¿Se marchó el A (H1N1)?

Muchos cubanos han perdido la percepción de riesgo al hablar sobre la Influenza. Señalan que «ya se fue» o que, como dice el estribillo de una canción, «…no es tan fiera». Nada más alejado de la verdad

Autores:

Osviel Castro Medel
Rocío Rosales del Río

BAYAMO, Granma.— A algunos les parecía cómico o anormal aquel cartel colocado en un lugar visible de una de las oficinas vinculadas a la corporación CIMEX en esta ciudad: «No se moleste, pero en este local no se permiten besos, abrazos, saludos con las manos o cualquier otro acto que pueda transmitir la Influenza A (H1N1)».

Corrían los días en que la enfermedad contagiaba a las primeras personas en el país; entonces eran extremas las medidas higiénico-sanitarias y constantes los anuncios para prevenirla. De modo que aquel letrero, aunque moviera a risa, encajaba perfectamente en la campaña profiláctica extendida por las autoridades a lo largo de toda la nación.

Sin embargo, hace algunas fechas, el cartel fue retirado del departamento y, en apariencia, nadie se dio por enterado. Esa decisión y el siguiente reflejo de frialdad develan de algún modo la tendencia nacional a ver menos peligro, a hablar con menor frecuencia del mal que en un principio alborotó al mundo y generó tensiones en el contexto nacional.

En Cuba la enfermedad no ha sido eliminada, por lo que no hay que lanzarse a la calle a rozar caras ajenas a diestra y siniestra; tampoco hay que pensar que se largó sin retorno, como piensan ciertos compatriotas.

¿Fin de los besos?

Es muy difícil que en un país como el nuestro, donde las personas se han acostumbrado al contacto al saludarse, se exterminen rutinas como los besos en el rostro y los apretones de manos.

Así lo cree, por ejemplo, el doctor Ángel Ramírez Díaz, responsable del Programa de Control Sanitario Internacional, en la provincia de Granma. «Ni en la época inicial de la Influenza A (H1N1) esos hábitos, que pudieran transmitir la enfermedad, se eliminaron; forman parte de la manera de ser del cubano», asevera.

No obstante, señala, no hay razones para dejar de practicar otras medidas de prevención. Sería ilógico creer —digamos— que está de más lavarse las manos, mantener la higiene o descuidarse de un catarro.

«Es cierto que al irse el invierno disminuyen las probabilidades de aparición de las enfermedades respiratorias y del virus de la Influenza A (H1N1), aunque eso no puede conducir a la indolencia, a creer que se erradicó la enfermedad o a no acudir al médico cuando se presente cualquier síntoma», dice el especialista.

Ramírez Díaz comentó a JR que, como en otras provincias, en Granma las autoridades no han bajado la guardia y mantienen casi las mismas acciones de vigilancia de los inicios.

«Se realiza la pesquisa activa de todas las embarazadas del territorio; desde la llegada de la enfermedad se ingresaron 1 835; de ellas solo cuatro dieron positivo y evolucionaron satisfactoriamente, sin complicaciones de ningún tipo.

«Ese tipo de control es extensivo a los centros educacionales, círculos infantiles, aeropuertos, etc. No se ha desmontado el sistema que involucra a varios organismos y ministerios, desde Salud Pública hasta las organizaciones políticas y de masas», apunta.

Para este galeno resulta importante que las personas que padecen enfermedades crónicas no olviden esa condición, que constituye un factor de riesgo.

«Todos necesitamos cuidarnos, pero jamás deben descuidarse aquellos que padecen trastornos neurológicos o psiquiátricos, enfermedades cardiovasculares, pulmonares, hepáticas, insuficiencia renal, asma bronquial, hipertensión arterial, portadores de VIH o cualquier otra enfermedad crónica de base».

El peligro de no ver

Raiza Fajardo carga ahora, con toda la felicidad del mundo, a Cristian Kalec, su hermoso hijo nacido el 3 de marzo en el hospital provincial Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo.

Pero la historia habría sido diferente si esta muchacha de 26 años no se hubiera «puesto patines» y acudido al médico apenas sintió la primera fiebre, justamente cuando tenía 17 semanas de embarazo. «Fue todo muy rápido, estuve seis días ingresada y todo salió bien gracias a los cuidados de los médicos», recuerda.

Ella fue una de las 25 personas entrevistadas al azar por el Diario de la Juventud Cubana, que buscaba sondear cuál es hoy la percepción de riesgo del cubano sobre la Influenza A (H1N1).

«Yo les recomiendo a todas las embarazadas que se cuiden mucho y no pierdan un segundo después de cualquier síntoma», dice la muchacha, para agregar que está entre quienes advierten menos interés colectivo por la enfermedad.

Entre esos 25 encuestados, 11 dijeron que creen que el mal se ha «erradicado» o «eliminado»; mientras 16 (el 64 por ciento) confesaron que no toman las medidas extremas de prevención del principio, como aquellas de cargar a todos los lugares un vaso y una cuchara para uso personal.

Mario Aleaga, de 50 años, se encuentra en el primer grupo, acaso porque en su trabajo, en una terminal de pasajeros, ha notado cambios. «Antes había hasta un puesto de mando, se detectaban los pasajeros con catarro y no podían viajar; ahora no es así», dice.

Otra que habla de «erradicación» es Dianeldis Guerra, de 16 años, quien vio cómo en los inicios algunos de sus compañeros de estudio eran suspendidos de la escuela por enfermedades respiratorias y en el presente no sucede así.

Luis López Guerra, de 46, reconoce que «la furia era al principio; dondequiera se hablaba de eso, ahora no».

Carmen León, de 39, repara en que en los inicios las personas cuando enfermaban de un catarro se preocupaban enseguida; ya no, la mayoría le resta importancia.

Esa percepción de falta de riesgo pudiera ser letal, porque equivaldría a pensar, hablando en metáforas, que la pantera se marchó o que de volver, regresaría inofensiva, solo con ruidos, sin hacer daño.

Al respecto, otra de las entrevistadas, Eli del Río, argumenta que «hay que estar atentos siempre, porque puede volver a intensificarse la situación con la pandemia».

En sus palabras reposa una máxima: Cero confianza, porque, como dice la voz popular, en la confianza está el peligro. Y ese peligro, en ciertos casos, puede ser mortal.

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