La luz retorna a las montañas del Escambray

Gracias a un esfuerzo superior, los eléctricos restablecieron el servicio en varios asentamientos. Hoy pretenden avanzar en la recuperación de otros puntos de muy complejo acceso

Autor:

Julio Martínez Molina

Foto: Ramón Barreras Ferrá MACIZO DE GUAMUHAYA, Cumanayagua, Cienfuegos.— «Fueron diez días en condiciones de vida muy difíciles. Sin corriente hoy ya nadie puede vivir», le manifestó a este reportero Carmen Dora Gutiérrez, cuando el pasado miércoles se restableció el servicio en asentamientos del lomerío escambradeño.

Ike dejó el Macizo de Guamuhaya totalmente a oscuras, y aunque desde el día siguiente a su paso comenzaron a llegar aquí las primeras brigadas de electricistas conformadas por trabajadores de la rama pertenecientes a varios municipios cienfuegueros, la recuperación ha sido compleja.

El grado de dificultad no se explica solamente por los centenares de postes caídos o los miles de metros de líneas en el piso, sino por la ubicación de estos, en medio de escarpadas y a veces inaccesibles laderas, al borde de riscos, en medio de una tupida vegetación.

Extremadamente ardua resulta la labor para los linieros en los sitios más elevados de la serranía. Una zona que se destaca en tal sentido es el Pico San Juan, punto culminante del Escambray, donde está enclavado el radar meteorológico homónimo.

Aquí no fue posible restablecer el servicio hasta ayer miércoles, en tanto es prácticamente imposible escalar el pico, cuyos viales de acceso están destrozados.

Otro tanto sucede en sitios como Cimarrones y Charco Azul Abajo, Aguacate y Guanayara, donde está previsto culminar las acciones antes del viernes, pero que aún permanecen sin corriente.

Se priorizaba además la comunidad Cuatro Vientos, la cual se esperaba que recuperara el servicio durante esta semana.

Desde el lunes, en cambio, fueron conectadas varias comunidades, entre las que figuran los núcleos poblaciones de Mayarí y El Sopapo. Disponen de luz asimismo La Sierrita, El Mamey y Centro Cubano.

El ingeniero Alberto Manso, de la dirección de la Organización Básica en la provincia, explica que la faena es agotadora: «Los huecos para colocar los postes nuevamente debieron abrirse a barreta porque las máquinas barrenadoras están en otras provincias y la decisión de todos fue resolver con lo que tenemos a mano».

Las máquinas barrenadoras permanecen en Isla de la Juventud, Las Tunas y Pinar del Río como parte de la ayuda hermana a esos territorios, pero la solidaridad también opera en el plano local. Casi ninguno de los linieros es del Escambray; todos son de Aguada, Cienfuegos y otros municipios.

No en balde, José Orto, jefe de una unidad, considera que la recompensa mayor de los trabajadores eléctricos es satisfacer al cliente, donde quiera que viva, y si fue perjudicado por un ciclón, con más deseo y prontitud aún.

«El liniero cubano aprendió a que lo es desde el Cabo de San Antonio hasta la punta de Maisí. Si nosotros nos esforzamos y damos todo ese amor al trabajo en nuestros respectivos lugares de origen, entonces aquí lo redoblamos. Lo hacemos por solidaridad y porque las condiciones del momento lo reclaman», subraya José.

Quien ascienda estas lomas y repase la destrucción de Ike en el sector eléctrico entenderá que sin tal disposición colectiva, sin un espíritu como el que preside la fuerza del cubano, hubiera sido quimérico pensar en tener restablecida buena parte del servicio en tan poco tiempo.

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