En busca de la reina perdida

Luego de años de ausencia y no pocas incertidumbres, la piña recupera su trono en las llanuras de Ciego de Ávila

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— El cielo amaneció plomizo y el aire trajo anuncios de lluvia. Un pequeño grupo de personas se aglomeró en las puertas del mercado estatal agropecuario (MAE) No. 14 en la capital provincial. Algunos miraron las nubes grises, pero su interés estaba en los avisos del dependiente. «Pasen», anunciaron por el mostrador.

Varias mujeres y tres hombres se dirigieron apresuradamente hacia el interior de la placita. Se mezclaron con los que permanecían dentro; sin embargo, para muchos el interés estaba al costado derecho. Varios quintales de piña se amontonaban en una tarima, con su olor dulce y penetrante. Las coronas se veían largas y con puntas afiladas, y las superficies de las cáscaras mostraban los tonos amarillos de la maduración.

Una mujer gruesa con pulóver blanco escogió algunas piñas. Enfrente de ella un hombre tomó un ejemplar de la fruta, lo acercó a los ojos y empezó a revisarlo con detenimiento. La mujer indagó: «¿Son de Villa Clara o de Matanzas?». Y el hombre miró con el rabillo del ojo.

Un estibador del mercado pasó con prisa. Tenía el rostro bañado en sudor, respiraba agitado y en las ropas se observaban manchas de plátano. Al escuchar la pregunta no detuvo el paso. Solo se viró un poco para responder: «No, son de aquí, de Ciego».

El emblema ausente

Los inicios de la década de los 90 aparentaron un futuro feliz para la piña en Ciego de Ávila. En 1991 se acopiaron 676 000 quintales; y a juzgar por las páginas de Invasor, el periódico de la provincia, la cosecha fue uno de los acontecimientos del territorio. Cada paso de la campaña, cada partida en grande, hasta los detalles pequeños fueron reflejados en amplios titulares.

«Esa fue la mayor cantidad recogida en Ciego de Ávila después de 1959, pero más tarde llegó el declive», expresa el ingeniero Quintín Domínguez Martín, director de la Unidad Empresarial de Base (UEB) de la Piña, perteneciente a la Empresa Citrícola de Ciego de Ávila.

A partir de esa fecha los niveles fueron cuesta abajo, ante la mirada de consternación de los avileños. El impacto de la ausencia de la fruta que identificaba a la provincia llegó al punto de hacer pensar si era permisible que el equipo de pelota del territorio mantuviera en su uniforme el dibujo de la bromeliácea.

Así, en medio de esperanzas fugaces, llegó el año 2005, cuando se recogieron 7 000 quintales, una cifra irrisoria en comparación con los promedios históricos de la provincia. La crisis conllevó a importar piña de Villa Clara y Matanzas para atender la demanda del territorio.

De acuerdo con los especialistas, las causas del declive no estaban solo en la falta de insumos y mecanismos económicos para incentivar la productividad. Los suelos donde tradicionalmente crecían los piñales se encontraban agotados para ese tipo de cultivos. Pero existía una causa más profunda. El material genético del cual se obtenían las posturas había envejecido.

«Es como si se tuviera una anciana con achaques, a la que se le exigiera que todos los años diera hijos —explica Domínguez Martínez—. Por supuesto, se registraban nacimientos muy bajos y las frutas que lograban germinar eran pequeñas y con poca calidad. Así no se podía crecer. Por eso, antes de tomar cualquier decisión, primero había que responder una pregunta: ¿Qué hacer con la piña?».

Los caminos del trono

En abril se inició la cosecha. Según los estimados, en Ciego de Ávila deben recogerse este año más de 40 000 quintales de piña, de los cuales poco menos de la mitad pertenecen al sector cooperativo y el resto (unos 25 000) al estatal. Las cifras tienen un significado: son los primeros volúmenes obtenidos por completo en la provincia, incluido su material genético.

«Se observa una recuperación —apunta Liubel Rodríguez Rivero, director de la Empresa Provincial de Acopio—. Aún no se llega a cubrir la demanda de la población, porque una parte importante de la cosecha se destina a la industria para la sustitución de importaciones, pero ya no se tiene que importar piña. Desde febrero la que se vende en los MAE es de la provincia».

Un recorrido por distintos mercados de la capital provincial confirma la presencia de la fruta y su origen. Según los trabajadores del MAE No. 3, uno de los más concurridos, con promedio de 8 000 pesos diarios de venta, todas las semanas reciben surtidos de la bromeliácea de la variedad Española Roja, que es la cosechada hoy por el sector campesino.

Pero la llegada de la reina transitó por diversos cambios. La Empresa de la Piña desapareció y su estructura productiva se unificó a la Empresa Citrícola de Ciego de Ávila, con mayor solvencia y en capacidades de asegurar los paquetes tecnológicos del cultivo.

Los terrenos tradicionales se movieron a otros campos en condiciones de recibir las plantaciones. Además se modificó la estructura de la producción. Si antes se cultivaba solo por el sector estatal y en una zona específica, ahora los cambios extendieron las plantaciones de piña a varios municipios de la provincia, atendidos no solo por el Estado sino también por campesinos.

También se transformaron los sistemas de pago en el sector estatal. Ahora los obreros agrícolas perciben ingresos por un sistema de normas. Hoy los ingresos de los trabajadores vinculados directamente a la producción pueden superar los mil pesos mensuales.

Para la obtención de nuevas posturas y la preparación de los cooperativistas que se iniciaban en el cultivo, la Empresa Citrícola se apoyó en la experiencia del campesino Ramón Javier García (Mongui), de la provincia de Villa Clara y uno de los más destacados del país por sus producciones de piña.

Ahora, de acuerdo con los especialistas y directivos de la Empresa Citrícola, el material genético es nuevo y con capacidad de incrementar los rendimientos. A la variedad Española Roja —muy resistente a la sequía— se le une la MD-2 Cayena Lisa, con buenas propiedades de tamaño y nivel de jugo y alta productividad en cosecha.

«La intención es que para 2012, entre la piña en producción y la ubicada en áreas de siembra, se alcancen las 2 000 hectáreas —explica Quintín Domínguez Martín—. Así hablaríamos de cosechas de entre 200 000 y 300 000 quintales, que eran los niveles normales de producción. Entonces la piña ya estaría de completo regreso en Ciego de Ávila».

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