar su construcción y se promulgó, el 21 de marzo de 1941, la Ley No. 20, que establecía un impuesto de medio centavo sobre cada saco de azúcar para la edificación y financiación del inmueble que por iniciativa de Don Fernando Ortiz, llevaría el nombre de nuestro Apóstol, José Martí.

Cuando le preguntamos a Omar Valiño, actual director, en qué podría mejorar la BNJM a la luz de estos tiempos, afirmó: «¡En todo!».

En una situación excepcional, como la que enfrenta hoy el mundo con la pandemia de la COVID-19, la Biblioteca se ha visto obligada a cerrar, pero Valiño hace saber que los servicios «no variarán un ápice por la Tarea Ordenamiento que, en modo alguno, los afectan o transforman».

—¿Cuáles actividades e iniciativas propone la Biblioteca Nacional José Martí en 2021, en el contexto del aislamiento social?

—A lo largo de 2020 y en lo que va de 2021, la Biblioteca se ha movido con más énfasis a las redes y los espacios virtuales. A través de ellos se promueven lecturas de distinto tipo para niños, jóvenes y adultos, así como materiales de la institución y de su rica historia. También se divulgan investigaciones y conocimientos en general, entre ellos los de corte científico relacionados con la bibliotecología y las ciencias de la información. Se significaron asimismo numerosos análisis y homenajes a períodos históricos y personalidades, porque cumplían aniversarios cerrados.

«Estamos trabajando para mejorar la disponibilidad de la biblioteca digital para nuestros usuarios en línea, además de en nuevos sitios para las revistas y publicaciones de la Biblioteca, así como una nueva plataforma destinada a la niñez».

—¿Qué se propone aportar a la Biblioteca Nacional como director?

—Hacer lo más funcional posible su trabajo y sus servicios. Acentuar su condición de gran centro de la cultura en toda su amplitud. Y posicionar su enorme importancia desde la labor cotidiana. Ello vale, igualmente, como objetivos para cada biblioteca del país.

—¿Qué rol juega la Biblioteca Nacional dentro del ámbito académico, intelectual y comunitario?

—Aparezca o no su nombre en cientos de producciones académicas e intelectuales de cualquier perfil, la Biblioteca está en ellas, porque algo, al menos, cuando no mucho, provino de los fondos de esta majestuosa edificación. O de los aportes que cónclaves científicos y culturales, publicaciones e investigaciones subrayaron.

«El ámbito comunitario lo trabajan con mucha pasión y efectividad nuestras instituciones del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas. Aquí precisa de nuevos impulsos, sobre todo a través de la biblioteca circulante, del incremento de las acciones culturales dentro de nuestro recinto y del trabajo con un amplio espectro de público. La pronta terminación de la Sala Eliseo Diego para niños y jóvenes, además de las inversiones en curso en otros espacios de la institución, van a facilitar dicho crecimiento».

Hoy la Biblioteca Nacional vuelve a salir de sus estantes para llegar digitalmente hasta nosotros. En su inauguración, el 21 de febrero de 1958, en el lugar donde todavía se muestra imponente, Don Fernando Ortiz afirmó: «La Biblioteca Nacional estuvo hasta hace días en el Castillo de la Fuerza, que España construyó en el siglo XVI para defender su dominio contra los piratas del exterior. Auguremos hoy que este edificio de la Biblioteca de Martí sea un nuevo Castillo de la Fuerza desde donde la nación cubana pueda contra sus enemigos de toda laya, defender su civilización, su República y su libertad». Poco más de seis décadas de aquellas palabras, ese recinto no ha extraviado la luz que guía ni el camino.

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