Raiko Martín

Tiempo extra

Paciencia

La incursión cubana en la cita universal fue —si es que era necesaria— la prueba más contundente de que el voleibol femenino cubano roza mínimos que hace algún tiempo parecían imposibles. En tierras italianas, donde en pocos días bajará el telón del convite ecuménico, las cubanitas apenas pudieron ganar un set en sus cinco presentaciones, para terminar entre las cuatro últimas del listado de 24 selecciones participantes.

Visto así, claro que la actuación huele a catástrofe. Para cualquiera con el más elemental conocimiento de la historia de este deporte, resulta cuando menos escandaloso ver a elencos como Túnez o ¡Camerún! por delante de la escuadra cubana. Sin embargo, no es más que el lógico desenlace de un proceso sumamente accidentado, en el que jugadoras sin el nivel y la madurez suficientes terminaron asumiendo roles protagónicos.

Sin dudas, algo no hemos —no es plural de modestia, porque el asunto implica a muchos— hecho bien. ¿Qué? Pues en primer lugar, conciliar a tiempo intereses individuales con proyectos colectivos, evitar el desencanto, lograr en las filas de la selección absoluta un relevo generacional pensado y estructurado, como única vía fiable para conservar los gloriosos resultados de antaño. Y si a eso se le une un precario trabajo de base, no es de extrañar que de la estela construida con tres títulos olímpicos y varios cetros mundiales quede apenas la añoranza.

Algunos equipos que hoy celebran en tierras italianas tuvieron a nuestras Morenas del Caribe como referencia, y es hora de mirar hacia ellos sin complejo. República Dominicana, por ejemplo, que empezó a crecer de la mano de nuestros técnicos, acaba de ocupar el quinto puesto del Mundial gracias a un trabajo sostenido en el tiempo, sumando figuras poco a poco, moldeándolas aquí y allá, explotando todas sus potencialidades. Pero es una faena de muchos días, de muchos meses. Incluso, de muchos años.

Para regresar a la élite solo existen dos vías con plazos dispares, pero visto que iremos por el camino más largo, será imprescindible trabajar con una precisión quirúrgica, pero sobre todo con absoluta coherencia. Y eso implica también ser portadores de una soberana paciencia.

Mirado desde otro ángulo, el presente año también ha dejado un saldo positivo. La Federación Cubana ha iniciado un proceso de reconstrucción desde los cimientos, y las clasificaciones a varios campeonatos mundiales de categorías inferiores en ambos sexos parecen un buen comienzo. Pero insisto, el camino es largo.

Es casi un consenso de que la única forma de acelerar el crecimiento de nuestros mejores voleibolistas es jugando al máximo nivel, pero lamentablemente hoy muy pocos —creo que me sobrarían los dedos de una mano— de los que se mantienen «en el barco», estarían en la mira de las principales ligas del planeta. Y eso complejiza aun más el soñado regreso a la gloria.

Pero, la historia lo ha demostrado, en algún momento lo estarán. Habrá que estar preparados para ese día, porque ya sabemos dónde están las piedras, y de nada serviría cualquier empeño si volvemos a chocar con ellas.

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