Esther Montes de Oca descansa al amparo de sus hijos

La multitud que acompañó el féretro es la demostración del cariño que el pueblo de Cuba le tenía a esa mujer, que vio morir a sus hijos en 1957, luchando contra el batistato, y que inmediatamente se convirtió en la madre de muchos cubanos

Autor:

Dorelys Canivell Canal

SAN JUAN Y MARTÍNEZ, Pinar del Río.— En el mismo panteón en el que yacen Sergio y Luis Saíz Montes de Oca, descansa desde este lunes Esther María del Rosario Montes de Oca Domínguez, madre de los jóvenes más valerosos que diera San Juan y Martínez.

Al sepelio este lunes asistieron amigos de Sergio y Luis, aquellos del barrio que en la época de juventud conocieron y compartieron las acciones contra la tiranía. A nombre de ellos hicieron guardia de honor. Pero la acompañaron también quienes estuvieron más de cerca de ella en los últimos tiempos, como las enfermeras de todos los días y los integrantes de la Asociación Hermanos Saíz, artistas que encontraron en Esther el símbolo de los jóvenes que los guían.

A los 105 años de edad, esta mujer, madre, maestra y revolucionaria, quien no se opuso nunca a las inclinaciones patrióticas de sus hijos y prestó su casa a la Revolución en los primeros días del 59, dijo adiós a la vida.

Cuentan los más cercanos que al escuchar los disparos y las carreras de la muchedumbre aquel 13 de agosto de 1957, Esther supo que sus pequeños estaban implicados en el hecho, antes le habían dicho que algún día estaría orgullosa de ellos.

De estirpe fina y elegante, conservó desde entonces el cuarto de los adolescentes como un aposento por el cual el tiempo no parece pasar.

Rubiel García González, presidente de la AHS, expresó que siempre los convidó a no dejar nunca de luchar, a ser honestos, decentes y ejemplo. «Ese es el mayor legado que nos ha podido dejar. Tendremos que volver siempre a San Juan, a la casa que es como un santuario, es un reencuentro con la historia».

En representación de la intelectualidad cubana, Luis Morlote, vicepresidente de la UNEAC, significó que la multitud que acompañó el féretro es la demostración del cariño que el pueblo de Cuba le tenía a esa mujer que vio morir a sus hijos en 1957 y que inmediatamente se convirtió en la madre de muchos cubanos.

«Todos estamos tristes, perdimos a una mujer impresionante, cariñosa, afable, revolucionaria siempre, una maestra de pura cepa, pero quisiéramos recordarla como cuando le entregamos el premio Maestro de Juventudes de la AHS y nos dijo de una manera muy humilde, “mis hijos hubiesen estado orgullosos, como artistas revolucionarios, de haber pertenecido a la AHS, porque ustedes son una organización que los enorgullecerían a ellos”.

«Hoy perdemos a una cubana extraordinaria y todas las generaciones de artistas e intelectuales tenemos que serle fiel a su recuerdo. Es simbólico que Esther se haya ido en medio del Congreso del Partido, cuando se debate cómo hacer un socialismo mejor, cómo hacer una sociedad socialista próspera, y eso nos tiene que dar aliento, debemos recordarla con la convicción de que ese país que tenemos que construir es también el que soñaron sus hijos y el que Esther siempre quiso».

A pie hasta el cementerio municipal fue el pueblo sanjuanero para darle un último adiós a la maestra de muchos. Dicen que era recia y cariñosa a la vez, pero lo cierto es que tuvo amor suficiente para educar a sus hijos, esos jóvenes martianos que a pesar de su corta edad dejaron todo un legado escrito en prosa y verso y después, cuando la realidad de la muerte de sus seres queridos no fue más que un golpe de la vida, Esther supo amar a todos los jóvenes cubanos, a esos que llegaban a su hogar para escucharle anécdotas de sus muchachos o una poesía jocosa y pícara, de las que los años hacen decir con mayor desenfado.

Adiós entonces a Esther, la maestra sanjuanera, la venerada de un pueblo que se acostumbró a verla en la casita museo custodiando hasta el más pequeño detalle de sus hijos revolucionarios.

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