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La transición olvidada

La Directora Ejecutiva de la Agencia Internacional de Energía afirma que la necesidad de una transformación rápida hacia un sistema energético global más seguro y sostenible es más urgente que nunca. No hacerlo implica continuar la tendencia alcista en las emisiones, que conllevaría a graves cambios en el clima global

Autor:

Juventud Rebelde

Los temas relacionados con las emisiones contaminantes debidas a la quema de combustibles fósiles, el aumento de la temperatura media global y la influencia humana sobre el clima, son ampliamente conocidos y debatidos. Ningún país es inmune a los impactos del cambio climático global inducido por el hombre. Aunque se conocen muy bien sus causas, hay conciencia de la gravedad de las consecuencias y muchas de las soluciones para recortar las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) son factibles técnica y económicamente, las emisiones aumentan cada vez más.

Sin temor a incurrir en sensacionalismos o a ser tildados de divulgar una visión catastrofista del asunto, se puede decir que los incrementos de las emanaciones de GEI están llevando a la humanidad inexorablemente hacia el abismo. Así se expresó el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, cuando se refirió a la amenaza de riesgos como la guerra nuclear y el cambio climático (Ver Reflexiones del compañero Fidel en JR, 5 de enero de 2012).

Malas noticias

Fatih Birol, director de Economía Energética Global de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), expresó en mayo del pasado año al periódico británico The Guardian respecto a las emisiones de GEI de 2010: «Estoy muy preocupado. Estas son las peores noticias sobre las emisiones». En 2011 las chimeneas de termoeléctricas e industrias, los tubos de escape de los más de mil millones de autos que hay en el mundo y los barcos y aviones de todo tipo, «vomitaron» 3,2 por ciento más GEI que en 2010.

La IEA ha anunciado que en 2011 las emisiones de dióxido de carbono (CO2) por la quema de combustibles fósiles llegaron a 31,6 miles de millones de toneladas. La Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés), ratificó la gravedad del problema en un informe de prensa el pasado 20 de noviembre. Según la WMO, desde la revolución industrial se han vertido a la atmósfera unas 375 000 millones de toneladas de carbono. El 85 por ciento de las emanaciones anuales de CO2 provocadas por los seres humanos se debe a la quema de combustibles fósiles. La deforestación tropical es otra causa del aumento de la cantidad de CO2 en la atmósfera. Los océanos y la tierra han absorbido 55 por ciento de las emisiones. El resto está aún en la atmósfera y «permanecerán en ella durante siglos, causando un mayor calentamiento de nuestro planeta e impactando en todos los aspectos de la vida sobre la Tierra», aseguró Michel Jarraud, secretario general de la WMO. Al inicio de la revolución industrial había una concentración atmosférica de 280 ppmv (partes por millón por volumen) de CO2. Hoy esta asciende a 390,9 ppmv.

Mayores emisores

Con el 4,5 por ciento de la población mundial, Estados Unidos de América es el mayor contaminador histórico del mundo. Según la IEA, en 2010 ese país emitió 5 368,6 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera por la quema de combustibles fósiles, 10,3 por ciento más que en 1990. La IEA reconoce que en 2011 las emisiones del país norteño cayeron en 92 millones de toneladas. En esto medió la controversial explotación del gas de esquisto y la crisis económica, que unidas al aumento en el precio del petróleo redujeron el uso del automóvil. De acuerdo con la IEA, el aumento de la eficiencia en el transporte y menos demanda de calefacción en el invierno de 2011, ayudaron a disminuir las emisiones en Estados Unidos.

La República Popular China alberga a la quinta parte de la población mundial y desde hace dos décadas experimenta una acelerada expansión económica. En 2007 China sobrepasó a Estados Unidos en emisiones totales de GEI. Según la IEA, en 2010 China emitió 7 258,5 millones de toneladas de CO2 por el uso de combustibles fósiles, 223,5 por ciento más que en 1990.

El gigante asiático trabaja por resolver sus problemas ambientales y en particular los vinculados al cambio climático. Así lo demuestra el informe China’s Policies and Actions for Addressing Climate Change (2012), publicado por la Comisión Nacional de Reforma y Desarrollo. El mismo reconoce que China es uno de los países más vulnerables a los impactos adversos del cambio climático. Para 2015 China prevé reducir su demanda energética y las emisiones de CO2 por unidad de Producto Interno Bruto (PIB) y elevar la penetración de fuentes no fósiles en su matriz energética.

Entre 2008 y 2012, China redujo su intensidad energética 26,8 por ciento, mientras que la cantidad de CO2 emitido por unidad de PIB, cayó 15 por ciento entre 2005 y 2011. Sobre esto Fatih Birol dijo: «Lo que China ha hecho en un período tan corto para mejorar la eficiencia energética y desplegar energías limpias está dando ya grandes beneficios al medio ambiente global». China aumentó en 2011 sus emisiones de CO2 en 790 millones de toneladas. De no haber aplicado las medidas anteriores, habría emitido 1 500 millones de toneladas de C02.

El país que más CO2 emite anualmente por persona es Qatar, con 37,6 toneladas. Vietnam es el que más aumentó sus emisiones por el uso de combustibles fósiles entre 1990 y 2010, con un incremento de 658,5 por ciento. En términos absolutos Vietnam emite unos 130 millones de toneladas de CO2 y sus emisiones anuales per cápita, de 1,5 toneladas de CO2, están muy por debajo de la media mundial de 4,4 toneladas de CO2 por persona.

Lo que puede venir

La temperatura media global ha aumentado 0,8ºC (grados Celsius) respecto a la época preindustrial. Si la concentración de GEI en la atmósfera se estabilizara en 450 ppmv, hay un 50 por ciento de probabilidad de que la temperatura media global crezca 2ºC por encima de su valor preindustrial. Traspasar ese umbral significaría cambios climáticos catastróficos e irreversibles. Este aumento de temperatura puede tener impactos muy adversos para algunos países insulares y otras zonas muy vulnerables; por eso en las negociaciones internacionales abogan por limitar dicho aumento a 1,5°C o menos, respecto al nivel preindustrial.

Kevin Anderson, experto del Centro Tyndall en el Reino Unido, piensa que las posibilidades de evadir la catástrofe climática son escasas. Según él «las repercusiones de un aumento de la temperatura más allá de dos grados Celsius, son mucho más profundas de lo que tendemos a imaginarnos». En un artículo titulado Climate change going beyond dangerous-Brutal numbers and tenuous hope, Anderson dice que «hay una visión muy difundida (entre algunos expertos) de que un futuro en que la temperatura media global aumente de 4°C es incompatible con cualquier caracterización razonable de una comunidad global organizada, justa y civilizada. Está más allá de lo que mucha gente piensa que nos podemos adaptar. Además de la sociedad global, un futuro así sería devastador para muchos, si no para la mayoría, de los ecosistemas».

El Banco Mundial encomendó al Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático y Análisis Climático el estudio Turn down the heat. Este reconoce que es muy posible un incremento de la temperatura media global por encima de 2ºC. Los compromisos de reducción de emisiones que actualmente han hecho las naciones, nos llevarán a un aumento de la temperatura media global de entre 3,5 y 4°C.

Maria van der Hoeven, directora ejecutiva de la IEA, dijo recientemente que «un incremento de esta magnitud (3,5ºC) podría provocar el derretimiento del permafrost (capa de suelo congelado) en las regiones árticas con consecuencias impredecibles». En resumen, si no limitamos el aumento de la temperatura global, el clima cambiará drásticamente y los impactos se sentirán en todas las esferas de la vida.

Lo que hay que hacer

La situación actual se asemeja a la de un chofer que sabe de los peligros de manejar a alta velocidad. En vez de aminorar la marcha, pisa cada vez más el acelerador aunque a poca distancia ve que hay un cruce de ferrocarril y el tren avisa que se acerca. En lugar de disminuir, las emisiones globales de GEI crecieron 49 por ciento en el período 1990-2011. ¿Se llamará a la cordura la especie humana para frenar el incremento de las emisiones o seguirá inexorablemente hacia el abismo? ¿Qué hay que hacer?

Hay que abandonar la filosofía del crecimiento infinito en un mundo con recursos limitados y controlar el aumento poblacional; detener la tala de los bosques para recuperar y ampliar los sumideros naturales de carbono; transitar hacia un sistema energético global más seguro y sostenible, usando tecnologías eficientes, fuentes renovables de energía, redes eléctricas inteligentes con generación distribuida y garantizar servicios energéticos modernos y confiables a millones de personas que todavía hoy no tienen acceso a estos; transformar los estilos de vida derrochadores y promover una cultura de uso racional de la energía. Es justo que el mayor esfuerzo lo hagan los países ricos sin trasladar sus industrias sucias y tecnologías ineficientes a países menos industrializados. ¿Estará nuestra especie dispuesta a dejar dos tercios de las reservas de petróleo y carbón mineral debajo de la tierra para no seguir enviando carbono a la ya sobrecargada atmósfera y a los acidificados océanos? ¿Será posible todo esto en un mundo dominado por los grandes capitales y donde predomina el egoísmo y está de moda la cultura consumista?

*El autor es especialista de Cubaenergía y miembro de Cubasolar.

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