Inaugurado XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo

El evento, que comenzó este lunes en La Habana, desarrollará sus labores en medio de un contexto de contradicciones: por un lado, los más optimistas pretenden demostrar que lo peor de la crisis mundial ya ha quedado atrás; por otro, millones de personas permanecen desempleadas o han perdido sus ahorros

Autor:

Luis Luque Álvarez

El XII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, iniciado ayer en La Habana, desarrollará sus labores en medio de un contexto de contradicciones: por un lado, los más optimistas pretenden demostrar que lo peor de la crisis mundial ya ha quedado atrás; de otro, la terca realidad muestra que millones de personas permanecen desempleadas, o han visto perdidos sus ahorros, y que los mecanismos de protección social van en retroceso.

Así lo explicó el presidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, Roberto Verrier, en la inauguración del evento, que contó con la presencia de Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de Ministros y titular de Economía y Planificación; Lina Pedraza, ministra de Finanzas y Precios, e importantes estudiosos nacionales y foráneos en temas económicos.

Al principio de su intervención, Verrier expresó el espíritu de sobrecogimiento y solidaridad de todos los asistentes para con el pueblo chileno, que sufre las consecuencias del devastador sismo del sábado pasado, y hacia el pueblo haitiano, también golpeado por un terremoto a principios de enero.

«Haití es otra dolorosa prueba de la falacia de los enfoques convergentes que plantean que, finalmente, por obra y gracia de las bondades del capitalismo, la riqueza desbordante de unos pocos, en algún día remoto, también beneficiará a los mas desfavorecidos», subrayó, y añadió que los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América mantendrán e incrementarán sus esfuerzos para apoyar al pueblo haitiano.

Precisamente de nuestra región, evocó la buena noticia del significativo paso de integración que implica la iniciativa de fundar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, sin el padrinazgo norteamericano. Sin embargo, también citó la evidencia de que la crisis global detuvo la tendencia a la reducción de la pobreza, que venía experimentándose desde 2002 en América Latina gracias a los nuevos proyectos políticos puestos en marcha desde entonces.

Según Verrier, una mirada a EE.UU., envuelto en su peor crisis en los últimos 80 años, arroja el cálculo de que ese país saldrá de la recesión con un enorme endeudamiento público, alto desempleo y la pérdida de valor de su moneda, todo lo cual tiene y tendrá consecuencias para la región latinoamericana.

Además, llamó a intensificar la solidaridad internacional con los Cinco Héroes cubanos prisioneros en EE.UU., «para lo cual recabamos toda la ayuda que ustedes puedan darnos, especialmente para desarticular la más cruel y desproporcionada de las sanciones contra ellos, las dos cadenas perpetuas, más 15 años, que sufre Gerardo Hernández Nordelo, a quien adicionalmente le niegan la posibilidad de recibir la visita de su esposa Adriana Pérez».

Por último, expresó su esperanza de que el XII Encuentro acerque más a los participantes, en función de proteger a los preteridos de siempre con las armas del conocimiento y la cooperación solidaria.

Una economía para el lucro va contra la ecología humana

La economía, como actividad humana, tiene una ética, y por tanto, valores. Si no se respetan, entonces viene la crisis. Un régimen económico que no asegure a la familia humana los bienes necesarios para su mantenimiento, es injusto, aseguró monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, Obispo Canciller de la Pontificia Academia de Ciencias del Vaticano, en la presentación de su ponencia El evangelio del trabajo.

Tras agradecer la fraternidad que «en pocos lugares se siente igual» que en Cuba, el prelado expresó que en el mundo global no hay justicia, no hay reglas claras para establecerla. Así, ilustró con que las instituciones internacionales son insuficientes, mientras hay una disparidad enorme en la distribución de los bienes de la tierra, en el comercio internacional, tanto como un escándalo de disparidad a lo interno de los países y una redistribución desproporcionada de la riqueza. No hay incentivos a lo bueno, ni penalidades a lo que se hace mal, dijo.

El ponente hizo alusión a las huellas perjudiciales ocasionadas por el ser humano en el clima mundial, y al lugar preterido a que está confinada la educación en el mundo, y valoró el papel que ha asumido la familia en muchos casos como único lugar de salvación para los afectados por la crisis global, como pasó en Argentina.

La Iglesia, dijo, insiste en el tema de la familia. Es imposible pensar una sociedad sin la familia: donde no las hay, empiezan a desaparecer los hijos; a Europa le está pasando eso. Y una economía que apunta solo al lucro y al beneficio personal acaba yendo contra la ecología humana. Es una especie de suicidio. En sociedades sin hijos, no hay esperanzas.

Además, recordó que la postura del Papa Benedicto XVI, de que las organizaciones sindicales deberían unirse, aparte de para obtener reivindicaciones sociales, para ayudar a los países que están en necesidad, en una visión global, de apoyo a los que no tienen. Cuba, destacó, es ejemplar en ese sentido, con el envío de médicos y maestros a otros países del sur.

Por último, enfatizó la importancia de que las principales religiones mundiales dialoguen. «Se evitarían muchas guerras que directa o indirectamente tienen algo que ver. Y lo fundamental: para que haya justicia, tiene que haber perdón».

En el turno de preguntas, el académico argentino Julio Gambina señaló que es el orden social que está detrás —el capitalismo— el culpable del deterioro climático (si el clima fuera un banco ya lo habrían salvado, dijo, al citar una consigna de la pasada Cumbre de Copenhague), y es el capitalismo el que impide la existencia de la justicia. Es el Banco Mundial quien se encarga de la «justicia», pero en su búsqueda de la seguridad jurídica de las inversiones, cuando debería ser la seguridad alimentaria.

Respecto a la necesidad de la unidad de los trabajadores de todo el mundo, Gambina acotó que los sindicados son minoría, cuando el 90 por ciento de los obreros no pertenece a una organización de este tipo. La propuesta sería unir en reflexión colectiva a los pueblos, como se viene diciendo en estos encuentros, afirmó.

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