S.O.S. clima y energía (Segunda Parte)

Cortar drásticamente las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, desterrar el modelo consumista y los estilos de vida no respetuosos de la naturaleza y sus límites, son las principales vías para mitigar el cambio climático

Autor:

Juventud Rebelde

Para llamar la atención sobre el calentamiento global y el cambio climático, no hace falta emplear un lenguaje catastrofista al estilo de filmes como El día después de mañana o una visión realista que raye en lo apocalíptico como en el documental Colapso. Es fácil comprender que los impactos de la actividad humana sobre el medio ambiente podrían ser devastadores.

Los impactos

«Nuestro sistema climático está en problemas. Se ha calentado 0,7 grados Celsius (ºC) en los últimos cien años… Un aumento de temperatura de 2ºC implica riesgos inaceptables para los principales sistemas naturales y humanos… es una peligrosa interferencia con el sistema climático». Esto fue escrito por W. L. Hare, científico del Instituto Postdam para Investigaciones del Impacto Climático en el artículo A safe landing for climate, publicado en el libro State of the World 2009 del Worldwatch Institute.

Los escenarios presentados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC en inglés), prevén una elevación de la temperatura media global de 1,1 a 6,4ºC y del nivel del mar de 18 a 59 centímetros durante el actual siglo. El aumento del nivel medio del mar se debe fundamentalmente a la «expansión térmica de los océanos», que ocurre por la dilatación sufrida por el agua al aumentar la temperatura media global. Uno de los impactos de la elevación del nivel del mar será que las regiones costeras más bajas quedarán bajo el agua. Los pequeños Estados insulares son particularmente vulnerables al incremento del nivel del mar y de hecho ya sufren las consecuencias de este fenómeno que está provocando la desaparición de pequeñas islas en el océano Pacífico, erosión de la franja costera y pérdida de terrenos cultivables. El riesgo real de desaparición que enfrenta el archipiélago de Las Maldivas, es un ejemplo de lo que podrían sufrir estos territorios. Se prevé también que se afecten extensas áreas en Bangladesh y parte de la península de Florida quedaría bajo las aguas. El archipiélago cubano también sufriría las consecuencias de la elevación del nivel del mar, agravadas en situaciones de afectación por ciclones tropicales.

Un aumento de 1,5 a 2ºC de la temperatura media global podría provocar el retroceso de algunos glaciares. Los glaciares de los Andes podrían desaparecer y las mundialmente famosas nieves del Kilimanjaro, en Tanzania, ya han retrocedido un 75 por ciento desde 1912. Cientos de millones de personas estarían en riesgo debido a la falta de agua en zonas de África, Asia y América Latina. A 2 000 millones se elevaría la cifra de personas afectadas por la carencia de agua, si la temperatura media a escala planetaria supera los 2,5ºC. En lo referente a la salud humana, una elevación de temperatura de 2ºC ocasionaría un incremento de enfermedades cardiovasculares, diarreicas e infecciosas. La mortalidad debida a eventos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes también se incrementaría. Por otro lado, enfermedades como la malaria, el dengue, la encefalitis y el cólera, comunes en zonas tropicales, se «instalarían» en otras zonas geográficas a medida que los agentes transmisores se desplacen hacia esas áreas y aumenten los ritmos de contagio. El cambio climático podría exacerbar los problemas debidos a la calidad del aire, agravando enfermedades respiratorias y trastornos alérgicos.

Debido al calentamiento global, hasta el 60 por ciento de los arrecifes coralinos podrían perderse para el 2030. Con ellos se perdería el efecto protector que proporcionan a las costas contra el daño ocasionado por las tormentas, entre otros muchos beneficios brindados por este ecosistema, cuyo alto valor es solo comparable al de los bosques tropicales.

El aumento de la temperatura global y las alteraciones en los patrones históricos de lluvias, traerán como consecuencia que muchos ecosistemas cambien afectando la vida silvestre y llevando al límite a especies en peligro de extinción. La agricultura será fuertemente afectada por los cambios en los regímenes de precipitación y en la disponibilidad de agua para el regadío. Esto acentuará la ya delicada situación alimentaria mundial. La intrusión salina provocada por la penetración del agua salada en los acuíferos debido al incremento del nivel del mar, afectará la disponibilidad de este vital recurso y provocará la acidificación de tierras que dejarán de ser cultivables. Esto también podría afectar considerablemente la producción de alimentos.

En las latitudes altas, el suelo o roca, junto con el hielo y la materia orgánica que contienen, permanece a un máximo de 0ºC. Esto se conoce como «permafrost». Cuando el permafrost se derrite se desprende metano, un Gas de Efecto Invernadero (GEI) 21 veces más potente que el CO2. El calentamiento global está provocando el derretimiento acelerado del permafrost en el hemisferio norte, lo que a su vez aumenta la concentración de GEI en la atmósfera.

«Descarbonizar» el modelo energético

Cortar drásticamente las emisiones de GEI, desterrar el modelo consumista y los estilos de vida no respetuosos de la naturaleza y sus límites, son las principales vías para mitigar el cambio climático. El actual modelo energético sustentado en el uso de los combustibles fósiles, debe ser cambiado desde sus cimientos y renunciar a la creencia de que el crecimiento económico ilimitado es viable.

Para «descarbonizar» el modelo energético (reducir drásticamente el carbono incorporado a la atmósfera) es necesario utilizar portadores de energía de muy bajo o ningún contenido de carbono como el viento. Se pueden emplear también portadores energéticos que no incorporen carbono neto a la atmósfera como la biomasa cañera o forestal. Debemos asegurarnos de minimizar la cantidad de carbono que llega a la atmósfera, captándolo o retirándolo de esta mediante la forestación y reforestación. Ello permitiría primero estabilizar la concentración de carbono en la atmósfera y después reducirla hasta valores que no supongan un peligro para la estabilidad del clima. Si la temperatura media global sube más de 2ºC podrían ocurrir cambios climáticos irreversibles, y ello sucedería de superarse una concentración de CO2 equivalente en la atmósfera de 450 ppmv (partes por millón por volumen). Hoy es de unas 379 ppmv y ha venido creciendo anualmente a razón de casi 2 ppmv en los últimos años.

La humanidad dispone de las soluciones tecnológicas y del conocimiento necesario para descarbonizar el modelo energético actual. Se podría garantizar la cobertura total de servicios energéticos modernos y el acceso a estos de los 1 600 millones de personas que aún no disfrutan de ellos.

Las fuentes renovables de energía, derivadas de la captación directa e indirecta del flujo solar, son un componente esencial del «paquete de soluciones tecnológicas». Las tecnologías existen y muchas de ellas están en fase de implementación comercial. Otras se estudian aceleradamente. El potencial de aprovechamiento de estas fuentes es inmenso y su uso permitiría cubrir todas las necesidades energéticas.

En su informe [R]evolución Energética. Una perspectiva energética mundial sostenible, la organización ecologista internacional Greenpeace perfila el camino hacia un nuevo modelo energético con aporte mayoritario de las fuentes renovables de energía. Greenpeace insiste en la necesidad de cambios estructurales en el sistema energético, incluyendo producir la electricidad más cerca de los consumidores con unidades generadoras de más pequeña potencia. Democratizar no solo el acceso universal a los servicios energéticos, sino además la toma de decisiones, es también parte de las soluciones.

La Agencia Internacional de Energía plantea que la eficiencia energética es un factor clave para estabilizar las concentraciones de GEI en 450 ppmv de CO2 equivalente hasta el año 2030. Las medidas organizativas y tecnologías de eficiencia energética permitirán reducir en 54 por ciento las emisiones de GEI. El uso de fuentes renovables y biocombustibles reducirían las emisiones en 23 por ciento, mientras que la Captura y Secuestro de Carbono, una tecnología aún en fase de desarrollo, y la energía nuclear, una opción controvertida pero introducida a escala comercial, mitigarían las emisiones en 14 y nueve por ciento, respectivamente.

Personalidades de todos los sectores se muestran preocupadas por la «emergencia planetaria» que vivimos. El Papa Benedicto XVI ha dicho: «Todos somos responsables de la protección del medio ambiente. Esta responsabilidad no conoce fronteras… Ya no podemos prescindir de un verdadero cambio de perspectiva que dé lugar a un nuevo estilo de vida». Hay que cambiar radicalmente percepciones y actitudes hacia el uso de la energía, creando un capital humano con nuevos conocimientos, habilidades, compromisos y motivaciones sobre el ahorro de energía, mediante una educación energética para el respeto ambiental. En una entrevista a Joaquim Sempere, autor del libro El final de la era del petróleo barato, este expresó: «Hay que aprender a vivir satisfactoriamente con menos energía y con menos objetos… Lo más razonable es el ahorro de energía acompañado de aumentos en la eficiencia de las máquinas y los procesos productivos».

El escritor uruguayo Eduardo Galeano nos dio una imagen de la escalofriante degradación ambiental mundial cuando escribió: «Se pelan los bosques, la tierra se hace desierto, se envenenan los ríos, se derriten los hielos de los polos y las nieves de las altas cumbres. En muchos lugares la lluvia ha dejado de llover, y en muchos llueve como si se partiera el cielo. El clima del mundo está para el manicomio».

Resolver la «emergencia planetaria» demanda de un nuevo modelo energético global basado en la descentralización y la eficiencia, el uso de las fuentes renovables de energía y la educación y solidaridad energética.

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