El club de los que quieren hacer

En la asamblea de balance de la UJC en el municipio holguinero de Moa los debates centraron la atención en cómo debe ser el actuar para que la vida de la organización se mantenga a la altura de las tradiciones obreras e históricas del territorio

Autor:

Héctor Carballo Hechavarría

MOA, Holguín.— En este municipio, reconocido como el más joven del país en base a datos demográficos, y donde bulle al mismo tiempo uno de los potenciales técnicos y profesionales más sólidos en campos como el industrial y la producción de níquel más cobalto, el debate en la asamblea de balance de la UJC no podía ser más puntual.

¿Cómo debe ser el actuar para que la vida de la organización se mantenga a la altura de las tradiciones obreras e históricas del territorio? ¿Cuánto más se puede hacer para que el ingreso a la organización constituya no solo un momento significativo en la vida política de los militantes, sino, también, punto de mira para el resto?

La delegada Miriam Elizabet Pérez, de la recién inaugurada Central Diésel Eléctrica de Moa, fue ilustrativa al narrar cómo cuando comenzó la construcción de esa planta había apenas un reducido número de militantes en medio de un cúmulo de jóvenes escogidos por probados desempeños, y sin embargo, para el comité de base nunca fue un interés el de hacer crecer sus filas «por crecer».

«Pero desde aquel inicio nadie dudó de que esos pocos militantes estuvieran siempre en la delantera, y poco a poco fue la actuación de ellos la que les ganó la admiración y el respeto de los demás», afirmó la también Secretaria General de esa estructura.

Añadió que al término del referido proceso inversionista, en la Central de Moa ya funcionan tres comités de base. «No nos quedan dudas de que allí trabajan otros jóvenes que serán también militantes. Esas son de las razones que nos motivan a esforzarnos más», afirmó.

Los delegados reflexionaron sobre el desempeño de los dirigentes juveniles y de la necesidad de una sólida preparación, no solo para conducir los destinos de la organización, sino para respaldar los resultados productivos y la prestación de servicios en cada lugar, codo a codo con la administración.

«Me disculpan, yo no hablo bonito», expresó Eliandris Matos, un obrero de la Empresa Niquelera Pedro Sotto Alba, quien recordó aún admirado cómo un día le solicitaron asumir la dirección de su comité, integrado en su mayoría por militantes con una mayor calificación profesional que él, y aceptó el reto.

«Se me habían ido ya dos militantes. El apoyo no era parejo y un día tuve que preguntarle a un compañero sobre el porqué no entregaba más a su organización, algo para lo cual no hacía falta ser ingeniero», describió con sinceridad Matos.

«No sé si se me fue la mano, pero un joven que no es valiente, que no hace las cosas bien, que no es buen trabajador, tampoco es buen revolucionario», sentenció, y su sinceridad fue colmada por rotundo aplauso.

Vivian Rodríguez Gordín, presidenta del Grupo Empresarial del Níquel, reconoció la proverbial consagración de los jóvenes en un sector donde el 19 por ciento de sus trabajadores son jóvenes, y más del 50 de los cuadros y dirigentes también lo son, con lo cual avaló las potencialidades que tiene allí la labor de la UJC.

Por su parte, Nayla Leyva Rodríguez, primera secretaria de la organización en la provincia, afirmó que el soporte del crecimiento en las filas depende no solo del buen funcionamiento, sino del compromiso que nace de participar. «La palabra educa, pero el ejemplo arrastra», recordó.

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