«Secuestradores» naturales

Los bosques nos brindan diversos servicios. Uno muy importante es la «remoción» del carbono atmosférico, aspecto clave para mitigar el cambio climático

Autor:

Juventud Rebelde

La especie humana ha estado siempre relacionada con los árboles y los bosques. De los árboles aprendieron a servirse nuestros ancestros para alimentarse con sus frutos, emplear las hojas y raíces para curar sus dolencias y las ramas para hacer fuego con el que cocer sus alimentos y ahuyentar a las fieras. Con el tiempo el hombre aprendió a hacer objetos de madera y a construir sus viviendas y embarcaciones empleando troncos de árboles. Hasta la Revolución Industrial, la biomasa forestal fue la principal fuente energética utilizada por el hombre.

Los bosques desempeñan un rol esencial para la especie humana y aportan significativos beneficios. De estos se extrae la materia prima para hacer el papel de los libros, los lápices y los muebles de nuestras casas. Los árboles protegen las fajas hidrorreguladoras de los ríos, fijan el nitrógeno al suelo haciéndolo más fértil y captan parte del carbono emitido al quemar los combustibles fósiles. Además, atenúan el efecto de la «isla de calor» en áreas urbanas haciéndolas más confortables con un menor uso de energía eléctrica.

Amenazas

Un 31 por ciento del área terrestre de nuestro planeta está forestada. Por cada mil personas hay 597 hectáreas de bosques. La Federación Rusa, Brasil, Canadá, Estados Unidos de América y la República Popular China, tienen el 52 por ciento de los bosques del mundo. Sin embargo, los bosques están amenazados por la extracción no sostenible de madera, el cambio del uso de la tierra y los incendios forestales.

La mayor causa de la deforestación es la quema de los bosques para convertirlos en áreas agrícolas, para el pastoreo y para producir alimentos (fundamentalmente para el ganado), o biocombustibles líquidos. En el caso de las plantaciones de palma aceitera en Indonesia, la destrucción deliberada de sus bosques y turberas (combustible fósil que se forma por la acumulación de materia orgánica parcialmente descompuesta), provoca grandes emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, la pérdida del hábitat de animales en peligro de extinción y problemas sociales. Es absurdo drenar las turberas para crear tierra agrícola y dar espacio a monocultivos de palma aceitera destinadas a la producción de biodiésel. Su uso tendría como fin mitigar el cambio climático, pero el resultado real es un aumento neto de las emisiones de CO2.

En Cuba

Cuando los conquistadores españoles llegaron a Cuba en 1492, quedaron admirados por el espectáculo que la naturaleza les mostró. «Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto», exclamó uno de aquellos aventureros ante la exuberante vegetación que se estima cubría más del 90 por ciento del territorio. En 1959 apenas quedaba el 14 por ciento de toda aquella riqueza forestal. Hoy el 26,3 por ciento del territorio nacional está cubierto de bosques.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en inglés), reconoce a Cuba como el país con mayor proporción de área de bosque designada para funciones protectoras en América Latina y el Caribe. El último bosque tropical lluvioso original que existe en el Caribe, está en el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, en la región montañosa Moa-Sagua-Baracoa. Su preservación es esencial para el equilibrio ecológico de esa región. Por eso se abandonó la ejecución de la hidroeléctrica de 250 MW que se concibió construir allí, pues habría provocado un gran impacto ambiental, como advirtió oportunamente el Doctor Antonio Núñez Jiménez.

Nuestras áreas boscosas naturales más importantes están en la Sierra Maestra, la Sierra Cristal, el Escambray y la Ciénaga de Zapata. Pinar del Río es la provincia que más bosques posee. El área protegida y sitio RAMSAR Victoria de Girón, que abarca la Ciénaga de Zapata y cuenta con poco más de medio millón de hectáreas de bosques y turberas, tiene el mayor patrimonio forestal del país.

Como una buena acción

Sobre los bosques, José Martí expresó: «El bosque vuelve al hombre a la razón y a la fe y es la juventud perpetua. El bosque alegra, como una buena acción». Martí comprendió la importancia de los bosques en la estabilidad del clima e indicó cómo debemos cuidarlos: «Los colonos de Australia están prestando grande atención a lo que debieran prestarla todos los habitantes de comarcas agrícolas: a la conservación de sus bosques. No tratan con esto sólo de asegurarse para lo futuro madera buena y abundante, sino en evitar los males que acarrea la pobreza de árboles, sequedad en el clima, larga escasez de lluvias, fuegos en las selvas y cosechas ruines. Los cortadores de madera deben estar, como están en todos los países productores de madera exportable, sujetos a leyes rigurosas y a estrecha vigilancia, que hagan que el corte se efectúe de modo que se preserve el bosque original, y se tienda a la reposición de las maderas que se arrancan. Los especuladores, por cortar mucho, cortan árboles sin razón o ya pasados, y los cortan fuera de estación, sin cuidarse de sembrar en la medida en que van cortando».

Alternativa de bajo costo

Otro de los beneficios que nos prestan los ecosistemas de bosques, es el de servir de «pulmones» del planeta. Al realizar la fotosíntesis, los árboles captan la energía solar, absorben el CO2 de la atmósfera y el agua y los nutrientes del suelo, desprendiendo oxígeno. El carbono es «retenido» en la biomasa aérea (troncos, ramas y follaje) y en la biomasa soterrada (raíces). También retienen carbono la llamada «necromasa» (árboles muertos y hojarasca) y la materia orgánica del suelo.

Brasil es el país cuya «biomasa forestal viva» fija más cantidad de carbono, con unos 62 000 millones de toneladas. Pero la deforestación del Amazonas ha disminuido su capacidad de retener carbono en ocho por ciento desde 1990, según datos del informe State of the World Forests 2011 de la FAO. La biomasa forestal viva de los bosques cubanos almacena, según el mismo documento, 226 millones de toneladas de carbono, el doble que hace 20 años. Cuando los bosques se manejan de forma sostenible son un sumidero de carbono, pero se pueden convertir en fuente emisora cuando se destruyen o se degradan. La biomasa forestal sosteniblemente gestionada, puede ser gasificada (o combustionada) y utilizada como portador energético para generar electricidad sin provocar emisiones netas de CO2 a la atmósfera.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC en inglés), considera a la conservación y expansión de los bosques naturales adultos o de los bosques artificiales, como una importante alternativa de bajo costo para reducir el contenido de carbono en la atmósfera. El siguiente ejemplo ilustra el rol que podrían desempeñar los bosques en la mitigación del cambio climático.

Según la Agencia Internacional de Energía, la generación eléctrica a base de energía nuclear y la captura y «secuestro geológico» de carbono evitarían, en el horizonte del año 2020 respecto a un escenario de referencia de emisiones y proyecciones energéticas, emitir a la atmósfera 595 millones de toneladas de CO2, a un costo de 181 000 millones de dólares. Este mismo efecto se podría lograr de una manera relativamente más sencilla y económica: ¡plantando árboles! Suponiendo que cada hectárea retenga diez toneladas de carbono al año, haría falta plantar 60 millones de hectáreas, o sea un 0,46 por ciento del área terrestre mundial.

Lester Brown, presidente del Earth Policy Institute, indica en su libro Plan B 4.0 que plantar árboles con el fin de «remover» de la atmósfera 860 millones de toneladas de carbono para 2020, requeriría de unos 17 200 millones de dólares al año. Estos deberían ser invertidos por los países desarrollados, principales causantes de la mayor parte de las emisiones. Remover los 595 millones de toneladas de CO2 (162 millones de toneladas de carbono) antes mencionados, costaría unos 3 200 millones de dólares, o sea un 1,7 por ciento de la inversión en construir centrales nucleares e instalaciones de Captura y Secuestro de Carbono. Se podría disponer entonces de unos 178 000 millones de dólares para desarrollar e implementar a mayor escala, tecnologías para aprovechar las fuentes renovables de energía, entre estas la gasificación de la biomasa forestal. Estas serían vías menos riesgosas de producir electricidad de forma descentralizada, generando empleos a escala local a la vez que se protege el clima global. Parte de ese dinero se podría dedicar también a programas educativos para modificar percepciones, actitudes y promover un uso cada vez más racional de la energía.

Por otro lado, los productos que se obtienen del bosque retienen el carbono durante años e incluso siglos. Sustituir con madera, siempre que sea posible, materiales como el plástico, el aluminio o el cemento, reduce las emisiones de carbono «asociadas» a los procesos de fabricación de los mismos, si se hace de manera sostenible.

Volviendo a Cuba hay que decir que nuestro mayor «almacén» de carbono es la Ciénaga de Zapata. Su biomasa y sus suelos «guardan» más de 140 millones de toneladas de carbono debido esencialmente a sus yacimientos de turba. En un momento se previó emplear este combustible fósil para producir electricidad, pero por fortuna el proyecto fue abandonado.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente lanzó la Campaña por el Billón de Árboles y espera plantar 12 000 millones de árboles en el mundo. La campaña se desarrolla con éxito en varios países y Cuba, con unos 100 millones, es el quinto país que más árboles ha plantado de manera absoluta.

Los bosques nos ayudarán a preservar el agua y el suelo, a tener ciudades más confortables, a purificar el aire y a mitigar el cambio climático. El poeta indio Rabindranath Tagore dijo: «Los árboles son el esfuerzo interminable de la tierra para hablarle al cielo que escucha». Urge protegerlos.

* El autor es especialista de CUBAENERGÍA y miembro de CUBASOLAR

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