Guillermo Cabrera Álvarez

La tecla del duende

Tercer final

He leído excelentes finales de Refugio, la propuesta presentada por GreteTell, y decido por Dawuyessi Sánchez Cala, de Morón, Ciego de Ávila. Leamos:

... uno, dos, tres minutos... y encontré mi refugio y la vida perfecta con gente perfecta, alfombras que decoran la casa, finas mantas que cubren mi cuerpo, ardiente fuego que calienta la piel y una tapicería enjaulando a mi pecho. Sentí entonces el vacío profundo de quien lo tiene todo y no tiene nada, me vi solo, recordando su ausencia; el frío me heló hasta los huesos, miré en mi espejo y entre tanta corteza disimulé el desnudo de la pobreza del alma. Lloré, gemí, clamé por ella tantas veces que...

...uno, dos, tres minutos... desperté de ese sueño muchas veces anhelado, corrí a su encuentro como por vez primera y allí estaba ella, mi luna, mi estrella, extendió su mano sin pestañar siquiera y me enseñó el rocío, el sol, el ocaso y dijo entonces entre pena y tristeza: «No sé qué hubiera pasado si tú no volvieras»... imploré perdón al cielo y me creí el más dichoso de la Tierra. Aún conservaba mi tesoro: Ella.

Graffiti

Cara: Tu amor tocó mi alma porque siempre estás en mí. No me dejes despertar de este sueño que es amarte. Caro

Niña: A pesar del tiempo, mis ojos lloran tu recuerdo mientras Polito y Varela cambian mis musas por tu risa. Siempre Yo

Tema de octubre

Propongo que el tema de las tertulias del mes de octubre sea ¿cómo se enamoraron tus padres? ¿Ellos te han contado? Pregúntales y cuéntanos.

Cuatro estaciones

Un hombre tenía cuatro hijos. Quería que ellos aprendieran a no juzgar las cosas superficialmente. Envió a cada uno a ver un árbol de peras, situado a gran distancia.

El primer hijo fue en Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el más joven en Otoño.

Los reunió y pidió a cada uno describir lo visto.

El primer hijo comentó que el árbol era horrible, doblado y retorcido. El segundo negó, porque estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas. El tercero discrepó: estaba cargado de flores, tenía un aroma dulce y se veía muy hermoso, lleno de gracia.

El último no estuvo de acuerdo con ninguno, él dijo que estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.

El hombre explicó a sus hijos que todos tenían razón, porque cada cual había visto una de las estaciones de la vida del árbol. Agregó que no deben juzgar a un árbol, o a una persona, por una de sus temporadas.

Si te das por vencido en invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño.

Regalo de jueves

No dejes que el dolor de alguna estación destruya la dicha del resto. Persevera en las dificultades y malas rachas. Mejores tiempos vienen por delante.

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