El perro no tiene dientes, no tiene na’

La inestabilidad en el suministro de líquidos y mostaza, la mala calidad del pan y la falta de refrigeración, así como el incumplimiento de las normas higiénico-sanitarias atentan contra el correcto servicio en las Casas del Perro Caliente en parte de la capital

Autor:

Iviani Padín Geroy

La venta del llamado pan con perro es una rápida solución para quienes necesitan llenar el estómago cuando están en la calle o la despensa en casa está vacía. Sin embargo las insatisfacciones siguen creciendo, incluso, a casi dos años de que este diario publicara el trabajo ¿Qué será lo que tiene el perro? (16 de diciembre de 2016), en el cual se expusieron las deficiencias del servicio en las Casas del Perro Caliente en varias provincias del país.

Ana María Delgado confiesa ser adicta a este producto. Vive cerca de 23 y K, donde se ubica una de las casas que lo comercializan. «Los kilos de más que tengo se los debo a estos panes, casi todos los días paso por aquí, por lo que ya me acostumbré a comerlo solo con cátsup, unas veces más espeso y otras con más agua».

La ausencia de refresco es lo que más le molesta a Roberto Martínez. «El calor es insoportable y este es uno de los únicos lugares donde el refresco de lata todavía cuesta diez pesos. Lo que no me explico es como no hay para suministrarlo a los establecimientos estatales, mientras los particulares ofrecen todos los sabores a 18 o 20 pesos».

Margara Oviedo estaba en la fila de la Casa del Perro de 23 y K. «Qué bueno que hay refresco, y del que me gusta, limón», expresó a toda voz. Cuando se acercó al mostrador y descubrió que no podría calmar la sed con un refresco frío pues «acaban de llegar del almacén» decidió no comprarlo, se volteó hacia su amiga y comentó, «no sé para que me sorprendo, siempre es lo mismo».

Cuando no hay mostaza —casi nunca—, dijo Ángel Mario Puerto, la cantidad de cátsup que le echan al pan es la misma, y tiene malísima calidad o está ligado con agua porque es muy líquido y casi transparente.

Tantos problemas en el servicio conllevan a que los clientes se sientan irrespetados y desprotegidos a la hora de consumir en estos establecimientos. No obstante, la premura y el costo hacen que acepten estas condiciones y continúen frecuentando las Casas del Perro Caliente.

EL PERRO NI LADRA NI MUERDE

Según explicó Jorge Vázquez, director provincial de gastronomía en La Habana, existen 19 centros que ofrecen este servicio las 24 horas en diferentes municipios. «Tanto en la cadena de Casas del Perro Caliente como en el resto de los establecimientos donde se ofertan servicios gastronómicos deben cumplirse determinadas normas higiénico-sanitarias.

«La unidad tiene que mantenerse limpia todo el tiempo para que resulte un lugar acogedor y confiable ante los ojos de quienes la frecuentan. La presencia adecuada de los dependientes y elaboradores también es importante y absolutamente necesaria, por lo que somos extremadamente exigentes en este sentido», declaró.

A la vista del cliente, dijo, tiene que estar la oferta con el precio y gramaje correspondiente. Los productos, tanto el pan con perro como el líquido, se brindan a la población con la temperatura adecuada pues para ello existen las cámaras de frío y el resto de los equipos como neveras, refrigeradores y conservadores de calor, este último para las salchichas.

«Tenemos contratos con varias panaderías que son las que nos suministran el pan con el tamaño y la calidad requerida. Los condimentos— cátsup y mostaza— se distribuyen enlatados hacia las unidades, las que deben cumplir con las normas a la hora de aplicar las cantidades establecidas en la elaboración del producto», precisó Vázquez.

DOS AÑOS DESPUÉS

El directivo reconoció que existen afectaciones en el suministro de los líquidos, principalmente refrescos enlatados, pero que esta no es una justificación para ofertarlos calientes. «Lo que está establecido es que se espere a que el refresco tenga una correcta temperatura aunque se demore su venta unas horas más».

La inestabilidad en la oferta de líquidos, explicó, se debe a la escases de CO2 que han estado enfrentando los proveedores en los últimos meses, por lo que han tenido que sustituir el refresco gaseado por el dispensado o el de la marca Coral.

Sin embargo, no es la falta de líquidos la única dificultad que enfrentan las Casas del Perro Caliente. Durante la visita a varias de ellas, este equipo se percató de una ausencia incluso más preocupante: no había mostaza. Ante esta interrogante, Vázquez admitió que el suministro de este condimento —imprescindible para cualquier pan con perro que se respete— también presenta inestabilidad y se distribuye en cantidades insuficientes. «Cuando la mostaza se acaba los elaboradores compensan el gramaje con cátsup», precisó.

La elaboración de pan, continuó Vázquez, ha sido deficiente en determinados momentos debido a rupturas y paros productivos en las panaderías encargadas del abastecimiento, causa por la cual el pan ha llegado a la población con menor gramaje y calidad que la establecida. «Cuando el pan no reúne la calidad necesaria para ofrecer un buen servicio no se puede recibir en nuestras unidades», señaló.

PÁLIDO Y SIN DIENTES

En busca de posibles soluciones Juventud Rebelde conversó con directivos de tres de las casas del perro caliente. Alexander Bellón, jefe de almacén en la de 23 y K, en el Vedado, informó que existe disponibilidad de líquidos —refresco enlatado— en los almacenes de los proveedores pero que los dos camiones disponibles para la trasportación se encuentran rotos por lo que no pueden mantener estabilidad en esa oferta.

«El transporte que se encarga del pan está sin combustible, por lo que para mantener la venta nos hemos visto obligados a traerlo en el carro particular de uno de nuestros trabajadores», puntualizó.

Esta es la unidad de su tipo que más ingresa por la venta de hot-dogs y refrescos. «La demanda es muy alta y no es suficiente la cantidad de mostaza que se nos asigna. Tenemos además problemas con la cámara de frío y no podemos mantener las bebidas en la temperatura adecuada con solo una nevera y un exhibidor pues hay que priorizar la refrigeración de las salchichas», señaló.

En la Casa del Perro de la Esquina de Tejas, en el Cerro, los clientes se quejan por la mala atención de quienes ofrecen el servicio. Según Magalis Reyes, la dependienta no pudo explicarle por qué no puede comprar un refresco si no adquiere también el pan con salchicha.

«Sólo quería comprar un refresco de cola para llevárselo a mi niño y la dependienta me dijo que tenía que ser las dos cosas. Cuando le pregunté por qué me contestó que era así y que si no estaba de acuerdo que no comprara nada. Esas no son formas de tratar a un cliente», refirió.

A Arturo Medina también le fue negado un refresco de cola. «No entiendo cómo es posible que no pueda comprar un producto que está en exhibición, tampoco entiendo que a menos de diez metros los particulares vendan el mismo producto al doble del precio establecido».

Maydelín Borrayo, económica de esta unidad, contó que la decisión de vender el refresco solo si se acompañaba del producto estrella de la casa se tomó para incrementar la venta de este último, ya que no podían permitir que se acumularan salchichas o que el pan envejeciera.

Aunque puede que exista una buena intención, regular la venta del líquido en tiempos tan calurosos como los que corren atenta contra los derechos de los consumidores y generan nuevas inconformidades.

Durante nuestro intercambio conocimos que ante las continuas quejas de los clientes comenzó nuevamente la venta de refresco sin acompañamiento. No obstante, la de la Esquina de Tejas, es otra de las unidades que presentan problemas con el suministro de líquidos, por lo que el exhibidor estaba completamente vacío el día de nuestra visita.

Así encontramos también la situación en la Casa del Perro de 23 y F, en el Vedado, donde solo se estaba ofertando como refresco dispensado. Además de la inestabilidad en el suministro de líquidos, Luis Borges, almacenero del establecimiento, declaró que han existido problemas con la calidad del pan por fallos en la panadería de 23 y C, por lo que se estuvo comercializando con menor gramaje.

En el recorrido por estas unidades, nuestro equipo de prensa pudo constatar que, además de la inestabilidad en el suministro y los problemas de la infraestructura tampoco se cumplen las normas higiénico-sanitarias. Encontramos  a las elaboradoras y dependientas, que no usan, por ejemplo, el gorro que exige Salud Pública para evitar que los cabellos caigan en los alimentos.

Este problema, que no depende de recursos materiales, y que se produce por la falta de exigencia de los administrativos y el irrespeto a quienes acuden a las unidades para recibir un buen servicio, es otra de las causas que tienen al perro pálido y sin dientes.

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