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El hijo de Martí

En los escritos del Maestro pueden rastrearse las claves que hicieron entrañable su relación con José Francisco Martí Zayas-Bazán, de cuyo natalicio se cumplen hoy 130 años

Autor:

Juventud Rebelde

Prólogo del Ismaelillo

«Hijo:

Espantado de todo me refugio en ti.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud y en ti.

Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas, diles que te amo demasiado para profanarte así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos. Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte. Esos riachuelos han pasado por mi corazón.

¡Lleguen al tuyo!»

(Prólogo al poemario Ismaelillo)

En unas de sus Escenas europeas, publicadas en la Revista Universal el 17 de julio de 1875, con el seudónimo de Orestes, Martí; refiriéndose al «Amor a los hijos»1, escribía:

«El hijo tendrá inteligencia porque la hubo del padre que lo creó: el hijo vivirá de amores porque en amores fue concebido y fecundado: la alegría nace en el alma cuando la mañana nace en la tierra: todo vivo nace de vivo, y de ser noble todo el que alienta con nobleza».

Son estas palabras, en las que se siente la certeza propia de su estilo, el concepto martiano de la paternidad: fragua de amor, alegría y nobleza, unida a la inteligencia como preciosa entrega del padre al hijo, razonamiento fundamental de su humanismo. Ética de la especie que se concibe en la transmisión de valores entrañables junto al significado emotivo de la relación.

«Hijo del alma»

José Francisco Martí y Zayas-Bazán fue el hijo de la unión de José Martí Pérez, nuestro Héroe Nacional, con Carmen Zayas-Bazán e Hidalgo. Para poder comprender la importancia que tuvo su vida en la de su padre es necesario detenerse en algunos acontecimientos que precedieron a su nacimiento:

Es conocido que Martí es deportado a España por sus ideas políticas en 1871. En ese período estudia en la Universidad de Zaragoza, y se doctora en Filosofía y Letras y Derecho Civil y Canónico.

El sueño de Martí era reunirse con sus familiares en México, adonde habían llegado a probar suerte por la difícil situación económica en la Isla. Es por ello que en los primeros días de 1875, concluida su deportación, Martí viaja a Francia en un recorrido que lo lleva a Inglaterra, con escala en Irlanda y con destino a Nueva York, ciudad en la que está unos breves días, hasta que el 10 de febrero de ese año aborda el barco City of Mérida, el cual pasa por puerto habanero sin que Martí pisara suelo cubano, para dirigirse finalmente a México.

Durante su estancia en ese país conoce a Carmen Zayas-Bazán, joven camagüeyana refinada y elegante, hija del Licenciado Francisco Zayas-Bazán y Varona, natural de Puerto Príncipe, e Isabel Hidalgo Cabanillas, natural de Cienfuegos, y ya fallecida en esa época. Desde el primer momento en que la joven le fue presentada, Martí quedó prendado de amor por ella, a la que dedicó, una vez comprometidos, el poema Carmen2:

«Es tan bella mi Carmen, es tan bella,/ Que si el cielo la atmósfera vacía,/ Dejase de su luz, dice una estrella/ Que en alma de Carmen la hallaría».

Pero su vida no se circunscribía solo a su relación amorosa con Carmen, recuérdese que escribía en la Revista Universal, donde ya era un periodista notable y conocido. En el año 1877 Martí llega a Guatemala: solo, triste, pobre y con el espíritu emprendedor de siempre, conoce al cubano José María Izaguirre, director de la Escuela Normal, el cual le ofrece trabajar como maestro en esa institución. A finales de ese año retorna a México y contrae matrimonio con Carmen el 20 de diciembre de 1877, en la Parroquia del Sagrario Metropolitano, la ceremonia civil se realizó en la casa de su amigo Manuel Mercado.

Luego de su enlace, los recién desposados disfrutaron de una corta estancia en la Ciudad de México y luego en Acapulco, donde estuvieron solo cuatro días. En la primera quincena de enero de 1878 el matrimonio llega a la Ciudad de Guatemala y el joven esposo reinicia su trabajo como maestro en la Escuela Normal. Después de varios meses, y como protesta por la destitución de Izaguirre, Martí renuncia a su plaza. Esta actitud le ocasionó serias dificultades con los políticos de ese país. Ya entonces Carmen llevaba en su vientre al futuro hijo y la pareja decide venir a Cuba.

El viaje se organizó rápido y fue agotador. Partieron de Guatemala hacia Honduras por tierra, de allí fueron a la costa atlántica y tomaron en el Puerto de Trujillo el vapor Nueva Barcelona, barco de carga que se dirigía a Cuba y en el cual no disfrutaron de muchas comodidades. Para Carmen, una mujer de su condición y que padecía las normales molestias de un embarazo, el viaje no fue fácil.

A su llegada a La Habana no los esperaba un domicilio estable. En carta a su amigo Mercado fechada en octubre de 1878, Martí le comunica que estaba residiendo en la calle Tulipán número treinta y dos, en la Barriada del Cerro «...delicioso lugar, como una Tacubaya suiza, donde vivimos...».

Había arrendado esa vivienda de acuerdo con sus ingresos, ya que en esta zona, alejada del centro de la ciudad, resultaba más económico pagar algo propio e íntimo para residir con su esposa. El lugar estaba muy cercano a la parada del tranvía, de esta manera podía trabajar en la zona del centro. Es en esta casa de la calle Tulipán donde nació, el 22 de noviembre de 1878, José Francisco Martí y Zayas-Bazán. El parto fue difícil y Carmen sufrió una dolorosa operación que le ocasionó padecimientos para toda su vida. El instante en que Martí vio a su hijo recién nacido fue para él «uno de los diez momentos supremos», como escribiría luego en los Cuadernos de apuntes3 refiriéndose a los títulos de los libros que proyectaba escribir.

«Hijo soy de mi hijo»

El niño fue bautizado cuatro meses y unos días después de su nacimiento, el 6 de abril de 1879 en la iglesia Nuestra Señora de Monserrate, en la ciudad de La Habana. Sus padrinos fueron Doña Leonor Pérez Cabrera, abuela paterna, y Francisco Zayas-Bazán y Varona, abuelo materno. Esta iglesia parroquial tenía importancia singular para la familia de Martí, pues en ella se habían casado Don Mariano y Doña Leonor, fueron bautizadas dos de las hermanas de Martí y contrajeron matrimonio tres de ellas, así como otros familiares. Como dato curioso podemos agregar que también en esta parroquia fue bautizada María Teresa Bances y Fernández Criado, quien sería la esposa de José Francisco Martí.

Durante los primeros meses de vida de su hijo, Martí trabajaba como pasante en los bufetes de Don Nicolás Azcárate y Don Miguel Viondi, prestigiosos abogados de la época. Al mismo tiempo era el subdelegado del clandestino Comité Revolucionario Cubano en La Habana, participaba además en conferencias, tertulias y veladas culturales en liceos y sociedades.

Martí, quien disfrutaba de los placeres hogareños, comparte con Carmen los primeros días de José Francisco. Es posible que juntos pasearan por el parque Tulipán próximo a su residencia, donde llevaran al pequeño a tomar sol. Es probable también que su esposa e hijo lo acompañaran en sus viajes a Guanabacoa y a la Playa de Cojímar, atravesando un amplio terreno que se extendía de la villa al marino pueblo; así era esta zona, con una playa al este y un montículo al oeste, en el cual se podía observar la puesta de sol desde la arena. Pudo ser este detalle el que tuvo en cuenta al componer el escenario de Los zapaticos de rosa, dado el carácter autobiográfico de su obra.

En septiembre de 1879 Martí es deportado por segunda vez a España debido a sus actividades políticas, y Carmen tendría que enfrentar sola la educación de su hijo. Cuánto amor y dolor había en el pecho de José Martí al dejar a su esposa e hijo en Cuba. En ese momento todo le hacía recordar al pequeño que había calado en lo más profundo de su ser. Años más tarde, escribiría en sus Versos Sencillos4:

«Oigo un suspiro, a través/ De las tierras y la mar./ Y no es un suspiro, -es/ Que mi hijo va a despertar».

El 8 de enero de 1880 Martí llega a los Estados Unidos; allí continúa con su labor política y rápidamente ocupa el cargo de vocal del Comité Revolucionario Cubano. En esta etapa, alejado de su esposa e hijo, desesperado por la ausencia de ambos, trabaja intensamente para alcanzar ingresos que le permitieran llevar a su familia a Nueva York, en esta circunstancia escribe: «Es cosa de huir de mi mismo esta de no tener ni suelo propio en que vivir ni cabeza de hijo que besar».

Finalmente, después de cerca de seis meses de separación, Martí logra reunirse con su familia el 3 de marzo de 1880. La esposa creyó encontrarlo apartado de las ideas políticas que lo habían alejado del hogar, y le causó un gran disgusto verlo con las mismas luchas, lo cual ocasionó serias divergencias entre ambos. En carta5 del 6 de mayo de ese año, Martí le escribe a su amigo Mercado:

«...Carmen no comparte, con estos juicios del presente que no siempre alcanzan a lo futuro, mi devoción a mis tareas de hoy. Pero compensa estas pequeñas injusticias con su cariño siempre tierno, y con una exquisita consagración a esta delicada criatura que nuestra buena fortuna nos dio por hijo...»

Padre e hijo se separan por segunda vez el 21 de octubre de 1880, cuando Pepito no había cumplido aún los dos años de edad. De esta manera continúa el profundo dolor de Martí con relación a su hijo, con quien solo pudo compartir aproximadamente 58 meses de su vida, es decir, cuatro años y diez meses de los 16 que tenía José Francisco cuando la muerte de su padre. Martí estuvo lejos de su amado hijo alrededor de 11 años y dos meses debido a su total entrega a la causa de la independencia de Cuba.

En 1881, durante su estancia en Venezuela, en medio de la segunda separación, escribe el poemario Ismaelillo, bautismo literario en el que da a su hijo el nombre bíblico de Ismael, y que ha permanecido, a través de generaciones, cual si se tratase de su verdadero nombre, en la memoria de nuestro pueblo. En este libro, compuesto por 15 poemas, al decir del poeta Cintio Vitier6: «Martí realiza, de un plumazo de fuego de amor dolido, la palingenesia del verso hispanoamericano». En la imagen del hijo descubre Martí una nueva vocación humana, fuente de inspiración poética y existencial, expresada cuando escribe: «Hijo soy de mi hijo, él me rehace»7, testimonio de su sensibilidad en el que notamos la «influencia» del hijo en el sentir y el pensar del padre.

A 130 años del nacimiento de José Francisco Martí Zayas-Bazán, el hijo a quien fueron dedicadas páginas tan inolvidables de nuestra literatura, sirva este artículo para recordar el cariño infinito que sintió por él su padre, expresado para siempre en estos versos8: «¡Tú flotas sobre todo,/ Hijo del alma!»

Notas:

1José Martí. Obras Completas, t. 14, pág. 21.

2Escrito en México, publicado el 23 de mayo de 1876 en Eco de Ambos Mundos, en José Martí. Poesía Completa. Edición Crítica, t. 2 pág. 109.

3José Martí. Obras Completas, t. 18, pág. 288.

4José Martí. Poesía Completa. Edición Crítica, t. 1 pág. 236.

5Luis García Pascual y Enrique H. Moreno Pla (Comps.): José Martí. Epistolario, t. 1 pág. 182.

6Cintio Vitier. Obras 6. Temas Martianos 1, pág. 149.

7José Martí. Obras Completas, t. 16, pág. 31.

8José Martí. Ismaelillo, pág. 25.

*Diplomada en Estudios Martianos y autora del libro Vida de Ismaelillo.

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