Mercurio: tan útil como peligroso

Recuperar y almacenar de forma segura esta sustancia tóxica que contienen las lámparas fluorescentes, cerraría su ciclo de vida de forma amistosa con el entorno

Autor:

Juventud Rebelde

La iluminación artificial nos da múltiples beneficios. Los bombillos incandescentes usados por más de un siglo, solo transforman en energía luminosa un cinco por ciento de la energía eléctrica que utilizan, el resto la convierten en energía térmica que no se puede aprovechar. Un verdadero despilfarro.

Por eso poco a poco los países los reemplazan por lámparas fluorescentes más eficientes. Pero estas lámparas poseen mercurio en su interior, sustancia peligrosa por su alta toxicidad. Debe garantizarse que el mercurio no sea liberado al entorno. Recuperar y almacenar de modo seguro el mercurio de las lámparas fluorescentes una vez que termina su vida útil, protege la salud humana y el medio ambiente.

Contaminante persistente

El mercurio existe de manera natural en el entorno. Conocido popularmente como «azogue» y utilizado en actividades religiosas y en la industria, se encuentra en estado líquido en su forma pura (mercurio elemental o metálico) a temperatura ambiente. El mercurio metálico se presenta como un líquido blanco plateado que se evapora con facilidad si no está encapsulado.

Es liberado al aire en fenómenos naturales como los volcanes, incendios forestales y la erosión de las rocas. La actividad humana contribuye a aumentar los niveles ambientales de mercurio: la minería, la quema de carbón mineral, la producción de cemento y sosa caústica y la incineración de desechos hospitalarios y municipales son algunos ejemplos. Según la Organización Mundial de la Salud, los niveles de mercurio en la atmósfera son entre tres y seis veces mayores hoy que antes de la Revolución Industrial.

A diferencia de otras sustancias tóxicas, el mercurio no se crea en los procesos industriales. No lo podemos eliminar o destruir. Una vez emitido al entorno permanece en este y pasa de un medio a otro. El mercurio es un contaminante persistente y acumulativo. Se deposita en océanos, lagos y ríos donde es transformado por ciertas bacterias en metilmercurio, su variante más dañina. Está presente en la mayoría de las especies acuáticas y se acumula en la cadena alimentaria, lo que puede dar lugar a altas concentraciones en peces, mariscos y mamíferos marinos.

Diferentes usos

El mercurio se emplea en termómetros, esfigmomanómetros, tubos gastrointestinales de dilatación y empastes dentales, entre otros usos médicos. Está presente también en interruptores, termostatos y lámparas fluorescentes. El ocho por ciento del mercurio metálico empleado en el mundo en 2005 se destinó a la fabricación de luminarias, según un informe del Mercury Policy Project dado a conocer en enero de 2009.

Las lámparas fluorescentes compactas (LFC) tienen unos cinco miligramos de mercurio. Una lámpara fluorescente puede contener unos 30 miligramos de mercurio, con lo que pueden contaminarse 30 000 litros de agua. Un gramo de mercurio puede contaminar a todos los peces de un «espejo de agua» de ocho hectáreas. Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos de América (EPA por sus siglas en inglés), ese país libera al ambiente 104 toneladas métricas de mercurio al año, la mayoría debido a la quema del carbón utilizado para producir energía eléctrica.

Daños a la salud

El mercurio tiene efectos adversos sobre la salud humana conocidos y documentados en la literatura especializada y se han observado durante siglos. La frase «loco como un sombrerero» fue acuñada en el siglo XIX debido a problemas neurológicos sufridos por los trabajadores fabricantes de sombreros, los cuales inhalaban vapores de nitrato de mercurio, sustancia usada en su fabricación.

Según la EPA, la dosis de referencia para la ingesta segura de metilmercurio es de 0,1 microgramo por cada kilogramo de peso corporal al día. La exposición a mayores niveles de mercurio, puede afectar el cerebro, el corazón, los pulmones y los riñones, así como el sistema inmunológico.

Los daños a la salud provocados por exposición al mercurio pueden manifestarse en todas las edades. En el caso de fetos y niños pequeños, se puede dañar su sistema nervioso y provocar que al crecer se manifiesten discapacidades en el aprendizaje, el pensamiento, el lenguaje, el procesamiento de la información y la integración visual-motora. Por eso las mujeres en edad fértil, embarazadas y las que están lactando deben cuidar su ingesta de pescado y otras vías de exposición al mercurio.

Regulaciones cubanas

En Cuba existen regulaciones respecto al tratamiento de los desechos, especialmente aquellos que se consideran peligrosos como el mercurio. En enero de 1975 se promulgó la Ley 1288, en la que se disponen las obligaciones con respecto a la recolección y recuperación, cuando proceda, de los desechos, constituyendo ésta una importante vía para una gestión ambiental racional de los desechos peligrosos. Cuba es firmante del Convenio de Basilea sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de los Desechos Peligrosos y su Eliminación. El Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) es la Autoridad Competente y Punto de Contacto en nuestro país. La Ley 81 del Medio Ambiente de 1997, establece los principios básicos para la conservación, protección, mejoramiento y transformación del medio ambiente y el uso racional de los recursos naturales, disponiendo en su artículo 153 las obligaciones en el control de los desechos peligrosos. Existe además la Resolución 87 de 1999 del CITMA para la gestión ambientalmente racional de los desechos peligrosos.

Lámparas fluorecentes

Las lámparas fluorescentes tradicionales, lineales y circulares, se conocen como tubos de «luz fría», y se usan en nuestro país desde hace décadas. Son lámparas de descarga de baja presión. Cuando la lámpara está apagada, el mercurio está en forma de pequeñas gotas. Al encender la lámpara se produce una descarga eléctrica en su interior y el mercurio se vaporiza a medida que la temperatura aumenta, hasta que la formación de vapor llena todo el tubo. Los vapores de mercurio se excitan y emiten radiación en la zona ultravioleta del espectro electromagnético, que es absorbida por el recubrimiento de fósforo que existe en el interior del tubo de vidrio. Los átomos de fósforo se excitan y emiten radiación en la zona visible del espectro, fenómeno que recibe el nombre de fluorescencia. El fósforo es una sustancia que es inocua para la salud.

Las LFC, o bombillos ahorradores, llegaron masivamente a nuestro país en 1997, cuando el Programa de Ahorro de Electricidad en Cuba propició la venta a la población de más de seis millones de estas luminarias. Después, durante la Revolución Energética se cambiaron más de nueve millones de bombillos incandescentes por lámparas fluorescentes. Con el fin de seguir aumentando la eficiencia energética en la iluminación, la Dirección de Uso Racional de la Energía de la Unión Eléctrica de Cuba, ejecuta un programa para sustituir las lámparas fluorescentes de 40 W por lámparas de 32 W. El programa llevaría a sustituir 1,8 millones de unidades que contienen unos 55 kilogramos de mercurio, según estimados del autor.

Recuperación segura

A finales del 2008 se adquirió una tecnología que recupera las lámparas fluorescentes sin liberar el mercurio al medio. El equipo procesa mil piezas por hora, por lo que en un año se pueden evacuar más de dos millones de lámparas. Los tubos son triturados y los desechos son succionados mediante vacío. El mercurio no sale al exterior. Los desechos pasan por filtros de carbón activado que retienen el mercurio y el resto va a parar a una bolsa donde se almacena de modo seguro. Los filtros pueden durar unos dos años. Las bolsas con los residuos de todas las lámparas del país se almacenarán en un sitio especial.

En 2005, la Unión Europea solo almacenó de manera segura el 31 por ciento del mercurio de sus lámparas fluorescentes, de acuerdo con el Mercury Policy Project. Estados Unidos de América recupera el 24 por ciento de sus lámparas fluorescentes. Australia solo el uno por ciento. Con la tecnología adquirida, Cuba podría recuperar de manera segura todo el mercurio de sus lámparas fluorescentes en el sector estatal, abriendo un espacio para extender el programa al sector residencial. Sin el mercurio, las lámparas fluorescentes no funcionan y no existe una sustancia que lo sustituya. En tanto no disminuyan los precios de las lámparas de diodos emisores de luz, las fluorescentes son la mejor opción para ahorrar electricidad. Recuperarlas almacenando de manera segura el mercurio, termina su vida útil de forma amistosa con el entorno. Otra forma de vincular la conciencia energética y el respeto ambiental.

* El autor es especialista de CUBAENERGÍA y miembro de CUBASOLAR.

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