El país que queremos

Con la misma inteligencia con que se levantan los cimientos de un edificio, los obreros del contingente de la construcción Julio Díaz hurgaron en los problemas de Cuba y se proyectaron hacia el futuro que deseamos los que vivimos en esta Isla

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Mentes tan ágiles como sus brazos. Con esa poderosa combinación, los trabajadores del contingente de la construcción Julio Díaz, pusieron cada piedra en el justo lugar, y así construían el país que tanto sueñan. Durante el análisis de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, cada obrero técnico, ingeniero o personal de servicio habló con la sinceridad y la pasión con que se asume el proyecto de toda una vida.

Al abordar el modelo de gestión económica que proponen los Lineamientos, Silvio González Espinosa, vicedirector de Recursos Humanos del contingente, resaltó la importancia de volver a la planificación de la economía por parte del Estado y «las estructuras intermedias».

Manifestó su confianza en un modelo de gestión en el que se potencie la autonomía de las empresas y su autoabastecimiento. «Estamos a tiempo de rectificar», aseguró, calentando la tarde que comenzaba a ser asaltada por un fuerte aguacero invernal.

Muchos abrazaron el criterio de que la retribución salarial y material debe estar de acuerdo con lo que trabaje cada persona. Eliécer Castellanos aseguró que esa es una receta infalible «si se quiere lograr un despegue productivo en todos los sectores», que a juicio de varios trabajadores, es una premisa fundamental para que los precios de los productos bajen.

Castellanos no subestimó el estímulo moral, pero alegó que «llegamos a un momento que si no se paga bien la gente no trabaja. Cuando se pague bien, habrá un despegue productivo, de lo contrario estaremos hablando por gusto. La conciencia jugó un papel en su tiempo, y eso no quiere decir que aún no se trabaje con conciencia, pero hoy la conciencia es la situación económica de cada cubano, de cada hogar».

«No es que la gente está metalizada, pero los precios están muy altos y se necesita dinero para comer o comprarle un par de zapatos a mis hijos», consideró.

La dualidad monetaria fue otra de las cuestiones que más saltó en el debate. «Nos golpea mucho», dijo Eliécer. Mario López y Mercedes González también se mostraron muy preocupados sobre el tema.

Enrique Logaz Chavarría se refirió a la necesidad de una economía eficiente para poder llegar a la unificación de la moneda. «Lo que en un momento fue necesario tiene que desaparecer con la productividad del trabajo, porque de lo contrario habrá mucho dinero en la calle y pocos productos que comprar».

Tomar la educación de la mano

La necesidad de recuperar una educación de calidad como una garantía para el desarrollo social del país estuvo entre las preocupaciones más urgentes planteadas por Damaris Carrión.

Esta trabajadora se refirió a la subvaloración de los profesores, y recordó con nostalgia cómo antes «el maestro era considerado una personalidad, igual que un médico, y gozaba de gran prestigio social, lo cual ya no ocurre».

También se refirió a que la educación debe ser un proceso en el que intervengan conjuntamente la escuela y la familia, y alertó que hoy muchos padres le han dejado esa función completamente al maestro, «y no puede ser así», enfatizó.

Mercedes González resaltó la necesidad de que en cada territorio se forme el personal docente necesario para satisfacer las demandas en los diferentes centros educativos.

Ambas mujeres hicieron énfasis en la formación vocacional desde las más tempranas edades, para lograr graduar «buenos maestros», que le devuelvan a la educación la calidad perdida. El rescate de los círculos de interés desde la enseñanza primaria fue una de las soluciones planteadas.

Damaris también defendió el fortalecimiento del profesor en el aula, alegando que los materiales audiovisuales deben ser considerados como un complemento de la labor educativa, y no como el sustituto del maestro, al tiempo que exhortó al rescate de una amplia base material de estudio como láminas, mapas, telescopios, que enriquezcan la impartición de clases y ayuden a afianzar los contenidos.

La calidad del servicio de salud fue otro de los focos de atención. Enrique Logaz Chavarría advirtió sobre problemas en la asistencia, pues en ocasiones cuando se asiste a una consulta en el horario establecido, el especialista no se encuentra porque este irrespeta los horarios, comentó. Mientras, Irene Muñoz habló sobre la importancia de estimular monetariamente a los profesionales de ese sector tan vital.

Yosvany Francis Valdés resaltó que debe haber un mejor control administrativo en las instalaciones sanitarias, pues afirma que al poco tiempo de su restauración algunas sufren deterioros significativos.

Desde el punto de vista de los costos y gastos, Logaz Chavarría agregó: «Siempre escuchamos decir que la medicina en nuestro país es gratis, pero no todos tienen conciencia de lo que cuesta al país brindar esos servicios sin cobrar un centavo. Algunos médicos orientan hacer un ultrasonido, una placa o un somatón (resonancia magnética nuclear), que en ocasiones pueden causar daños, para hacer diagnósticos en los cuales no son imprescindibles estos y otros exámenes».

Política de inversiones

Eliécer Castellanos fue defensor de darle un vuelco a la política inversionista, que hoy tiene muchas insuficiencias. Habló de la poca preparación técnica y profesional de algunos cuadros para dirigir las obras, las cuales arrancan en ocasiones sin tener en cuenta la disponibilidad necesaria de fuerza de trabajo y recursos materiales para que estas «no se paren».

«A veces los recursos materiales están en el exterior y está programada la realización de una obra antes de que esos recursos lleguen al país. Eso es una realidad», ejemplificó.

Sobre este punto también hablaron los obreros Mario López y Pablo Torres, mientras Carlos Chacón Castañeda se refirió además a «la prepotencia» de algunos que ordenan sin tener los conocimientos necesarios, ni escuchar los criterios de los entendidos en el tema, y por tanto el resultado es malo, «y nadie responde por eso».

Julio Balboa valoró como «vital» la aplicación de la licitación de los servicios de diseño y construcción entre las empresas cubanas, «pues se están ejecutando muy malos proyectos». El ingeniero hizo hincapié en la necesidad de que se realicen concursos en los que se seleccionen los mejores proyectos y se premie el talento, algo que hasta ahora, aseguró, solo se viene realizando cuando se trata de planes de obras dedicadas al turismo.

Pedro Espinosa dijo que había que respetar la programación de las obras, pues los denominados «maratones» atentan contra la calidad. «Las obras tienen que cumplirse en un tiempo razonable y con los materiales a pie de obra. La calidad comienza desde el cimiento».

Ahorras más

La premisa de ahorrar divisas con el impulso de nuestras producciones que eviten gastos innecesarios en el exterior fue lanzada por Enrique Logaz Chavarría, quien siempre  tenía un criterio que compartir.

En cuanto a la política de Ciencia, Tecnología e Innovación, exhortó a generalizar la aplicación de muchos resultados de investigaciones en varios sectores, lo cual puede evitar una compra costosa de un producto en el exterior cuando es posible y más barata su elaboración aquí.

Al respecto alertó sobre el comportamiento, «para nada ético», de algunos directivos de empresas que «prefieren enviar al extranjero a una persona por amiguismo para beneficiarlo. Hay que trabajar para erradicar ese mal», dijo.

Al referirse a la política económica externa, alegó la urgencia de que las personas que negocien en el extranjero o vayan a comprar determinados productos y equipos tengan los conocimientos necesarios para asumir esa tarea. De lo contrario, se corre el riesgo de que se importen al país bienes de poca calidad porque son más baratos. «Si se compra así, luego habrá que gastar más, pues los equipos se rompen rápido».

En esa misma línea de análisis, Mario López puso el ejemplo concreto de su centro de trabajo, adonde han llegado instrumentos de trabajo comprados en el exterior que no son acordes con las labores que se desempeñan allí.

Buscando la invulnerabilidad alimentaria

En cuanto a la política agroindustrial fue un consenso la necesidad de producir más alimentos para alcanzar la invulnerabilidad en ese sector, pues hoy se gasta mucho en el exterior comprando productos que pueden ser obtenidos aquí.

No obstante, Fernando López mostró su preocupación por los precios de las herramientas y equipos de los campesinos, que consideró «muy elevados».

Mientras Pedro Ángel Espinoza defendió la agilización de los mecanismos de distribución para evitar la pérdida de alimentos.

Mario López explicó que los precios de la comida están «muy altos», y se preguntó si los productos cuya venta ha sido liberada, como el jabón, tendrán un suministro estable que impida el acaparamiento por algunos sectores con mayor poder de adquisición, para luego venderlos más caros en caso de escasez del producto.

Revitalizar el transporte

Muchas opiniones tocaron el ineficiente mantenimiento técnico de los ómnibus urbanos y a la escasa disponibilidad de piezas.

Reinaldo Ruiz comentó que existe gran indisciplina en el transporte estatal, pues los choferes de esos medios hacen caso omiso a los inspectores (los azules), y por tanto se niegan a transportar a personas necesitadas de llegar temprano a su centro de trabajo o de estudio.

Damaris Carrión alegó que en las provincias «se eliminaron los “amarillos” (inspectores) ¿Por qué? No sé».

Asimismo, agregó que algunos ómnibus cuestan un peso, lo que consideró alto teniendo en cuenta el salario medio, e indicó que en el caso de los ómnibus de la capital, muchos ciudadanos no pagan el transporte, mientras la recaudación no llega completa al Estado cuando «algunos choferes extienden la mano para cobrar y se embolsillan el dinero».

Por último, Blanca Virgen Ballán denunció que los choferes de camiones estaban cobrando más de lo establecido y que no respetaban las tarifas por kilometraje.

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