El tren de la alegría

El viaje en ferrocarril de 15 horas y 26 minutos de los delegados al IX Congreso de la Juventud, desde Santiago de Cuba hasta Ciudad de La Habana fue una antesala de alegría y desenfado que ya marca a los asistentes al evento

Autor:

Osviel Castro Medel

A estas alturas la noticia no es que ellos, jóvenes sin nubes en la sonrisa, llegaron a la capital cubana a debatir sobre continuidad y retos.

Sin embargo, detrás de ese suceso, ya contado por micrófonos y cámaras habitan vivencias que colorean el IX Congreso de la Juventud, que lo hacen respirar humanamente. Por ejemplo, en el viaje en ferrocarril de 15 horas y 26 minutos desde Santiago de Cuba hasta Ciudad de La Habana, en el que se «involucraron» unos 500 delegados e invitados, María de los Ángeles Reyes, una de las diez embarazadas, contaba emocionada, a sus 29 semanas, algunas de las cosas de su tierra natal de Segundo Frente.

«El río casi pasa por la sala de mi casa, vengo con la humildad de mis gentes a este Congreso, estoy contenta aunque sé que no es fácil», decía ella al compás del sonido de los 11 vagones.

En otro de los coches los holguineros no paraban de alegrarse estimulados por matraca y pito hasta que se «fundieron» ya en la madrugada. Fueron los agitadores, los de los lemas, los mejores cantantes de estribillos, como «El cuarto de Tula que cogió candela».

En otro departamento, los granmenses blasonaban de algunos de sus delegados, como Tamara Díaz Pérez, una de las más jóvenes del Congreso con sus 16 abriles, o como el respetado pelotero Alfredo Despaigne. En el trayecto, este recibió la visita de otro compañero del último team Cuba, el torpedero avileño Yorbis Borroto. A ellos se unirá en la plenaria el lanzador habanero Yulieski González.

Por cierto, el béisbol calentó buena parte del trayecto. La delegación villaclareña fue recibida con un cartel fabricado por la bondadosa y atenta tripulación del tren: «Industriales Campeón». Los santiagueros hicieron un «asalto» a otro coche para jurar que el próximo año el campeonato «se va pa’ Oriente». Los tuneros decían que a Henry Urrutia esta vez «no hay quien lo deje».

Fue un viaje divertido, en que no faltaron las anécdotas sobre el trabajo, los cuentos de Pepito, las colas para cepillarse en el baño al amanecer, las sábanas grupales para protegerse del frío. Y hubo reencuentros, fotos a dormidos con la boca abierta, conversatorios sobre las respectivas familias e inicios de nuevas y prometedoras amistades.

Hubo conga ruidosa y contagiosa al salir de Santiago, hubo conga a su manera al llegar a la capital, donde varios dirigentes de la UJC encabezados por Liudmila Álamo, primera secretaria del Comité Nacional de la organización, dieron la bienvenida a la tropa.

Aparentemente ninguno de los viajeros —guntanamero o camagüeyano— estaba cansado. Todos tenían mejores gargantas que al principio, mejores pulmones, más amplias sonrisas. La sangre dentro de cada uno circulaba más caliente. El Congreso, el mismo iniciado en octubre en abiertas asambleas, latía en la vena de la generación más joven de Cuba.

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