Por senderos de gloria

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Difícil debió ser para Camilo y Che partir en columnas distintas a la hora de extender la Revolución hasta Occidente, pero hombres de su talla saben bien que el deber va muchos pasos por delante de la amistad, y que todas las misiones son útiles e interesantes, además de tejer lazos eternos de respeto y afecto.

Con ese espíritu amaneció este miércoles la expedición de Ayer porque mañana. Un primer grupo partió antes del sol con la encomienda de saludar al Martí del Turquino en el Día Internacional de la Juventud. El resto contemplamos ese altar de la patria y su agreste corte de montañas desde la altura donde se irguió la primera antena de Radio Rebelde en la Comandancia de La Plata, a casi mil metros sobre el nivel del mar.

Cuando faltaban las fuerzas la risa era el motor de este segundo grupo que como entonces los Rebeldes comió frutas silvestres, bebió de manantiales, improvisó remiendos para la ropa y el calzado y desandó las lomas como pudo, incluso a lomo de yegua, precedido siempre por los infatigables benjamines de la tropa.

Nuestro fue el privilegio de descansar en la casa del guajiro Medina, director de aquel Quinteto Rebelde que hacía música en medio de los combates para desmoralizar al enemigo. Nuestra la dicha de recorrer senderos tallados por Celia en territorio libre y comprobar cuán inexpugnable llegó a ser este enclave del Ejército Rebelde no solo por el valor de sus defensores sino también por la sabiduría de convertir a sus árboles en centinelas vivos y cuidar sus recursos naturales, ayer como hoy, con visión de mañana. Nuestros son los recuerdos del árbol donde Fidel probaba los fusiles, de la escalera trampa para burlar al enemigo, de la tremenda loma que encaraban cada día los locutores de le emisora de la Revolución para sostener las esperanzas de todo un pueblo.

A pesar de los 13 kilómetros que separan la Aguada de Joaquín del campamento pioneril de Santo Domingo, ambas columnas nos sentimos juntas anoche mientras esperábamos el nuevo cumpleaños de dos gigantes, Fidel y René, sentido modo de rendir homenaje a dos generaciones de combatientes que nos enseñan con su ejemplo a no flaquear ni traicionar nuestros principios ni aún en las más duras circunstancias.

También nos sentimos muy cerca cuando la solidaridad se multiplicaba en la paciencia de Oscar, guía de Flora y Fauna, en la cultura del médico Daniel, en la jovialidad del camionero Emilio, en el gesto altruista del chofer de taxi que recogió a los más magullados al regreso, y sobre todo en las charlas con Brigitte y Dominik, dos alemanes con quienes compartimos su maní y nuestras galletas en un almuerzo improvisado mientras en su simpático español aseguraban que la Sierra les parecía linda, sí, pero que todo, todo en Cuba lo era: su gente, su historia, su naturaleza…

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