Una joya de la patria

Los periodistas cubanos y quienes se preparan para esta profesión honraron a Juan Gualberto Gómez en el aniversario de su muerte

Autor:

Ivyliet Ventura Kessel

El periodismo llegó a Juan Gualberto Gómez quizá por un azar de la vida, de esos que nos cambian planes preconcebidos para imponerse de a poco en nuestra existencia.

El hijo de esclavos, que había nacido libre, llegó a París para convertirse en carruajero. Sin embargo, las penurias económicas familiares impidieron costear el aprendizaje. Fue entonces cuando el oficio de la palabra arribó a su vida como una forma para mantener su estancia en la capital francesa.

Tal vez cuando Juan Gualberto escribió el primero de sus trabajos periodísticos no sospechaba que en su pluma encontraría una forma de lenguaje propio que le serviría de trinchera personal en los tiempos de la necesaria guerra del 95, de la lucha contra la ignominiosa Enmienda Platt o a la hora de entrelazar como hermanos a negros y blancos.

Cuentan historiadores que el periodismo de Juan Gualberto era de un estilo claro y suelto. Aquel hombre criado entre las palmas del ingenio Vellocino poseía la medida exacta de sus palabras para abordar un tema determinado.

En su periódico La Fraternidad era un director que sabía exigir y enseñar a sus subordinados, una cátedra viva, como lo catalogaron aquellos que tuvieron el privilegio de ser testigos directos de su labor periodística.

Juan Gualberto fue ante todo un hombre de elevados principios democráticos, perseverante en sus propósitos y fiel a sus ideales.

Sobresalió también como orador. Sin embargo, tanto en el periódico como en la tribuna, su profesión de fe independentista y la lucha por la igualdad racial encaminaron sus prédicas. En esos quehaceres no se puede desligar su figura de la de José Martí.

El Apóstol vio en Juan Gualberto a su hombre de confianza para encaminar sus anhelos de independencia en la Isla mientras él unificaba a los cubanos desde el exilio. Para referirse a su hermano negro, nuestro Héroe Nacional utilizó en una ocasión una frase corta e imperecedera: «Usted es uno de mis orgullos».

¿Qué se puede decir hoy ante el silencio sobrecogedor de su tumba? ¿Qué palabras son las precisas para honrar a este hombre de excelsa figura que dejó a su paso por la historia las pautas para hacer un periodismo de la mano del decoro y la valentía?
Los que amamos esta profesión percibimos en Juan Gualberto Gómez al hombre de acción que, aun siendo un anciano, no podía despegarse del mejor oficio del mundo e iba a entregar sus trabajos en la revista Bohemia, en cuya sede están hoy las aulas de los que aprendemos de su magisterio.

Vivo se mantiene el ejemplo de abnegación de este tribuno, periodista y legislador visionario que no se amilanó ante los obstáculos e ingratitudes de quienes querían borrar su nombre de la palestra pública.

El 5 de marzo de 1933 murió, como lo llamara Martí, «una joya de la patria», que desde la trinchera periodística, y con voz de virtud «juntó y amó, para vivir, en la pasión de la verdad». Toca a todos nosotros ser continuadores de ese legado.

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