Adiós al último nieto de Amelia Martí Pérez - Cuba

Adiós al último nieto de Amelia Martí Pérez

Autor:

Juventud Rebelde

El sobrino-nieto de José Martí por parte de su hermana Rita Amelia, el arquitecto José Vicente Lanz García, fue sepultado el pasado sábado en la Necrópolis de Colón

Rita Amelia Martí Pérez. Sus hijos fueron José Joaquín Guadalupe, Aquiles Julián, Alicia Epifania, Gloria Engracia, Raúl Guadalupe, José Emilio y Amelina Manuela.

El arquitecto José Vicente Lanz García, sobrino-nieto de José Martí y el último nieto de Rita Amelia, hermana del Apóstol, falleció en Ciudad de La Habana el pasado viernes, a las 6:00 de la tarde, cuando faltaban 17 días para cumplir 89 años, y fue sepultado el sábado, a las 8:30 a.m., en el cementerio de Colón.

Murió de una bronconeumonía bacteriana, en el hospital clínico quirúrgico Joaquín Albarrán, del municipio de Plaza de la Revolución. Había nacido el 25 de febrero de 1919 y era hijo de uno de los siete hijos que tuvo Rita Amelia (cuatro varones y tres hembras), concretamente de Amelina Manuela García Martí.

Esa hermana del Maestro, Rita Amelia —tía abuela de José Vicente— nació en La Habana el 10 de enero de 1862 y murió también en la capital cubana el 16 de noviembre de 1944, de linitis gástrica. Martí la llamaba «Mi dolorosa Amelia».

Ella se casó el 10 de febrero de 1883 con José Matilde García Hernández, natural de El Cano, La Habana, nacido el 14 de marzo de 1858. Doña Leonor Pérez Cabrera, su progenitora, vivía aún cuando ya habían muerto siete de sus ocho hijos. La única que la sobrevivió fue precisamente Rita Amelia, quien murió a los 82 años.

Yolanda Lanz del Pozo señala el árbol genealógico de la familia de Martí, escrito y dibujado por José Vicente, con la ayuda de Luis García Pascual.

Conversamos con la hija del fallecido, la arquitecta Yolanda Lanz del Pozo, bisnieta de la mencionada hermana del Apóstol y sobrina-bisnieta del Maestro.

«Amelina Manuela tuvo cinco hijos, y mi padre fue el único varón. Las hembras eran Esther, Olga, Lidia y Raquel. Aquí en Cuba se quedaron mi papá y su hermana Lidia.

«Esta falleció en nuestro país, el 1ro. de junio de 2003. Su hija, mi prima Eloísa, licenciada en Historia del Arte, tiene una hija de 22 años, Lidia Soca Medina, estudiante de Historia en el curso de la Facultad a Distancia en la Universidad de La Habana, la única de la generación de Amelia Martí con el don literario del Apóstol. Escribe cuentos y ha ganado diferentes premios».

Esa muchacha es, además, en Cuba, la más joven descendiente directa de Amelia Martí. En el extranjero, lo es un nieto de Yolanda, llamado Marco, de unos cuatro años.

Una vida digna de su herencia

Vicente, arquitecto, y Margarita, su compañera, también arquitecta, se conocieron entre 1936 y 1941, mientras estudiaban, y se casaron para formar un equipo completo en la vida y en las obras, se reconoció en la despedida de duelo.

En la Tesis de grado se apuntó que eran: «Hacedores de ciudades, de territorios, de arquitectura desplegada con desenfado y amor». Ambos ganaron el Premio Nacional de Arquitectura en 1967.

«De este oficio nunca uno se retira», había sentenciado José Vicente. «Te podrás jubilar, pero nadie puede impedir que sigas, si no proyectando, insistiendo en cómo tienen que hacerse las cosas».

En su despedida se recordó su empeño, tomando fotos y videos por el Vedado, en las calzadas... contra las violaciones de las normas urbanas, y por la necesidad urgente de mantener y consolidar algunos edificios.

Fueron destacadas además sus condiciones de padre, abuelo y bisabuelo, y su afán por aglutinar a la familia alrededor de un tronco con raíces patrióticas.

Martiano por esencia y por cariño a su tío abuelo, a quien no conoció ni usó de pedestal, aunque sí lo atesoraba en libros, imágenes y emociones.

Su familia lo recuerda como amante de la música, del filin... Armó su «estudio» con piano, guitarra, tumbadora, grabadora, y todo el confort posible para los amigos artistas.

Aunque ni tocaba ni cantaba, escuchaba y atrapaba la vida con caricaturas, dibujos y fotos que él mismo revelaba y después ilustraba y comentaba en álbumes. Afición ampliada a películas y hasta a videos que llegó a montar para contar historias.

El estudio era su refugio, recuerdan los familiares; lugar de encuentros, de descargas, improvisaciones, de creaciones, además de casa de los arquitectos.

El sobrino-nieto de José Martí fue profesor en la antigua y en la nueva Facultad de Arquitectura y en el Instituto Superior de Diseño, además de pintor.

José Vicente se caracterizó por su ética y sentido de la solidaridad, incluyendo la que manifestó hacia los estudiantes, algunos de los cuales llegó a rescatar, heridos, en los tiempos de la lucha contra la dictadura batistiana.

El también arquitecto Juan García Prieto, esposo de su hija, aseguró en la despedida de duelo que, como el Apóstol, poseía una gran sensibilidad humana. Oía, valoraba, opinaba y no imponía.

Fue un defensor de la Revolución Cubana y recordada con cariño sus encuentros con Fidel: «He visitado otros países y creo que no hay sistema perfecto. Aquí en años no he visto muertos en las calles, para mí este es el mejor sistema que conozco», decía.

Su yerno recuerda que un día, preparando una exposición del plano de desarrollo de Santa María y Varadero, lo sorprendió con unas pequeñas tarjetas llenas de datos. «Sí, son unos “chivos”, pero no te sorprendas, fue el Comandante quien me obligó a esto», y le aclaró.

«Cuando estábamos al frente del Grupo de proyectos de vaquerías, a cada momento se aparecía y preguntaba cualquier cantidad de cosas, y pedía datos, número de vacas, cantidad de litros, hectáreas de pastoreo, cantidad de materiales, datos comparativos, cualquier cosa; y empecé a hacer estas tarjetas y a responderle a todo lo que preguntara. Nunca me sorprendió. Nunca logró cogerme fuera de base, porque mientras Margot le explicaba algo, yo releía los datos y me preparaba para cualquier pregunta».

En la despedida de duelo, Juan García Prieto expresó que José Vicente dio luz con su vida convulsa y agitada, y a la vez grata y sencilla, en la que «nos enseñó a compartir y dar, a sonreír y perdonar con la estrella del Apóstol, la que ilumina y mata. La que ha sabido llevar siempre bien puesta en su frente».

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