Quince cualidades de Fidel enraizadas en su pueblo

Con la visión de quien ha pasado largas jornadas a su lado, el canciller Felipe Pérez Roque desgrana una personalidad impresa en la Revolución

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Foto: Omara García Mederos, AIN

«No solo seguiremos luchando por las ideas y los sueños a los que Fidel ha dedicado su vida, sino que lo haremos con él al frente de nuestro pueblo», aseguró el canciller Felipe Pérez Roque ante quienes, durante el Coloquio Internacional Memoria y Futuro: Cuba y Fidel, habían dicho «las palabras que yo no podría» y en muchas ocasiones —confesó— «nos han hecho un nudo en la garganta».

Dejando fluir «el torrente, los sentimientos» —y sin pretender un ensayo académico, advirtió—, Pérez Roque habló como lo habría hecho cualquier cubano y enumeró 15 cualidades de Fidel que su actuación ha sembrado en nuestro pueblo y en la Revolución. Ideas que, «cuando él y los hombres de su generación no estén, nosotros tenemos la convicción de que nuestro pueblo habrá hecho para siempre suyas».

«Ese es nuestro regalo mayor a Fidel: defender y combatir cada día de nuestra existencia por esas ideas».

Mencionó, en primer lugar, el concepto de Fidel de la unidad, aporte que Felipe identificó como centro y brújula de la acción de nuestro pueblo, y condición básica para la defensa y la sobrevivencia de una revolución; incluso, señaló, «para el triunfo de una idea».

La Revolución Cubana, abundó el Ministro del Exterior, se ha mantenido victoriosa porque supo defender la unidad, y solo podrá defenderse en el futuro si la conserva. Recordó que otras revoluciones se perdieron, precisamente, porque faltó la unidad en el momento culminante.

La unidad en Cuba es aporte, especialmente, de las ideas de Fidel; resultado de un proceso íntimamente vinculado a su personalidad. Dondequiera que haya uno de nosotros, señaló refiriéndose a los cubanos, estará propugnando siempre la unidad.

En segundo lugar citó la ética, que tiene raíces en el pensamiento de Martí. Pero es la práctica de Fidel, aseveró, lo que la convierte en cualidad imprescindible de la Revolución Cubana. No se asume jamás la idea de que el fin justifica los medios: no se puede lograr el objetivo o la victoria a cualquier precio.

Por eso, explicó, no se ha torturado nunca en Cuba a un prisionero, aun cuando su información hubiera podido evitar otros crímenes. Nadie recuerda nunca que se permitiera, se estimulara o tolerara la idea de la tortura o el asesinato como método de lucha.

La ética hizo a los revolucionarios hacerse querer, contó Pérez Roque, al evocar que los combatientes de la Sierra no confiscaron bienes a los campesinos, y aun siendo un ejército hambriento, les pagaban lo que les pedían para su sustento.

Otro aporte de Fidel a la Revolución es la idea de que se pierde la autoridad moral si falta la ética en la actuación, apuntó Felipe. Se le pueden llevar a Fidel propuestas de cómo actuar, pero se sabe que si se le propone salirse un milímetro de los principios se tendrá una negativa.

El desprendimiento de Fidel por las cosas materiales, los homenajes y las vanidades de los que todos, se dice, llevamos algo dentro, fue la tercera cualidad identificada por Pérez Roque como postulado sembrado por el líder cubano en nuestro pueblo.

Ello alcanza en Fidel categoría de cualidad esencial: no solo es su conducta casi espartana y total ausencia de vanidad. Es cualidad esencial de la Revolución Cubana materializada en una solidaridad internacionalista que no se basa en dar lo que sobra sino en compartir lo que se tiene sin pedir nada a cambio, dijo Felipe.

Eso, comentó, explica la presencia aquí de muchos de los asistentes. Por eso hemos defendido como pueblo la idea de que vale más la dignidad e independencia que las cosas materiales, y no hemos negociado el derecho a ser libres para que nos levanten el bloqueo. Es el resultado esencial del magisterio y el aporte de Fidel.

Citó luego una coherencia que no se observa solo en el mantenimiento de sus ideas a lo largo de los años, sino en la coherencia de los principios. Nunca un diplomático cubano ha tenido que defender una causa en la que no cree o un principio con el que no esté de acuerdo; nunca ha tenido que pasar la amarga experiencia que vemos a diario en otros diplomáticos de tener que decir: «Perdóname, no estoy de acuerdo con lo que me mandaron decir».

Los principios por encima de los intereses y la coherencia, anotó Felipe, han sido en Cuba «razón de Estado».

PREDICAR CON EL EJEMPLO

El ejemplo personal fue el quinto atributo de Fidel mencionado por el Canciller. «No se puede pedir a la gente lo que uno no está dispuesto a hacer antes».

No hay un dirigente cubano que no esté cortado con esas tijeras, señaló, y no entienda que los jefes han de ir delante y solo tienen derecho a más sacrificio. El único derecho que puede dar un cargo o una militancia, es el derecho a más sacrificio.

Por eso, recordó, no ha habido en Cuba un combate, un huracán, o un trabajo donde Fidel no estuviera, salvo las misiones internacionalistas, pues no tuvo el privilegio del Che de poder salir del país.

La autoridad que emana de ir delante y dar el ejemplo, señaló, es un aporte de Fidel.

Esa cualidad llevada a todos los actos de la vida ha sido una de las razones de la autoridad de Fidel en Cuba y del cariño del pueblo por él, aseveró Pérez Roque.

En sexto lugar citó la verdad, que identificó como el arma, la condición para ser respetado. No aceptó Fidel, en cierta ocasión, la propuesta de que se dijera parte de ella. Cuando no se dice toda la verdad es una media verdad, alegó el Comandante en Jefe.

Por eso, afirmó Felipe, nunca el enemigo ha podido decirnos: usted miente. Nunca la Revolución ha tenido que reconocer una mentira.

También es cualidad personal de Fidel trasladada a la política y la práctica revolucionaria, la sensibilidad. Recordó Felipe la medianoche en que, siendo entonces su joven e inexperto ayudante y abrumado por la hora y porque no menos de 30 visitantes querían reunirse con Fidel — quien no había ingerido alimento en todo el día por el mucho trabajo—, le propuso posponer las citas y descansar. Solo le quedaba el ex primer ministro canadiense Pierre Trudeau. Cuando Fidel supo de su presencia en la Isla defendió reunirse con él; su ayudante le dijo que se trataba de un «ex primer ministro». La respuesta fue aleccionadora: No me interesan los cargos, sino los hombres. Es más: me interesan más los hombres cuando no están en los cargos.

SIN ESPACIO PARA LA DERROTA

La modestia y ausencia total de vanidades fue el otro atributo mencionado. Es la causa de que Fidel use, en lo esencial, el mismo uniforme. Por eso, señaló, no hay una condecoración en su pecho. Fidel ha hecho de esa modestia y falta de vanidad, una aspiración para nosotros, confesó Pérez Roque.

Por eso también su grado es el que tenía en la Sierra y el pueblo le dice Fidel, que es como más cómodo él se siente: no cuando le citan los cargos. Se ha enfrascado en una discusión profunda sobre medio ambiente, por ejemplo, con el chofer de un auto o con el camarero de un hotel. Nunca ha creído en los «niveles», ni en los protocolos.

Aprender, como deber de un político revolucionario, es la otra enseñanza; una práctica que se observa en su curiosidad infinita y el afán de leer, causa de que siempre haya un libro en su auto y una pequeña lámpara, reveló. En Fidel, saber y estudiar es deber y no afición. Dondequiera que él esté, hay libros.

Identificó luego Felipe el rigor personal del líder de la Revolución Cubana y su aspiración a la perfección como deber y no como vanidad personal, pues muchas veces ha sido éxito anónimo del trabajo de otros compañeros. A veces lo que él hizo, no se sabe. Muchos de nosotros hemos sido testigos de esa aspiración a la perfección que no es ni será reconocida, dijo el Canciller. Rigor ejemplar de hacerlo bien porque es la manera de ayudar a la causa, lo que nos toca hacer.

En undécimo lugar mencionó el concepto de que la derrota no es tal mientras no es aceptada y se está en plena lucha para revertirla. Por eso, la idea de la derrota solo como capítulo temporal es cualidad que trasciende a Fidel. Si no creyéramos que la victoria es probable mientras se luche por ella, no estaríamos aquí, aseveró. Fidel nos ha enseñado que siempre existe la posibilidad de revertir una derrota temporal.

La aspiración a la justicia para todos, que para Fidel no tiene fronteras y la ha convertido en causa universal; la fuerza de las ideas con la convicción martiana de que «una idea justa desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército», fueron las otras cualidades desgranadas por Felipe con la sencillez y la admiración emocionada de quien conoce de cerca de un hombre que, como se ha afirmado en este cónclave, hace tiempo entró en la Historia.

Clave en su vida y ejecutoria ha sido también el sentirse siempre un ser humano. Ni el reconocimiento, ni el mito en que terminó siendo convertido por el acoso enemigo, ni su autoridad que emana del ejemplo; ni su experiencia, ni su conocimiento superior a los que le rodean, le han hecho dejar de sentirse un ser humano capaz de ponerse en el lugar del otro, señaló Pérez Roque.

Ese es el Fidel ser humano, dijo, que se impone la perfección para sí pero no es capaz de exigirla a los otros al grado de cometer una injusticia.

Por último, citó la ausencia total de odio hacia cualquier persona. Fidel solo tiene odio profundo hacia la injusticia, el hambre o la discriminación racial; pero no hacia las personas, aun si son sus enemigos: nunca se ha actuado en la Revolución Cubana llevados por el odio, ni siquiera para los traidores.

No quiero que esto se vea como un ensayo o una pieza académica, alertó Pérez Roque. Si tiene una virtud, es su honestidad total.

Los enemigos de la Revolución Cubana —que es decir los enemigos de la justicia, la verdad, la dignidad—, cuentan los minutos esperando y deseando la muerte de Fidel, sin comprender que Fidel ya no es solo Fidel; que Fidel es su pueblo y, a fin de cuentas, todo hombre y mujer que en el mundo esté dispuesto a luchar y luche porque un mundo mejor sea posible.

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