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Huracán no come caimán (+ Video)

Es cierto, en varios siglos, son muchas las cicatrices tras los tajos de meteoros pero, más que un balance luctuoso, estas forman, como las maceístas marcas de la guerra, el mapa de la victoria

Autor:

Enrique Milanés León

¡Vivito y coleando! Nunca estuvo mejor dicho: vivimos en un caimán, el más hermoso que ojos humanos han visto y, otra vez, vencimos una tormenta. Fue en los tonos verdosos de esa boca que algunos llaman Oriente, en los predios de una Baracoa hermosa también en la hidalguía y de un Maisí inapagable, cual primer faro cubano.

Por allá llegó el golpe, por ese «hocico» que respira hondo todo el aire del Paso de los Vientos para traducirlo en energía y amor hasta el otro extremo, en la cola de Pinar que impulsa nuestra andadura. Y el caimán nadó a pesar del remolino.

El huracán, que es palabra taína, debía saber que no tenía oportunidad de arrodillar a nadie justo allí, en la zona donde Hatuey nos enseñó a pelear y donde, poco después, Guamá siguiera sus trillos.

Matthew anduvo como la Muerte en el cuento de Onelio —buscando Franciscas— y se tuvo que ir de Cuba como ella: con las manos vacías, porque entre tanto hacerninguno tuvo tiempo de seguirla. Este caimán sabe avanzar en los ciclones, sumergirse en la marejada, enderezar corrientes, salir y aferrarse a la tierra que no en balde llamamos patria.

Huracán no come caimán. Es cierto, en varios siglos, son muchas las cicatrices tras los tajos de meteoros pero, más que un balance luctuoso, estas forman, como las maceístas marcas de la guerra, el mapa de la victoria.

No importa solo a Baracoa o Maisí, San Antonio del Sur o Imías. No es un asunto de Oriente.

¡Es Cuba! Ninguno de nosotros está al margen como ninguno permite se lastime su caimán. Pasó el ciclón y volvemos al esfuerzo callado, cotidiano, optimista, que es nuestro parte normal.

En esta hora de empuje no somos pinareños, habaneros, matanceros, villaclareños, camagüeyanos u orientales. Hermanados en el lomo palpitante de esta Isla, nada nos honra más que sentirnos caimaneros.

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