Cambio de época y pensar filosófico

Es necesario acudir al pensamiento filosófico que constituya una guía certera para interpretar los complejos fenómenos del siglo XXI

Autor:

Armando Hart Dávalos

Cuando el presidente de Ecuador, Rafael Correa, afirmó que no estábamos en una época de cambio sino en un cambio de época me pareció muy acertado ese concepto. Y para ser consecuentes, ese cambio de época demanda un nuevo pensamiento que dé respuesta a las nuevas situaciones que lo acompañan. Por eso he venido insistiendo en la necesidad de que iniciemos una reflexión filosófica que nos conduzca a encontrar los caminos prácticos que Cuba, Nuestra América y el mundo necesitan en estos albores del siglo XXI.

Para analizar la naturaleza de los errores cometidos en el siglo XX en cuanto al pensamiento de Marx y Engels, debemos partir de la comprensión de que el hombre también es materia, o mejor, que la vida humana tiene fundamentos materiales. Para que se comprenda el alcance de este error subrayamos que fue precisamente el mismo el que impidió una interpretación correcta del materialismo histórico en el siglo XX; por eso, muchos «marxistas» impugnaban las ideas del Che, de Fidel y de tantos revolucionarios y combatientes que propiciaban los caminos de la revolución socialista. No les hicieron caso, y ahí está la esencia de los errores que condujeron, entre otros factores, al colapso del llamado «socialismo real».

Se impone como una necesidad insoslayable arribar al pensamiento filosófico que, partiendo del inmenso saber de Marx, Engels y Lenin, constituya una guía certera para interpretar los complejos fenómenos de los albores del siglo XXI. La filosofía, como dijo Gramsci, parte de las verdades del sentido común y debe ser expuesta en un lenguaje asequible al hombre sencillo. No es, como ha ocurrido históricamente, empleando una terminología para iniciados o enredando en palabras y términos complicados las mejores formas de pensar cómo podremos llegar a las esencias del materialismo histórico y convertirlas en medios para la transformación.

Fue también Engels quien señaló que el marxismo es un método de investigación y de estudio, y Lenin, por su parte, afirmó que el marxismo es una guía para la acción. Con este método y esta guía podemos abordar los problemas concretos de nuestro tiempo, pero como ellos mismos señalaron no existe una fórmula de aplicación general para todas las situaciones y países. Nos corresponde a nosotros a partir del desarrollo concreto de nuestras sociedades, y de la tradición intelectual y política de nuestra región encontrar de manera creadora las vías y formas más adecuadas que abran cauce a ese socialismo verdadero del siglo XXI al que aspiran nuestros pueblos.

Cualquier análisis que realicemos debe partir de nuestra historia y de los vínculos que a lo largo de los siglos se han forjado entre los países latinoamericanos y caribeños y que hacen de nuestra región la de mayor vocación hacia la integración poseedora de un patrimonio espiritual de una riqueza impresionante.

En Nuestra América, como nos identificó Martí, o en nuestro pequeño género humano, como nos caracterizó Bolívar, se asumieron las ideas de la Ilustración y se orientaron desde sus comienzos hacia la transformación del mundo a favor de la justicia. Fue en Nuestra América donde las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad de la Revolución Francesa adquirieron un alcance verdaderamente universal. Y es que si el siglo XVIII fue el siglo de la luces, en este lado del mundo el siglo XIX fue el de los fuegos, es decir, de los fuegos de Bolívar, y las luces de aquellos fuegos son las que necesita la actual centuria para enfrentar el drama de la humanidad.

En Cuba, tuvimos la ventaja de que las principales figuras que constituyen el núcleo fundador del pensamiento filosófico fueron también maestros y lo expusieron con fines pedagógicos de manera asequible. Recordemos a José Agustín Caballero, Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Martí. Ellos inauguraron en la tradición filosófica cubana el método electivo, que permite tomar lo mejor de los distintos sistemas pero sobre el fundamento de la justicia, principal categoría de la cultura.

A partir de estos antecedentes se impone hoy como una necesidad tomar lo mejor de todos nuestros próceres y pensadores integrándolo sin ismos excluyentes.

Comencemos con la caracterización que hizo Simón Bolívar de nuestros pueblos: El suceso coronará nuestros esfuerzos; porque el destino de la América se ha fijado irrevocablemente; el lazo que la unía a España está cortado (…) El velo se ha rasgado; ya hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas; se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos.

Y más adelante precisaba: Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares; nuevos en casi todas las artes y ciencias, aunque en cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil.1

En fecha tan temprana como el 11 de enero de 1861 Benito Juárez postuló: A cada cual, según su capacidad y a cada capacidad según sus obras y su educación. Así no habrá clases privilegiadas ni preferencias injustas (…).2

Socialismo es la tendencia natural a mejorar la condición o el libre desarrollo de las facultades físicas y morales.3

José Martí en su ensayo Nuestra América, publicado el 30 de enero de 1891, sentenció: Con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero. Con una frase de Sieyés no se desestanca la sangre cuajada de la raza india. A lo que es, allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien; y el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo se puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo, a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.4

Por su parte, Julio Antonio Mella, en artículo publicado a la muerte de Lenin, afirmó: No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones hechas en otros climas, en algunos puntos no comprendemos ciertas transformaciones, en otros nuestro pensamiento es más avanzado, pero seríamos ciegos si negásemos el paso de avance dado por el hombre en el camino de la liberación.5

Y el peruano José Carlos Mariátegui, desde su visión indoamericana, postuló: (…) el socialismo en América no puede ser calco y copia, sino creación heroica.

Tomando como punto de partida todo lo anterior, podremos emprender la tarea de organizar una reflexión filosófica que nos permita crear una plataforma histórico-cultural que sirva de fundamento a los procesos integracionistas en marcha y que hemos llamado el ALMA (Alternativa Martiana) del ALBA. Solo unidos podremos hacer frente a los colosales desafíos que tienen ante sí los pueblos de Nuestra América y hacer una contribución eficaz para evitar el colapso de las civilizaciones en el siglo que comienza. Es, por demás, la brújula que necesita el socialismo del siglo XXI.

Partiendo de estas premisas, la Primera Conferencia del ALMA efectuada en Monterrey en octubre del pasado año, y la segunda que se hará en Caracas el próximo mes de noviembre, están concebidas para promover, mediante la discusión colectiva, el análisis teórico acerca de las grandes transformaciones que necesitan América y el mundo. No se trata de un mero ejercicio teórico, sino de abrir cauce a la más amplia movilización de la sociedad para enfrentar los retos que significan la salvación de la especie humana y promover la lucha contra la pobreza, la marginalidad, la exclusión social, la violencia y la depredación de los recursos naturales y lograr un mundo mejor, caracterizado por la paz, el desarrollo sustentable, la justicia social, la solidaridad y el respeto a la dignidad plena del hombre. El legado intelectual de José Martí, se ha convertido en un referente ético y político para la consecución de ese mundo mejor al que aspiramos para las presentes y venideras generaciones.

1 Simón Bolívar, Carta de Jamaica, Kingston, 6 de septiembre de 1815.

2 Tomada de Benito Juárez, documentos, discursos y correspondencia, obra en 15 tomos, compilada por Jorge L. Tamayo, editada por Presidencia de la República Mexicana entre 1972 y 1975.

3 Ibídem.

4 José Martí. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t. 6, p. 17.

5 Julio Antonio Mella. “Lenine coronado”. En Mella. Documentos y artículos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 87-88.

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