Cuando el río suena...

A juzgar por inquietudes recientes sobre el debilitamiento de la infraestructura y el rigor docente y formativo, podría estar amenazada la existencia de este singular sistema de escuelas. La viceministra de Educación Margarita McPherson sostiene, sin embargo, que para nada están en peligro su perdurabilidad y principios fundacionales

Autor:

Margarita Barrios

Es tanto el cariño que sembraron en quienes han pasado por sus aulas, que puede asegurarse que pocas escuelas cuentan con tantos devotos. Entre fotos, historias y cofradías de graduados que se renuevan o reciclan por los años, puede descubrirse esa especie de alma común que crean las Vocacionales de Ciencias Exactas, devenidas joyas de la Educación pública cubana.

Esa hermosa razón sentimental está en la base de que cualquier opacidad actual despierte tantas sensibilidades, al punto de que no falten quienes en los últimos tiempos sientan amenazada su perdurabilidad, ya sea por acechanzas al rigor y la calidad de la enseñanza, sus condiciones infraestructurales o su enriquecedora formación humana.

Pero pese a estar golpeadas por estos años de crisis y sometidas, como el resto de la educación nacional, a importantes transformaciones, la existencia de las Escuelas Vocacionales de Ciencias Exactas y sus principios fundacionales no corren peligro, aseguró en exclusiva para  este diario la doctora Margarita McPherson Sayú, viceministra del ramo.

«Ratifico que los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVCE) se mantienen y se mantendrán. Esos centros conservan el pensamiento e ideario del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro. Los objetivos por los cuales él creó esas instituciones en la década de los años 70 se conservan y estamos trabajando con intensidad para darles más fuerza», sostuvo.

«Es cierto que en la educación cubana se están haciendo transformaciones importantes. Estamos en el 3er. Perfeccionamiento, que lleva implícito modificación de la concepción curricular de los diferentes niveles educativos, pero eso no está directamente relacionado con la existencia o no de los Institutos Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVCE). Su permanencia no está en peligro», destacó.

 La viceministra resaltó que ese tipo de centros está marcado por algunos preceptos, y enunció en primer lugar despertar el interés en los jóvenes por carreras de ciencia y técnica; también propiciar el desarrollo del espíritu científico en los estudiantes, que se involucren en labores investigativas y además la formación integral de los alumnos.

«Estos principios no difieren de los que defendemos en el resto de los niveles educativos, pero en los IPVCE tienen una connotación mayor, a partir de que allí estamos preparando a futuros profesionales de las ramas de las ciencias. Los estudiantes que entran a esos centros deben, y se comprometen, a proseguir sus estudios básicamente en carreras de ciencia y técnica», argumentó.

—En los últimos tiempos han abundado los comentarios sobre la pérdida de la calidad de la enseñanza en las vocacionales ¿Qué estrategias asumen al respecto?

—Es cierto, sobre el tema de los IPVCE han existido en los últimos tiempos comentarios, se han emitido muchos criterios, y el Ministerio de Educación (Mined) los ha evaluado todos. Algunas han sido fuertes reflexiones, otras estimulantes y alentadoras, y también se produjeron preocupaciones que fueron aclaradas en su momento.

«La atención a los IPVCE es prioridad y puedo dar ejemplos. En el curso escolar 2012-2013 se firmaron convenios con los ministerios de Educación Superior y de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente, para garantizar uno de los objetivos previstos por Fidel cuando creó esos centros: el desarrollo de la actividad científica. Esos documentos tienen el objetivo de garantizar un vínculo mayor y una efectividad superior en la participación de los estudiantes en las investigaciones científicas.

«Ese objetivo se desarrolla exitosamente, claro que en unos centros con mayor o menor impacto, pero puedo decirte que se destacan los IPVCE de La Habana, Camagüey, Las Tunas y Santiago de Cuba».

—¿Qué distingue a los IPVCE de los preuniversitarios urbanos?

—Hay una distinción, que a estos centros se entra con requisitos. El estudiante tiene que poseer un índice general de 88 puntos durante sus estudios de secundaria básica y 90 puntos como promedio en las asignaturas de Matemática, Física, Química, Biología y Ciencias Naturales.

 «Además, hace tres pruebas de ingreso: Matemática e Historia, así como a selección Física, Química o Biología. Aquí hay un cambio, porque hasta hace poco estos no eran los exámenes y es un buen ejemplo de cómo el Mined busca retomar los objetivos fundacionales de esos centros, pues durante un tiempo se examinó Matemática, Español e Historia, dos asignaturas de humanidades y una de ciencia. Buscando que ingresen los interesados en las ciencias, se cambió desde el curso pasado a exámenes muy parecidos a los que se hacían cuando se inauguraron. No aparece Español como materia que se examine de manera directa, pero se evalúan en todos los exámenes la redacción y la ortografía.

«El plan de estudios, aunque es similar al resto de los preuniversitarios, tiene cursos complementarios relacionados con las asignaturas por las cuales los estudiantes ingresaron. Además, el vínculo con las universidades y centros científicos es más fuerte, y siempre hemos buscado que el claustro tenga una mayor preparación y calidad».

—Precisamente, el funcionamiento interno de los IPVCE tiene entre sus peculiaridades la preparación por asignaturas ¿Cómo se implementa en la actualidad? ¿Sufrirá algún cambio?

—Sí, los estudiantes se preparan por asignaturas. Este es un principio de ese tipo de escuela y el Mined está trabajando en eso, para retomarlo con fuerza, porque hay centros donde se hace muy bien y en otros no.

«El año pasado se cambiaron los exámenes de ingreso al IPVCE, como te comenté antes. A partir de la asignatura que escoja el estudiante para examinar se encamina el Curso Complementario. Así, hay una preparación mayor en la rama de la ciencia que más le interesa al estudiante.

Margarita McPherson, viceministra de  Educación. Foto: Archivo de JR.

«La participación en las Sociedades Científicas (creadas a partir de la Resolución Conjunta 2/1988 del Mined y la Academia de Ciencias de Cuba, con el apoyo de polos científicos y universidades, para incentivar la formación vocacional y la sed de conocimientos más allá del aula), sus temas de investigación, los cursos complementarios, los seminarios en que participa, todo desde el punto de vista metodológico tiene que responder a su interés vocacional».

—¿Cuánto ha impactado en el interés de acceder a las vocacionales el aumento de los preuniversitarios urbanos?

—Ha habido una disminución de la matrícula. Los IPVCE comenzaron con un promedio de 4 000 alumnos, en los inicios se registran incluso cifras de cerca de 5 000 y se construyeron con capacidades para asumir esas matrículas, que han ido disminuyendo.

«Hemos hecho un análisis de las matrículas históricas y puedo decirte que en el curso 1991-1992, por ejemplo, fueron a ese tipo de centro más de 26 000 estudiantes. Hoy tenemos un total de 10 669 estudiantes, el curso anterior fueron 11 045.

«Sin embargo, no es solo la apertura de los centros urbanos lo que marca la diferencia. En los tiempos de las grandes matrículas iban a los preuniversitarios el 60 por ciento de los estudiantes que culminaban la Enseñanza Media, hoy no es así; la estrategia de formación de fuerza calificada ha cambiado.

«La proyección económica del país invierte la pirámide y solo un 40 por ciento de quienes terminan la secundaria básica continúan estudios de preuniversitario, mientras el 60 por ciento se dirige a la Enseñanza Técnica Profesional (ETP). Además, el IPVCE es un tipo de preuniversitario, están los urbanos, y también los centros militares y las escuelas deportivas, hay que distribuir entre todos.

«La disminución no se marca ahora. En el curso escolar 2006-2007 teníamos 17 237 alumnos en IPVCE y fue bajando hasta el curso escolar 2010-2011, cuando ocurrió el descenso mayor, momento en que se abren los preuniversitarios urbanos, pero como te expliqué, esa no es la única causa».

—Las vocacionales se caracterizaron por su gran infraestructura ¿Se han sacrificado instalaciones que pudieran ser útiles para los estudiantes o disminuir la calidad? ¿Convivir con otros tipos de enseñanza podría haber afectado el desenvolvimiento en estas escuelas?

—La disminución de matricula indiscutiblemente deja espacios y capacidades que no se cubren y se han utilizado para otros niveles educativos. Cuando esto se hace no se afecta al IPVCE, no pierde calidad, porque ese otro centro tiene su propia dirección. No tiene ninguna relevancia que el IPVCE tenga al lado otro preuniversitario totalmente independiente.

«Solo tenemos un IPVCE, el de Villa Clara, que está concebido como centro mixto con una secundaria básica, con una dirección única. Es una combinación interesante, así comenzó la vocacional Lenin en los años 70. Insisto que utilizar los espacios no implican deterioro de la identidad del preuniversitario».

—¿Es posible volver a las grandes matrículas que caracterizaron a ese tipo de instituciones escolares?

—Hoy tenemos 15 IPVCE en el país que abarcan todos los territorios y un experimento en la Isla de la Juventud hace tres cursos, porque antes los estudiantes del Municipio Especial venían a «la Lenin». Allí tienen una matrícula de 30 alumnos en cada año, este curso es la primera graduación. Hasta ahora los resultados son favorables.

«Que el Municipio Especial tenga su IPVCE es algo que se analizará, a partir de lo que nos de la experiencia de estos tres cursos, pero como te comenté, hasta ahora son halagüeños. Ese es también un elemento a tomar en cuenta para valorar que no hay intención de reducir ese tipo de centros, pues estamos considerando abrir uno más.

«Con respecto a la matrícula, pensamos que podemos aumentarla un poco y estamos estudiando para los planes de continuidad de estudios que realiza el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social, y según las necesidades de profesionales en la rama de la ciencia que tiene el país, proponer la posibilidad de que crecer un poquito, es una acción en la que estamos trabajando».

—Algunos profesores de las vocacionales han optado por pasar a los preuniversitarios urbanos, entre otras razones por la menor carga docente y la ausencia de las guardias nocturnas. ¿Cuán mermada está la cobertura y la calidad de los maestros?

—Para esos centros se busca un claustro que tenga condiciones y posibilidades de desempeñarse satisfactoriamente en el proceso docente-educativo. Esas escuelas fueron creadas en la década del 70 del pasado siglo, por lo tanto muchos de sus actuales docentes no son los que iniciaron, se han ido renovando.

«Para allí se destina a los mejores graduados, porque es una prioridad contar con profesores de calidad, pero en general en nuestras instituciones educacionales tenemos hoy un claustro heterogéneo y eso no excluye a los IPVCE. Aunque tratamos que vayan para allí los mejores, la mayoría son licenciados y másteres, puede que haya algún profesor que no tenga el nivel requerido.

«Debido a la diversidad de formación de los claustros, tenemos como un objetivo básico del trabajo del Mined la preparación y superación del personal docente, para todos los centros y en especial para los IPVCE. Incluso en la estrategia para la formación de másteres y doctores se ha priorizado a ese tipo de centro.

«Debo señalar, además, que en visitas realizadas a los IPVCE, en las cuales se ha entrevistado a los estudiantes, siempre señalan la calidad de sus profesores, aun cuando estos sean jóvenes y no debemos obviar que tenemos también contratos de profesionales de la ciencia laborando en esos centros, aunque no son mayoría.

«Otro dato interesante, que refleja la calidad de las clases, se refleja en los resultados que se obtienen en estos centros en pruebas finales y de ingreso a la Educación Superior, lo cual constituye un indicador interesante, así como la participación de esos estudiantes en concursos y olimpiadas de conocimientos.

Fidel en la inaguración de la Escuela Vocacional holguinera. Foto: Archivo de JR

«En las pruebas finales de 12mo. grado, la mayoría de los alumnos de IPVCE aprueban. Mientras en el resto de los preuniversitarios del país el rango de aprobados en los exámenes de ingreso a la Educación Superior se mueve entre un 69 por ciento y un 89 por ciento —según la provincia—, en los IPVCE rebasa el 98,5. Adicionalmente, la mayoría tiene un rango de notas entre 90 y 100. Eso evidencia que se preparan bien, que el nivel de calidad en la formación es alto.

«En esas escuelas hay una exigencia perenne con el estudio, porque el alumno tiene que mantener más de 85 puntos en las asignaturas de ciencias para continuar matriculado. Cuando pierde ese índice no puede seguir en la vocacional, eso hace que se esfuercen más, tanto los alumnos como los profesores.

«Que tenemos que seguir trabajando con esas diferencias en la preparación de los profesores y seleccionar bien a los que allí imparten clases no lo niego, es un aspecto que hay que seguir revisando».

—¿La aparición de opciones como estudiar el 12mo. grado en las universidades es consecuencia de que las vocacionales ya no son cantera para esos perfiles de carreras?

—El 12mo. grado en las universidades es una alternativa más y el incentivo que tiene para los alumnos es que no realizan pruebas de ingreso, el otorgamiento de la carrera es directo.

«No puedo decir que es una opción que compita con los IPVCE donde tenemos una matrícula de 10 669 estudiantes y solo 80 en las universidades para continuar estudios en carreras de ciencias, a lo que se agrega que esta opción es nada más en la capital. Hay otros 2 250 alumnos insertados en universidades, pero esos optan por carreras de perfil pedagógico.

«El curso anterior, el 94 por ciento de los graduados de los IPVCE continuaron sus estudios universitarios en carreras de ciencias, lo cual es un principio básico de esos centros y así lo concibió Fidel cuando los creó. De todos modos no nos conformamos, es una cifra que trabajamos para aumentarla, lo ideal es que sean todos».

—A partir del período especial los IPVCE experimentaron un significativo deterioro de la infraestructura, la base material de estudio y las condiciones de vida de estudiantes y profesores. ¿Sigue siendo esa la situación?

—Durante el período especial se afectó el transporte, la alimentación, aunque se trató de garantizar y no cerrar ningún centro escolar. Esa no es hoy la situación, aunque debo aclarar que la base material de estudios nunca tuvo dificultades.

«Las condiciones de vida sí se han visto afectadas por la infraestructura, hay problemas constructivos y desde la dirección de inversiones del Mined se realiza un trabajo que asumen también las direcciones municipales y provinciales. Se acometen reparaciones sistemáticas y aportes para solucionar los problemas internos, garantizar que tengan las condiciones para el desarrollo del proceso docente-educativo.

«El Mined tiene una atención especial con esos centros. Tenemos dos prioridades, las escuelas pedagógicas y los pre vocacionales. En el país tenemos 450 preuniversitarios y los IPVCE son solo 16 contando a la Isla de la Juventud, así que no es difícil tener esa distinción. Hemos trabajado dotándolos de medios informáticos y todos tienen conectividad. Además se han dado pasos en las reparaciones, no están igual que durante el período especial».

—Específicamente en el caso de la vocacional Lenin se han reducido sus instalaciones. ¿Cuál es la razón  y en qué se emplearán las que quedarán fuera del centro docente?

—En «la Lenin» se trabaja para mantener una infraestructura que garantice las condiciones necesarias para los estudiantes, incluso se piensa en la posibilidad de que la matrícula sea un poquito mayor, se trabaja en esa dirección, quizá para el plan de 2019.

«Se labora para rescatar el gimnasio, la piscina, áreas de esparcimiento. Hay un programa que siguen las autoridades de la capital. El futuro de las estructuras que ya no serán utilizadas por ese IPVCE, debido a la reducción de la matrícula, está aún en análisis».

—Cuando surgieron los IPVCE contaban con centros de producción o vínculo con tareas agrícolas. ¿Se mantiene ese principio de formación?

—Es cierto que cuando surgieron los IPVCE los planes de estudio, al igual que en todos los centros de la enseñanza media y media superior, tenían un diseño de estudio-trabajo. El concepto y el principio se mantienen, pero la situación actual del país ha variado, lo que ha hecho tomar medidas y cambiar la manera en que se asume.

«En el caso de los IPVCE hoy tienen destinado un día de actividad socialmente útil, que puede ser agrícola o de otro tipo, y forma parte de la concepción de formación laboral de nuestros estudiantes.

«Algunos de esos centros tienen un vínculo muy grande de actividad en esa dirección, en otros es más tenue, pero está en el plan de estudios. En los objetivos de trabajo para el próximo curso escolar está también el trabajo en esa dirección, para lograr establecerlo con mayor concreción».

—En estas escuelas se preparan los estudiantes para los concursos nacionales y las olimpiadas internacionales. ¿Se mantiene este sistema, se mantendrá, cómo se realiza? ¿Los resultados en esos certámenes han reflejado la disminución de la calidad en las vocacionales?

—En los IPVCE se preparan los estudiantes para esos certámenes, incluso en algunos tenemos la categoría de profesor-entrenador con una participación muy buena.

«Lo realizamos de manera masiva a nivel de aula y ahí se seleccionan los mejores que van a los certámenes del municipio, luego a la provincia y la nación. A los concursos nacionales llegan diez de cada asignatura, es un número grande, y a partir de ellos se forma la preselección para las olimpiadas internacionales, que se preparan en el Centro Nacional de Entrenamiento.

«No hay disminución de calidad. Históricamente teníamos una cifra de cinco concursantes por asignaturas, luego eran ocho y ahora son diez, y los aumentamos porque hay calidad.

 «En las olimpiadas Internacionales es significativa la cantidad de premios que obtiene Cuba y la preselección está conformada en su mayoría por estudiantes de los IPVCE de todo el país.

«En 2017, por ejemplo, Cuba fue convocada a participar en 13 olimpiadas de diversa índole y concursó en diez. Obtuvo siete medallas y dos menciones honoríficas. Entre las preseas doradas destaca la obtenida por la estudiante de «la Lenin» Sofía Albizu-Campos Rodríguez, que no solo ganó oro, sino que alcanzó la nota máxima absoluta en la Olimpiada Centroamericana de Matemática.

«La provincia con mayor número de representantes fue La Habana, con cinco estudiantes, todos ellos provenientes de «la Lenin». En el caso de la Iberoamericana de Informática, los lauros son contabilizados de forma independiente por los expertos del Centro Nacional de Entrenamiento. Ese concurso fue realizado online y ello permitió que un número mayor de jóvenes pudieran competir. El total de medallas conseguidas fueron dos de oro, dos de plata y dos de bronce.

«La cosecha de premios se ha incrementado en los últimos tres años y el 70 por ciento de los participantes regresan con medallas o premios.

«El fortalecimiento de las Sociedades Científicas y el hecho de que se hayan retomado las copas de conocimientos entre los IPVCE del país han propiciado también ese impulso.

«Lejos de desaparecer, se trabaja por fortalecer los IPVCE y mantener sus principios fundacionales, formar jóvenes para las carreras de ciencias, lo cual es fundamental para el desarrollo de nuestro país».

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