Expresa el Papa Benedicto XVI su felicidad por realizar viaje a Cuba, durante misa en la Plaza Antonio Maceo

Agradeció el Santo Padre la dedicación, sobre todo espiritual, con que se preparó su visita a la Isla y la presencia en la Eucaristía de las autoridades cubanas, encabezadas por el Presidente de nuestro país, General de Ejército Raúl Castro

Autor:

Juventud Rebelde

Doy gracias a Dios que me ha permitido venir hasta ustedes y realizar este tan deseado viaje, expresó Su Santidad Benedicto XVI al iniciar su homilía en la Plaza Antonio Maceo, de Santiago de Cuba.

El Santo Padre agradeció al Arzobispo Dionisio Guillermo García Ibáñez sus palabras de acogida, así como a los obispos cubanos y a los venidos de otros lugares, sacerdotes, seminaristas, fieles y laicos presentes en la eucaristía.

No puedo olvidar a los que por enfermedad, avanzada edad y otros motivos no han podido estar con nosotros, así como a las autoridades que gentilmente han querido acompañarnos, añadió.

Mi visita pastoral coincide con el Año Jubilar que honra a la Virgen patrona de Cuba, dijo, en el 400 aniversario de su hallazgo y presencia en estas tierras benditas.

No ignoro el sacrificio y dedicación con que se ha preparado este jubileo, especialmente de manera espiritual, precisó.

Conozco el amor con que Maria ha sido saludada por tantos y tantos cubanos por todos los lugares de la Isla en su peregrinar, señaló, acontecimiento con lo cual Cuba se ve iluminada de inusitado resplandor.

Luego hizo referencia a la Anunciación del Señor a través de la Virgen María, y comentó los evangelios leídos en la eucaristía.

Resulta conmovedor ver cómo Dios no solo respeta la libertad humana sino la necesita, y cómo con la existencia terrena está marcando a la voluntad del Padre, que es la manera de abrir las puertas del mundo a la salvación, dijo.

«Dios nos ha creado como fruto de su amor infinito, por eso es el camino para encontrar nuestra genuina realidad en él», afirmó.

«Apartarse de Dios nos aleja de nosotros mismos, y nos precipita en el vacio. La obediencia es la verdadera libertad y nos permite el amor», dijo.

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