Las manos hábiles que se necesitan

Hace dos cursos escolares la Enseñanza Técnica-Profesional comenzó un grupo importante de transformaciones para elevar la calidad de sus graduados. Alexander Manso, director de ese tipo de formación, explicó la puesta en práctica de estos cambios y sus primeros resultados

Autor:

Margarita Barrios

La necesidad de reorganizar la pirámide educacional, es decir, preparar el número de técnicos y obreros en concordancia con la cantidad de profesionales que requiere el país, llevó a un profundo trabajo de orientación vocacional con aquellos jóvenes que culminaron el pasado curso escolar el noveno grado.

De ese modo, un 58 por ciento de la matrícula continúo sus estudios en los politécnicos y el 42 por ciento fue al preuniversitario.

Alexander Manso Díaz, director de Enseñanza Técnica-Profesional (ETP), expresó a la prensa que se realizó un amplio trabajo vocacional, para explicar a los estudiantes y sus familias las potencialidades de esos estudios, porque había un gran desconocimiento acerca de esas especialidades y sus posibilidades de empleo.

«El resultado fue que la ETP tiene hoy una matrícula de más de 231 000 estudiantes y de ellos más de 20 000 se preparan como obreros calificados. Estas cifras no tienen precedentes en los últimos 20 años.

«El nuevo ingreso fue de más de 66 000 estudiantes, entre los que se incluyen 7 000 jóvenes de las nuevas Escuelas Formadoras de Maestros Primarios. En las especialidades priorizadas, como agroindustrial, se cubrió el 98,2 por ciento de las plazas, y en construcción el 97 por ciento.

«La enseñanza cuenta con 47 especialidades de ETP. Tenemos 377 politécnicos puros y 59 escuelas de oficios. De los 366 centros mixtos, en 193 está incluida la enseñanza técnica».

Manso aclaró que los centros mixtos tienen como objetivo acercar la formación a la zona de residencia del joven; con estos disminuye el número de los alumnos internos y se reducen gastos, así como se aprovecha mejor al maestro, que puede impartir clases en más de un nivel educacional.

Con relación al actual curso escolar, el funcionario dijo que continúa el trabajo político y de explicación a quienes culminarán el noveno grado. «Sabemos que en las aspiraciones de la familia y de los jóvenes muchas veces no está la enseñanza técnica.

«El ingreso será acorde con la demanda de los organismos de la Administración Central del Estado, pero la tendencia es mantener una cifra similar. Además debemos incluir por dónde se va a mover el trabajo por cuenta propia; es algo que se está estudiando en cada territorio».

Transformaciones necesarias

Hace dos cursos escolares comenzaron las transformaciones en la Enseñanza Técnica-Profesional con el objetivo de prestigiarla, elevar la preparación de los graduados y lograr así que se cumpla su objeto social: garantizar la fuerza de trabajo calificada de nivel medio y medio superior que necesita el país.

«Los cambios ocurrieron en varios componentes básicos del modelo. El principal, y que influyó en el resto, fue el realizado en los planes de estudio, los cuales comenzaron en el curso anterior», explicó Manso.

«Se eliminó el bachiller técnico, toda vez que tenía un alto componente de tiempo de asignaturas de formación general, que iban en detrimento de las técnicas, las cuales son la razón de ser de nuestros graduados.

«Los nuevos planes de estudio tienen una duración de tres años y cuatro meses, con graduaciones en diciembre; antes eran de cuatro años. Y debo precisar que fueron elaborados con la participación de especialistas de la producción de los organismos de la Administración Central del Estado, que son los rectores de las especialidades».

Manso añadió que también se incorporaron dos elementos vinculados a las evaluaciones, los cuales deben propiciar un salto de calidad en los graduados. «En cada año de estudios se realiza una tarea integradora, que es la solución de un problema específico de la especialidad, en la cual debe incluir los contenidos de las asignaturas, y su complejidad aumenta en la medida en que van avanzando.

«El otro componente importante es culminar los estudios con un examen final estatal, que es la solución de un problema práctico de la especialidad, con la integración de los contenidos de todas las asignaturas».

Acorde con las necesidades de la economía del país, la ETP priorizó tres especialidades: agropecuaria, construcción y contabilidad.

Manso precisó que las especialidades agropecuarias se llevaron a todos los municipios del país, excepto en Ciudad de La Habana, donde solo se estudia en Boyeros y La Lisa, pero con matrícula de toda la capital.

«Debido a la inversión que tiene prevista el país en el ferrocarril y la necesidad de fuerza de trabajo calificada para ese sector, nos dimos a la tarea de rescatar la formación de esta especialidad.

«En este curso lo estamos haciendo con especializaciones de un año en cuatro politécnicos: Ciudad de La Habana, Villa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba, pero con estudiantes de todo el país. Tenemos una matrícula de 318 en Explotación del transporte ferroviario y 180 en Mantenimiento y reparación».

La clave está en la prática

El graduado de ETP tiene que saber hacer con las manos. Para ello es imprescindible disponer de las máquinas y herramientas necesarias para realizar las clases prácticas.

Ante la imposibilidad de dotar a los centros escolares de la tecnología necesaria, se crearon las aulas anexas en los futuros organismos empleadores, donde los especialistas de la producción imparten docencia.

Manso explicó que están funcionando 2 900 aulas anexas en todo el país. «No es un local con sillas y pizarra. Hay lugares donde es así, y perfecto, pero el objetivo es que los estudiantes interactúen con la tecnología en el taller, en el organopónico… y adquieran las habilidades.

«Contamos con 2 972 especialistas de la producción que están impartiendo docencia, la mayoría en las aulas anexas y otros en los mismos centros escolares.

«El seguimiento de estas clases en los centros laborales es un enorme reto para el MINED, pues allí suceden procesos formativos que la escuela tiene que rectorar».

El necesario obrero calificado

Otra importante transformación ocurrió en la especialidad de obrero calificado. Tradicionalmente el joven matriculaba con noveno grado y recibía una preparación para empezar a trabajar. Ahora tiene la posibilidad de incorporarse de inmediato a cursar el técnico de nivel medio en especialidades afines y lo realiza en dos años y medio, lo cual hace más atractivos estos estudios.

«No es lo mismo el obrero calificado que el graduado de obrero calificado en la escuela de oficios», aclaró Manso. «Esas son para estudiantes desfasados, con al menos dos años de retraso escolar o procedentes de la Educación Especial. Entran de primaria y de cualquier año de secundaria, se les completa la formación hasta noveno grado y se gradúan como obreros calificados.

«Eso es diferente al obrero calificado que damos como continuidad de estudios al que termina noveno grado y que normalmente se hace en los politécnicos, aunque también tenemos obreros calificados de continuidad de estudios en las escuelas de oficios».

Retos y prioridades

Alexander Manso significó que la principal deficiencia que tiene hoy la ETP es el funcionamiento interno de las aulas anexas. «Es indiscutible que logramos una mayor calidad en el aprendizaje, porque están interactuando con la tecnología, pero todavía es insuficiente la rotación por los puestos de trabajo; por lo tanto es una prioridad del curso escolar el seguimiento al funcionamiento “por dentro” de esta nueva experiencia.

«Sabemos que se cumple lo esencial: hay un profesor, se controla la asistencia, pero es imprescindible que el joven aprenda todo lo que está en su plan de estudios.

«También tenemos que garantizar que el especialista de la producción que imparte docencia se prepare en la didáctica, la metodológica y la pedagógica, para que interactúe como un maestro con sus alumnos».

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