Con deseos y en apuros

Entre tantos modelos que se deben cambiar, habrá a quienes les parezca pueril hablar de una nueva gestión de baños públicos. Pero a los sorprendidos por urgencias fisiológicas inevitables en medio de nuestras ciudades, o en sus recorridos a lo largo del país, no les resultará nada irrelevante

Autores:

Nelson García Santos
Héctor Carballo Hechavarría
Aileen Infante Vigil-Escalera
Dorelys Canivell Canal

Desde la fila que aumenta en el habanero baño público del parque El Curita, Mercedes espera impaciente su turno. Por la frecuencia con que necesita utilizar el servicio durante sus viajes al centro de la ciudad, ya es conocida por quienes frecuentan el local.

Como ella, otros muchos transeúntes también tienen que caminar hasta ahí y hacer cola durante varios minutos para acceder a la única instalación de este tipo en la zona. La mayoría se ubican principalmente en centros comerciales, gastronómicos y terminales de transporte interprovincial, distantes de las zonas con gran afluencia popular.

Y en el resto del país la situación se repite. Existen servicios sanitarios en terminales, restaurantes y centros recreativos, entre otros, pero funcionan en determinados horarios y están diseñados únicamente para atender a personas que asisten a esos lugares en calidad de clientes.

«En ocasiones caminamos más de diez cuadras sin encontrar un local para satisfacer nuestras necesidades básicas», aseguran varios vueltabajeros, para quienes la poca disponibilidad de servicios sanitarios es un problema evidente en la provincia. Igual panorama exhiben Villa Clara y Holguín.

Los santaclareños Otilio Valdivia y Lourdes Arencibia declararon a JR que aunque la instalación es buena, la existencia de un solo baño público es ridícula en una metrópoli como Santa Clara, mientras algunos holguineros también expresan que, con más de 340 000 habitantes y la presumible demanda, sobre todo en los espacios de más concurrencia, todavía pueden contarse con los dedos los baños para uso público en la Ciudad de los Parques.

No en vano los que esperan junto a Mercedes en La Habana o en cualquiera de los locales habilitados en el interior del país afirman que salir a recorrer grandes distancias resulta a menudo engorroso. Más allá de la edad y la mayor o menor frecuencia de cada uno para usarlo, el baño constituye una necesidad vital del ser humano y su presencia en espacios de afluencia de personal es una constante demanda.

Con el fin de aliviar un poco esta situación e implementar una nueva forma de gestión económica que mejorara la calidad del servicio y su diseminación por todo el territorio nacional, desde 2011 el Estado cubano decidió incluir entre las modalidades de empleo no estatal la de cuidador de baños públicos y taquillas, tarea desempeñada hasta el momento por los Servicios Comunales o la entidad que albergaba la instalación.

La Gaceta Oficial Extraordinaria número 40 de ese mismo año, dio a conocer la Resolución 723 del Ministerio de Economía y Planificación (MEP), que determina la inclusión experimental del arrendamiento de baños públicos pertenecientes a Comunales en la provincia de La Habana, a quienes se desempeñaban en estas funciones. Dos años después, el MEP resolvía ampliarla a todas las provincias del país y el Municipio Especial de Isla de la Juventud.

En esa oportunidad, además, aprobó el reglamento para el alquiler de estos locales; confeccionó el contrato que mediaría el ejercicio de la actividad; y encargó a los consejos de la administración provinciales —y municipales en el caso de Isla de la Juventud— del control, chequeo y fiscalización del cumplimiento de lo establecido.

Los baños ubicados dentro de organismos y entidades estatales para uso de los trabajadores, pero con posibilidad de brindar este servicio, continuaron bajo la responsabilidad de sus directivos, únicos autorizados para decidir si hacer público o no su acceso, de acuerdo con las características de cada uno.

En las unidades con posibilidades de abrir sus instalaciones a la población, la mayoría optó por subarrendar el local a trabajadores por cuenta propia, quienes, además de velar por su integridad, garantizarían un mejor servicio.

A estas dos modalidades —arrendamiento de baños públicos pertenecientes a Comunales y los ubicados en centros y unidades estatales a trabajadores por cuenta propia— se sumó la posibilidad de que estas personas brindaran el servicio desde sus casas o locales propios habilitados para esa función. Para las tres, la ley dispuso regulaciones, con el objetivo de definir las características que debe reunir cada establecimiento, como los servicios que se pueden brindar y el sistema tributario de cada trabajador. No obstante, aún la demanda supera la oferta.

¿Como en casa?

Desde el pasado 1ro. de febrero los baños de la Terminal de Ómnibus en Pinar del Río exhiben un semblante renovado. En esa fecha fueron arrendados por el propio centro al joven Raydel Iglesias González, quien aspira a tenerlos como los de su propia casa. «Lo importante es que estén limpios, que cuando el cliente llegue los encuentre bien iluminados y que lo atiendan con cortesía», expresa.

El esfuerzo —como pudo comprobar este equipo de reporteros— se hace notar: no falta a la entrada el papel sanitario en el de las mujeres, y en el de los hombres para quienes lo necesiten. Asimismo se han repuesto varias llaves en los lavamanos y se sustituyen los herrajes de todas las tazas y los urinarios.

Además, Raydel ya preparó las duchas con agua caliente y explica que cuando comiencen a funcionar el servicio costará cinco pesos en moneda nacional. «Los clientes también tendrán a su disposición toallas limpias, chancletas, goma en el piso para evitar las caídas, talco, colonia, jabón y detergente». Mas este, que funciona las 24 horas, constituye solo uno de los pocos disponibles para los pobladores de la ciudad.

Maikel Páez Martínez, comercial de ese centro, afirmó que la transformación de este baño ha sido un cambio fundamentalmente para la entidad, pues ha beneficiado tanto al personal que transita a diario por allí como a los mismos trabajadores.

«Hicimos un contrato y todo está escrito. Todavía los arrendatarios permanecen en período de prueba, pero ya en el inicio pagan un total de 15 000 pesos mensuales, que equivale a alrededor de 480 abonados diariamente. Los gastos de corriente y agua corren por nosotros, pero es posible que en la medida que estudiemos el arrendamiento, puedan variar, como el pago por el alquiler del local. Debemos sumarle a ello que constantemente la actividad es supervisada por los inspectores y por nosotros mismos.

«Antes de esta nueva modalidad de trabajo por cuenta propia se hacía muy engorroso para nuestra instalación mantener estos locales; había que estar revisándolos constantemente y, aun así, no se llegaba a los mismos resultados que ahora», puntualizó.

Prueba del cambio es la labor desempeñada por Miriam Acosta Acosta, desde hace un mes. Ella es una de las cuidadoras que por turnos de un día y descanso de tres labora en el baño de la Terminal. «Con la nueva disposición el servicio ha mejorado bastante y hasta nuestro salario, que depende del dinero recaudado durante la jornada laboral», explica.

Según precisó Marlenis Díaz González, funcionaria que atiende el sector no estatal de la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social, un total de 11 personas están inscritas como cuidadores de baños y taquillas en Pinar del Río: cuatro provenían de Comunales y se pasaron al nuevo sistema de gestión; el resto son personas naturales que también fueron autorizadas.

José Antonio Pino González, subdirector general de la Dirección Provincial de Servicios Comunales, así lo ratifica. Argumenta que en todo Pinar del Río tienen arrendados solo cuatro baños públicos: uno cerca del parque de Viñales, que está en fase de prueba; otro en el centro comercial de Sandino y uno en el municipio de La Palma. El cuarto de estos está enclavado en el parque de La Independencia, de gran afluencia de personas por ser uno de los puntos con acceso a la wifi en la ciudad cabecera.

«Ese estuvo cerrado por un período prolongado. Para abrirlo se sometió a un mantenimiento amplio y hoy está azulejeado, y aunque posee las condiciones adecuadas para prestar servicio no ha funcionado de manera estable. Ahora mismo no está funcionando porque se encuentra en proceso de arrendamiento», precisó.

Ante la escasez de locales en la urbe pinareña, explicó que desde hace tiempo se proyecta la idea de construir otro baño en el parque Roberto Amarán, más conocido como El Bosque, pero aún no se decide el lugar más indicado dentro de ese emplazamiento. En los ya existentes, aclaró, la actividad es comprobada por los funcionarios y trabajadores de Comunales, y en el territorio se llegó al acuerdo de que los arrendatarios no abonaran durante los primeros seis meses de prestación del servicio. Aun así el problema persiste.

Cinco locales en Villa Clara

En el centro de la Isla la situación no es muy diferente. Villa Clara es una de las más deprimidas, con solo cinco locales, de 19 que llegaron a existir hace unos años. Hoy hay cuatro en Santa Clara y uno en Manicaragua, reveló Olga Lidia Camacho Paneca, directora provincial de Comunales.

Recordó que la Resolución del MEP de 2013 no previó la construcción de nuevos locales por parte de Comunales. «Los que en ese momento no fueron arrendados se destinaron a otros usos o terminaron deteriorados totalmente». Solo brindan servicios todavía uno en la calle Independencia, dos en la zona hospitalaria y otro en las áreas exteriores del estadio Augusto César Sandino.

El de Las Arcadas, el mayor de todos y situado a la vera del bulevar, es el único que existe en la amplia zona del corazón citadino, asiento de las principales arterias comerciales y de otros servicios, lo que provoca no pocas molestias en la población, que al no tener otro más cercano se ve obligada a dirigirse hacia allí.

El de Las Arcadas, a la vera del bulevar, es el mayor de los baños públicos santaclareños. Foto: Nelson García Santos

«Nosotros trabajamos 24 horas y brindamos los servicios de inodoro y lavamanos; así como proporcionamos el uso de jabón y papel higiénico, aunque a solicitud de los clientes», enfatizó Juventino Toledo Madrigal, titular de la instalación sanitaria.

«Aquí tenemos dos porteros, uno en el local destinado a los hombres y otro en el de las mujeres. Ambos cobran el peso que cuesta acceder, pero no podemos pagar más salario para mantener otro empleado en el área sanitaria controlando», confesó. Los 4 000 CUP que paga el arrendatario mensualmente por concepto de renta, además de asumir el pago de la electricidad y el agua y la remuneración a trabajadores y al fisco, dificultan la contratación de otra persona para esta función.

Como Toledo Madrigal, todos los arrendadores mantienen una cuenta bancaria para disponer de dinero si sobreviene una rotura, reparación o mantenimiento de los medios de la instalación, que no debe destinarse a otras funciones.

Daniel Ferrer Ángel es el arrendatario del pequeño baño unisexo colindante con el comercio de trabajadores por cuenta propia Los Framboyanes. Su local, dijo, tiene capacidad para atender a las mujeres y hombres que requieren el servicio, pero el día que JR estuvo allí había dos personas esperando para entrar.

El segundo mayor de la urbe, ubicado en el Sandino, funciona solo en horas del día y ante una avalancha de público como las ferias, tampoco cuenta con la capacidad necesaria. Su titular, Guillermo Morales, aseveró que tiene en planes el mantenimiento de la instalación. Actualmente busca soluciones ante las personas que descascaran las paredes y dañan la pintura de la entrada recostando sus bicicletas.

La poca disponibilidad de locales sanitarios en la capital provoca la espera de la población para acceder al servicio. Foto: Abel Rojas Barallobre

En Holguín , 31 cuidadores

En el oriente del país, Holguín tampoco tiene tantos locales sanitarios como debería, aunque han asumido esa labor trabajadores no estatales como Reynaldo Gadis Rodríguez, quien ejerce la actividad junto con otro compañero en la céntrica Plaza del Mercado, o de La Marqueta, como también se le conoce, uno entre los escasos baños públicos existentes en la ciudad.

«Anteriormente la instalación no reunía las condiciones necesarias, por lo que decir que prestaba un servicio es discutible. La higiene y la presencia no eran buenas, venían muy pocas personas, y casi siempre las mismas. Ahora es distinto y me siento satisfecho con lo que hago», afirma. La suya es una de las dos únicas instalaciones arrendadas a Servicios Comunales.

Con decenas de años de uso, la entidad había acometido anteriormente allí otras acciones de reanimación, pero ninguna había dado «en el clavo» como las realizadas recientemente. «Hay sobre todo higiene. Servicio de agua y electricidad estables, muebles sanitarios en perfecto estado de funcionamiento, espejos, duchas independientes y con la privacidad necesaria para ambos sexos». Suena como un clasificado de permuta en boca del mismo cuentapropista, pero son valores que el baño a su cargo ostenta a ojos vistas.

Allí se cobra cinco pesos por el duchado y el champú, y se brindan toques de desodorante y perfume, a uno y dos pesos cada uno. «Con el papel sanitario a veces tenemos dificultades, pues es un artículo que escasea en las tiendas», precisó.

Al otro extremo de la ciudad, en una calle cercana al hospital provincial y al precio de un peso se puede acceder al segundo de los baños públicos de la urbe, arrendado a la cuentapropista María Chapmán Gutiérrez, pero en condiciones menos favorables que el de la plaza del Mercado.

«Todavía no he cumplido un año del contrato. Ya estoy corriendo trámites para obtener un crédito por concepto de reparación y cambio de las condiciones del local. Será necesario sustituir los muebles sanitarios y mejorar las cañerías y estoy muy motivada a hacerlo», asegura, al tiempo que suple con su esmerada atención las precariedades del lugar.

Félix Abreu Blaya, director de la Empresa Provincial de Comunales, informó que a cargo de su entidad existen un total de 13 baños públicos y taquillas, emplazados en los municipios de Báguano, Urbano Noris, Banes, Moa y el municipio cabecera. De estos, solo seis con las mejores condiciones han sido arrendados a cuentapropistas.

Otra positiva experiencia en Holguín se aprecia en la Terminal de Ómnibus intermunicipal Las Baleares, subordinada a la dirección de Transporte, y donde la reciente ejecución de una reparación capital a la instalación ha venido como anillo al dedo.

Belsy Arévalo, su administradora, considera que desde que se aplicó el nuevo modelo de gestión, la opinión de los pasajeros mejoró considerablemente. «Los cuentapropistas cumplen muy bien con lo convenido en el contrato y no tenemos quejas de su labor, aunque les supervisamos con sistematicidad».

De acuerdo con información suministrada por la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social, en el territorio solo 31 personas han solicitado y poseen autorización para ejercer como cuidadores de baños públicos y taquillas. Ninguno la ejerce todavía en viviendas, sino en locales arrendados por distintas administraciones.

Necesidad sin cultura

Según refirió a JR Donny Ernesto Hernández Morales, jefe del Departamento de Empleo No Estatal del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), al cierre de 2015 solo  1 098 personas en toda Cuba fungían como cuidadores de baños públicos y taquillas, sin que esto significara igual cantidad de locales.

Entre La Habana (407), Matanzas (162) y Santiago de Cuba (72) reunían el 58 por ciento del total. Además, subrayó, solo 193 ejercían la actividad en locales pertenecientes a los servicios de Comunales en el país.

El directivo aclaró que en el caso de estos últimos, adscritos a la nueva forma de gestión económica, y los que ejercen la actividad en su hogar, el trabajador asume todos los gastos de agua, electricidad —ambos con la tarifa prevista para el sector residencial— y mantenimiento de las instalaciones; mientras que en los locales ubicados dentro de entidades estatales o particulares, por lo general corren a cargo de la administración de este y la persona responsable solo abona un por ciento de sus ganancias en calidad de alquiler.

«Por supuesto, esto no es absoluto, sino que depende del acuerdo previo establecido entre el cuidador y la administración de cada entidad, como establece la ley en el apartado correspondiente al contrato que debe existir entre ambos», agrega.

Sobre la calidad higiénico-sanitaria de la instalación, la ley establece que cada una presente inodoro y lavamanos en condiciones adecuadas y con servicio de agua, luminarias y puertas que garanticen la privacidad del cliente. El resto de las utilidades queda a elección del titular o encargado.

Igual sucede con el precio establecido por el acceso y que equivale a un peso en moneda nacional. «Si los encargados de las instalaciones deciden brindar otras prestaciones como jabón o gel de baño, toalla, papel higiénico e incluso champú (en el caso de los locales habilitados para ello), el pago se rige por el sistema de oferta y demanda. Este aspecto queda a su disposición», argumentó el especialista del MTSS.

No obstante, de incumplirse lo establecido para alguno de estos parámetros, tanto los referidos a las condiciones físicas como sanitarias o tributarias, los encargados de velar por el cumplimiento de la Ley en cada región están autorizados a multar a los trabajadores e, incluso, si la infracción es muy grave, retirarles la licencia que los avala como cuidador de baños públicos y taquillas, concluye.

Son varias las facilidades abiertas en los últimos años para que esta actividad mejore.

Quizá hoy algunos manifiesten cierta aversión a este trabajo, por lo que hace falta ganar una mayor conciencia ciudadana para que el sistema de baños públicos se inserte de manera armónica en el diseño y funcionamiento de nuestras ciudades.

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