Un hombre que no claudica

El reconocido humorista gráfico, periodista y crítico de arte español es uno de los tantos intelectuales que defiende la causa de los Cinco

Autor:

Julieta García Ríos

El caricaturista español en el año 2005 llegó hasta la sede de Juventud Rebelde para saludar a colegas y amigos. De izquierda a derecha: Tomy, Angélica Carmenate, (esposa del entrevistado), Adán, Vázquez de Sola y Juana Carrasco. Es un hombre que no claudica. Convencido de que el artista, el intelectual, no puede ser neutro cuando de política se trata. Vive con dignidad los riesgos asumidos por causa de su militancia revolucionaria. No teme a las amenazas pues: «Más amenazado está el Tercer Mundo», dice.

No soportó al general Franco, ni la dictadura por este impuesta. Por tal motivo sobre el escritor, periodista, pintor y humorista gráfico español Andrés Vázquez de Sola pesan 30 años de exilio en Francia, a partir de 1959. En esa condición lo descubrieron y condujeron a la prisión de Ceuta, mientras viajaba ilegalmente a su propio país para realizar algunos reportajes con destino a Radio España Independiente, la emisora clandestina del Partido en que militaba.

En Francia trabajó en los periódicos Le Monde y L´Humanité y durante 20 años en la prestigiosa revista Le Canard Enchainé llegando a ser homenajeado por la UNESCO.

Relevantes humoristas gráficos del mundo, reunidos en Turquía, le concedieron el premio Nasreddin Hoca, el más importante que pueda recibir un dibujante en ese país. Además, ha sido galardonado con la Palma de Oro del Festival Internacional de Bordighera, en Italia.

Sus dibujos han sido publicados en Triunfo, Diario 16, El Mundo, El Independiente, Interviú y Mundo Obrero. Dos viñetas suyas publicadas en el Tribuna de Marbella provocaron que fuera procesado políticamente. Evadió la cárcel gracias a la campaña organizada a su favor por periodistas del mundo entero, quienes participaron en el proceso judicial.

Ahora es él quien convoca a la unión, como otros tantos intelectuales y amigos, en torno a la lucha por la liberación de los cinco cubanos antiterroristas, encarcelados desde 1998 en Estados Unidos.

Sensibilizado con la causa y para romper el silencio realizó hace un año su libro Los 5 en punto de... mira. Se trata de un excelente material donde textos e imágenes ofrecen contundentes argumentos sobre la sucia política estadounidense y la inocencia de Antonio, Fernando, Gerardo, Ramón y René.

Fue este uno de los motivos por los que, vía electrónica, nos comunicamos con Vázquez de Sola.

Sobre su relación con la Isla confiesa que en abril de 1961, durante la invasión norteamericana a Playa Girón, tomó conciencia de la trascendencia de la Revolución. «Entonces me presenté en la embajada cubana en París —olvidando por una vez mi beatífico pacifismo— para luchar como voluntario junto a ustedes.

«Es la Revolución Cubana quien nos ha devuelto la vida y la dignidad; la que nos permite mirarnos al espejo sin sonrojarnos», dice.

El dibujante ha manifestado en más de una ocasión su deseo de dar a Cuba todo cuanto tiene y es. Así nos comunica que ansía materializar la donación de una treintena de caricaturas donde refleja la imagen y el alma de artistas e intelectuales cubanos como el poeta nacional Nicolás Guillén, el novelista Alejo Carpentier y el caricaturista Wilson. Su intención es que las obras sean depositadas en un lugar público para que todo el que quiera las disfrute.

Este hombre de actuar consecuente afirma sentirse cubano sin dejar de ser español. Y para convencernos nos brinda detalles de su vida privada.

«Viviendo en París fui invitado por la Universidad a exponer algunas de mis obras en Cádiz. Allí conocí a una profesora de la Facultad de Economía de La Habana, Angélica Carmenate, becada, que realizaba su doctorado. Ambos amamos Cuba, ambos militamos en el Partido Comunista y nos casamos. Por cierto, ella, sin dejar de ser total y absolutamente cubana, también es hoy española y, como tal, concejala de Cultura y Educación en el Ayuntamiento de Monachil, donde vivimos, y directora, también de Cultura, en la Diputación Provincial de Granada. Y yo me pregunto: ¿si ella puede ser española sin dejar de ser cubana, por qué no puedo ser yo absolutamente cubano sin dejar de ser español?

—Usted ha sido jurado de la Bienal Internacional del Humor de San Antonio de los Baños, ¿cómo valora el humor gráfico cubano?

—Solo una vez he sido jurado en la Bienal. Espero ser invitado en alguna otra ocasión. Admiro profundamente a mis colegas cubanos, porque la dificultad con que nos enfrentamos en esta profesión es la de defender denunciando.

«Es decir, no podemos mostrar nuestro amor y nuestra adhesión hacia algo, sino nuestro rechazo a lo contrario. En este sentido los dibujantes cubanos saben dosificar y distinguir la crítica, siempre positiva, a los fallos burocráticos que se producen en Cuba, como en todas partes del mundo, con el combate sin piedad ante los crímenes del imperialismo.

«Pienso en Manuel, Miriam, Wilson, Tomy, Adán, Betanzos, Ares, Villamil... No puedo nombrarlos a todos, pero todos me inspiran una gran admiración. De hecho, he presentado con éxito exposiciones de sus dibujos, tanto en España como en Francia».

—No pocos lo critican por su adhesión al «régimen cubano» y consideran que eso enturbia su imagen de símbolo de la libertad. ¿Qué opina al respecto?

—Quienes critican mi amistad con los cubanos son los mismos que han vivido a la sombra del fascismo y aún hoy aceptan como buenas las decisiones y la política franquista, vitoreando a su heredero. Yo era libre en la cárcel franquista y soy libre defendiendo a Cuba.

—A los cubanos se nos ataca diciendo que en la Isla no hay libertad de prensa ni de expresión. Como periodista y humorista gráfico, ¿ha encontrado esa libertad en Europa?

—Necesitaría un espacio del que no creo disponer para poder contestar. En Cuba habrá —¿dónde no?— alguna restricción en la expresión de las ideas, sobre todo porque la convivencia nos obliga a ello: es decir, las normas de urbanidad y el escrúpulo de no ser justos al expresar nuestras opiniones, cuando no se ajustan estrictamente a la realidad.

«En Cuba yo he visto críticas puntuales al sistema y a la administración, como no se permiten en ningún país autollamado “democrático”. La gran diferencia es que en Cuba se critican hechos concretos, abusos de poder, errores subsanables, etcétera, sin ensañarse ni ridiculizar necesariamente a la persona, ni invadir su vida privada.

«No obstante, la noción de libertad —con minúsculas— es siempre relativa, y esa relatividad aumenta y se hace más patente cuando las condiciones son excepcionalmente adversas.

«En Cuba puede ser muy lesiva una expresión que en otro lugar pasaría inadvertida y, en cualquier caso, en este mundo de excesos, donde se condena a las patatas fritas o al champán porque un país, Francia —nada sospechoso de comunista— se niega a bendecir una guerra, es muy arriesgado hablar de libertad de expresión, si no que se lo pregunten a mis colegas del semanario El Jueves, procesado y secuestrado por un simple dibujo».

—La caricatura es un género bastante despreciado, incluso considerado un arte menor ¿cuál cree usted que sea la causa de ese criterio tan generalizado?

—La caricatura, la música, la pintura y la política son artes inferiores cuando quienes las practican lo son.

—¿Qué temas son más recurrentes en su obra y por qué?

—Mi obsesión, y en ello pongo todo mi empeño es popularizar la cultura, no como elemento decorativo del conocimiento, ni para hacer alarde de ella, sino por el gozo que proporciona, reservado en muchos casos a las élites. Por eso, intento ayudar a difundir la obra de los creadores que me emocionan y enseñan: haciendo partícipes de estas experiencias y sensaciones a quienes no han tenido otro acceso.

—La publicación de dos viñetas suyas en contra de la OTAN provocó que fuera procesado políticamente. ¿Podría darnos detalles de ese incidente? ¿Cómo evadió los seis años de prisión que le pedían?

—El pretexto fueron dos viñetas en las que, por falta de imaginación, utilicé elementos «ofensivos para el buen gusto». Pero en realidad, era por el total de los dibujos realizados para contrarrestar la propaganda desenfrenada del gobierno en pro de la OTAN. La definición de mi delito en las acusaciones del fiscal, fue menos explícita, pero no menos divertida. En cuanto a la petición de pena, pienso que el hecho de que cientos de periodistas del mundo entero solicitaran acceso para presenciar la vista, así como la campaña que se organizó a mi favor, hicieron el milagro.

—¿Guarda este hecho alguna relación con su apoyo a la libertad de los Cinco luchadores antiterroristas cubanos? ¿Por qué dedicarles un libro?

—La decisión de escribir y dibujar el libro fue tomada por unanimidad por el Comité Andaluz de Solidaridad con Cuba del que formo parte, y para mí fue un honor aceptar. Lo realicé en menos de una semana, pensando que cada día, cada hora, cada minuto, cuentan en la vida de un preso y en la de su familia.

—¿Le molestaría que artistas de otras partes del mundo retomaran su idea?

—Todo lo contrario, en un poema César Vallejo dice que si todos los hombres de la tierra se reunieran en derredor de un cadáver y le pidieran que volviera a la vida, el cadáver se levantaría... Si todas las personas de buena voluntad gritaran exigiendo la libertad de los Cinco y la de todos los concentrados en la base naval de Guantánamo, el mundo, al fin, se vería libre de cadenas.

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