Sonrisas en el Ocujal del Turquino - Cuba

Sonrisas en el Ocujal del Turquino

En los sitios más intrincados de la geografía cubana, escuelas primarias con alumnos de diferentes grados son atendidos simultáneamente por una sola maestra en una misma aula. La Camilo Cienfuegos, en medio de las montañas santiagueras, es una de ellas

Autores:

Susana Gómes Bugallo
Yuniel Labacena Romero

En un lugar de Ocujal del Turquino, de cuyo nombre queremos acordarnos siempre, se levanta la escuela primaria multigrado Camilo Cienfuegos. Allí, 17 infantes regalan cada día al amanecer una eterna sonrisa, como la de ese hombre cuyo nombre lleva su centro de estudio.

Cuando los muchachos de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana invadimos el sitio, perteneciente al municipio de Guamá —a más de cien kilómetros de la ciudad de Santiago de Cuba—, creímos que nuestra visita sería una sorpresa y causaría cierto alboroto. Pero no fue así.

Los alumnos continuaron en sus puestos viendo cómo las clases eran interrumpidas por una tropa de «chiquillos» que venían a obsequiarles algo útil y a regalarles algunas canciones y poemas para amenizar un poco la intromisión. ¡Qué sorpresa nos llevamos cuando los que disfrutamos de ellos fuimos nosotros!

Con la presidenta del colectivo al frente, nos explicaron por qué el Comandante Camilo Cienfuegos no ha muerto. Cada uno exclamó una razón llena de poesía. Entonces declamaron Versos Sencillos del Apóstol y los parafrasearon: «Si ves un lugar hermoso/ es mi escuela lo que ves/ mi escuela es un libro y es/ el mejor de los regalos».

Niños maravilla

Como la madre de todos, la Máster en Ciencias de la Educación, Margarita Martínez, maestra que los lleva desde primero hasta sexto grado, dialogó con nosotros y con los pequeños: «Mis niños son una maravilla. Responden cada vez que hace falta, son buenos, estudiosos, disciplinados, ¿verdad niños?». Ellos respondieron con sonrisas cómplices y pícaras. «Y a veces también se portan mal, ¿no es verdad?» ¡Sí!, contestaron con el mismo ánimo sincero.

Margarita traza rasgos en el pizarrón. Aquí, un ejercicio para los de tercer grado; allá, otro para los de quinto; y al mismo tiempo una ecuación para ejercitar a los de sexto grado. Esa ha sido su vida desde hace 35 años cuando se decidió por el trabajo con multigrado.

«La pedagogía me ha gustado siempre. Comencé en el círculo infantil Guerrillero de la enseñanza y después vine para acá. Esta es una educación única con diferentes tratamientos. Hay que integrar todos los contenidos para que el niño se vaya con un mismo mensaje, sin olvidar los objetivos de cada grado.

«La Primaria es la etapa más difícil para los alumnos. Hay que tener cuidado, pues de lo que aprendan ahora dependerá el futuro. Es un trabajo complejo. La disciplina en el aula depende mucho de la labor que desarrolle el maestro. El trabajo independiente también es importante en este tipo de enseñanza».

La Camilo Cienfuegos no es la única escuela con estas características. En el territorio existen otras cinco primarias, todas con la misma complejidad y con los medios audiovisuales necesarios para garantizar la calidad de la educación en este intrincado lugar.

«Al principio el trabajo es dificultoso, pero con mucha paciencia y preparación adquieres destreza y aprendes a conocer a cada niño. Además, en este tipo de escuela, si percibes que algún alumno presenta dificultad, puedes corregirla de forma individualizada, pues los grupos suelen ser más pequeños que en otros casos.

«Tenemos el proceso docente educativo muy organizado. No descuido la ortografía y constantemente utilizo los medios de enseñanza que he diseñado, además del televisor y el video que nos ayudan mucho para que el niño se apropie de los conocimientos», asevera Margarita.

En las montañas de Santiago de Cuba no hay una roca que no sentencie: Educa a tu hijo. La maestra resalta el alcance y la atención especializada que tiene el programa: «De los cinco días lectivos de la semana, dos veces lo atiende la escuela y el resto la familia. Existe una madre o padre ejecutor que realiza todas las actividades con el pequeño».

El trabajo de Margarita es apoyado por una estudiante en formación, un técnico en computación y un profesor de Educación Física. La escuela cuenta, además, con una antena satelital que brinda siete canales y que permite visualizar las teleclases en la pequeña aula de televisión. Poseen también una minibiblioteca y una sala de computación. Pero hay otro tesoro tan valioso como esos.

Mi maestra es sensacional

«La maestra que ellos tienen es la mejor del municipio de Guamá y todos los padres siempre buscamos la manera de que sea ella quien lleve a los niños hasta el final. Estoy muy agradecida porque le ha enseñado mucho a mi pequeña», expresó conmovida Deysi Suárez, una madre que estaba allí el día de nuestra visita.

Con menos palabras y el mismo amor y admiración, Alisnay Núñez afirma: «No sabes cuánto hemos aprendido. La maestra es buena y muy bella». Mientras, Daniel Alejandro Benítez le agradece a la profe cuanto ha aprendido. «Ya sé pintar, calcular, leer y escribir».

«Me siento bien porque nos presta atención a todos, nos ayuda y nos dice que le preguntemos cualquier duda. Mi maestra es sensacional», expresa Arismelys Núñez, quien también nos relata sus viajes a la escuela. «No son tan cortos, pero pueden hacerse caminando y junto a algunos compañeros del aula que somos familia».

Con Reina Hernández conocimos cómo es un día en la Camilo Cienfuegos para muchos niños. «Cuando llego doy una vuelta por el centro y veo el campo que tenemos atrás con 36 planticas de café. Después entramos a estudiar y, luego de merendar y jugar, repasamos sobre el mártir de la escuela y damos clases hasta las 12».

La realización de actividades del Movimiento de Pioneros Exploradores permite el intercambio con la naturaleza. Los encuentros de conocimientos entre escuelas, las acampadas pioneriles y los concursos son muestra de la integralidad del centro. La producción de alimentos y el cuidado del medio ambiente son prioridades que la escuela hace suyas.

«Todo hombre ha de aprender a trabajar en el campo…»

Con esta frase martiana nos recibieron las pioneras del círculo de interés Agrotécnica del café, proyecto que será presentado en el evento Pedagogía 2013. Luego conversaron sobre la historia del gustado producto, su proceso de cultivo y la técnica adecuada para lograr perfección en la cosecha. Alertaron también sobre el parásito de la broca y el ciclo que hace en la planta de café.

Asimismo, enseñaron las variedades de café presentes en la zona y describieron su proceso de almacenamiento en el municipio de Contramaestre. El sonido del pilón machacando los granos, inconfundible y criollo, anuncio de que van a colar café, fue el final de la exposición.

«Nos ha gustado mucho la visita porque demostraron que lo que han venido a hacer es maravilloso para nosotros», dice una de las niñas, sin comprender que lo maravilloso lo tienen ellos. Y nosotros somos incapaces de agradecérselo, porque nuestras palabras se hacen más pequeñas que estas diminutas y milagrosas figuritas vestidas de pioneros en un lugar de Ocujal del Turquino que jamás queremos olvidar.

El premio mayor

No fue la heroica hazaña, vencida ya antes por muchos, de recorrer los 11 interminables kilómetros que separan el mar de las nubes que andaban por allá arriba del Pico Turquino, con caramelitos por sustento y con el agua en la espalda de los que se quedaron por el kilómetro 3.

Tampoco se lleva el premio de lo mejor del viaje el histórico recorrido por sobre las piedras del casi extinto Río Turquino hasta llegar al agua más deliciosa y refrescante que ojos habaneros habían visto.

Está casi cerca de lograr el premio, pero no es la histórica y embriagadora Ciudad Heroína con el regalo de sus noches de caminata entre el Parque Céspedes y la Plaza de Marte con la inigualable sensación de estar en otro lugar, con otro aire, otra gente y ¡qué vida, señores, qué vida!

No puede llegar al premio aquella noche que pasamos en un Guillermón Moncada enardecido, con la conga arrasando y una fanaticada que se unía en el peculiar grito de ¡io! cada vez que la pelota iba a las gradas.

Siguen aspirando al galardón de lo mejor de nuestro viaje la cerveza Hatuey, con ese paladar único que le confiere ser santiaguera, y la variedad del Coppelia nombrada Gran Piedra que consiste en ¡siete! bolas de helado con la distintiva característica de ser de chocolate casi siempre.

Aspiran también al trofeo los delfines del Acuario Baconao, que asombraron a los adaptados a disfrutar del talento de los muchachos del Acuario Nacional de Cuba. ¡Ni hablar de lo que provocó el tubo de vidrio que nos mostraba a los tiburones nadando por encima de nuestras cabezas!

¡Qué decir de la grandeza del Cuartel Moncada, la secreta complicidad de la Granjita Siboney, la inmensidad escultórica del Valle de la Prehistoria, el Santuario del Cobre, el cañonazo disparado por mambises a la Bahía de Santiago, y la impresionante ceremonia de cambio de guardia al más universal de los cubanos en el Cementerio Santa Ifigenia!

Todo fue único. Pero es posible describirlo. Aunque hay algo que escapa a nuestras posibilidades de descripción: una escuela con 17 alumnos desde primero hasta sexto grado en una misma aula y con una maestra para todos.

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