No se puede exigir a Cuba lo que no se exige a otros

Lothar Mark, diputado socialdemócrata en el Parlamento alemán, refiere a JR impresiones de nuestro país y aborda la actualidad en Alemania

Autor:

Luis Luque Álvarez

Foto: Juan Moreno Para el diputado socialdemócrata alemán Lothar Mark, el bloqueo estadounidense contra Cuba es un tema «con el que lidio hace mucho tiempo». Y las leyes Torricelli y Helms-Burton, que refuerzan esa práctica hostil, son claramente «violaciones del derecho internacional de comercio».

Mark, encargado de las relaciones con América Latina por la fracción del Partido Socialdemócrata (SPD) en el Bundestag (Cámara Baja del Parlamento germano), visitó la Isla, por invitación de la Asamblea Nacional, entre el 2 y el 5 de noviembre. Y cosechó satisfacciones.

«Estoy impresionado con el clima de mejoramiento de los nexos entre nuestros dos países. Además, visité el Instituto Oftalmológico Ramón Pando Ferrer, y aprecié el alto nivel científico alcanzado en ese campo de la Medicina.

«Es grato saber a cuántas personas, de distintas partes del mundo, se les ha salvado la vista. Pese a la situación que atraviesa Cuba por el bloqueo de EE.UU., aun así le quedan recursos y deseos de ayudar a otros países».

—Sé que usted esbozó una posición muy crítica hacia el reciente discurso del presidente Bush contra nuestro país...

—Correcto. Formo parte del grupo de quienes personal y políticamente condenamos esta posición del presidente Bush respecto a Cuba. Creo que ese no es el comportamiento adecuado de una potencia mundial hacia otro país.

—Igualmente, usted ha enviado misivas al gobierno de EE.UU. para exigir que se haga justicia en el caso de los cinco antiterroristas cubanos presos allí.

—Como diputado, suelo utilizar las vías parlamentarias. Envié cartas a colegas en el Congreso de EE.UU., pero lamento no haber tenido ninguna reacción de su parte. Si ellos me formularan una petición, yo les contestaría. Incluso no les pediría que compartieran mi criterio, sino que al menos me respondieran. Sería una muestra de que toman en serio y respetan a parlamentarios de otros países.

—Un obstáculo en las relaciones normales entre Cuba y la Unión Europea es la Posición Común, adoptada por ese bloque en 1996. ¿Qué puede decirme de este mecanismo?

—Que he luchado por ponerle fin. Añado, no obstante, que en el primer semestre de 2007, cuando Alemania presidió el Consejo de la UE, intentó eliminar las sanciones de 2003 (suspendidas temporalmente). Ese período sirvió también para que Cuba apreciara que Alemania tiene una posición más abierta, y el gobierno germano se ha percatado de que Cuba está abogando por unas relaciones bilaterales sostenibles.

«Mi postura es muy clara: no podemos tomar a naciones que están en una situación más débil y exigirles una política que no le exigimos a otras. Si partiéramos de los puntos de la Posición Común para desarrollar nuestras relaciones exteriores, no las tendríamos con un montón de estados que no cumplen las cosas que se demandan de Cuba».

—¿De qué manera pudiera influir el SPD en la formulación de una política más positiva hacia la Isla?

—En este momento no podemos ser muy agresivos en buscar cambios de política, pues chocaríamos con la resistencia de los conservadores en la coalición de gobierno. Pero digo que la tendencia general en Alemania, la del Ministerio de Relaciones Exteriores, la del propio ministro (Frank Walter Steinmeier, del SPD), es a favor de mejorar los vínculos.

—Hablemos ahora de Alemania. Después que se comenzó a aplicar la Agenda 2010 por parte del anterior gobierno del SPD, y tras dos años de Gran Coalición con los conservadores, ¿cuál es la situación política y social?

—Durante el congreso del SPD en Hamburgo (en octubre), algunos puntos de la Agenda 2010 fueron rectificados. Los votantes socialdemócratas habían perdido su esperanza en este programa social, y se debía buscar una respuesta a favor de ellos. Fue lo que se hizo en el congreso, por ejemplo, respecto a los desempleados, para quienes se planteó extenderles el tiempo de cobro del seguro de paro.

«Con la Agenda 2010 perdimos gran cantidad de votantes, pero muchos han reconocido que parte de estas medidas han estimulado un crecimiento económico estable durante los últimos años. Por eso constatamos la afluencia de nuevos miembros, sobre todo de sectores juveniles. Estos están conscientes de que la influencia de la globalización se va por encima de las posibilidades de la socialdemocracia. Es algo que no puede ser detenido por nuestro partido».

—¿Incluso era tan indetenible la elevación de la edad de jubilación, de 65 a 67 años?

—En este aspecto estoy muy contento de haber estado en contra. Aunque sucede que también ha habido un cambio de la situación demográfica (en referencia al envejecimiento poblacional y la falta de fuerza laboral).

—¿La inmigración no ayudaría a variar esto?

—Bueno, Alemania es un país de inmigración. La frontera está abierta. Pero quienes vienen, deben tener en cuenta el respeto a nuestras costumbres y nuestras leyes.

—¿Se podría decir que la canciller Angela Merkel ha hecho lo mismo que hubiera hecho el anterior canciller del SPD, Gerhard Schroeder? ¿Hay continuidad en política social?

—En la mayor parte de los aspectos, sí.

—El giro a la izquierda experimentado por el SPD en Hamburgo, ¿no implicaría una ruptura de la Gran Coalición?

—No. Estimo que esta va a continuar hasta el año 2009, como estaba previsto. Los electores desean que quienes fueron electos, cumplan su mandato entero. Tenemos una responsabilidad, y debemos atenernos a ella.

«Añado que la Gran Coalición no era mi deseo, pero está ahí, y voy a luchar por su existencia, aunque no esté de acuerdo en muchos casos con sus decisiones».

—Analistas alemanes señalan que el SPD tiene pocas probabilidades de vencer en las elecciones de 2009.

—No creo en esos análisis. En 2009, los electores decidirán, y no los investigadores.

—Dada la nueva proyección del SPD, ¿fructificaría una alianza con el partido La Izquierda, de Oskar Lafontaine?

—De ningún modo. El SPD no entrará en coalición con Lafontaine.

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