Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Mis cinco temas preferidos

Autor:

JAPE

Nunca apareceré entre los entrevistados del gustado programa Con dos que se quieran X. En este caso X significa la variable que contiene cualquier temporada, pues para mí todas las incursiones, con pequeñas diferencias, han sido loables. No se trata de que yo no sea una figura importante de la sociedad cubana, de hecho, todos lo somos. Estaré ausente entre los invitados, quizá porque el conductor nunca tuvo la oportunidad de conocerme personalmente, ni siquiera a mi familia.

Tampoco mi desconcertante silueta y mi mucho más desconcertante rostro aparecerá en el gustado (insisto, muy gustado y espectacular) programa La Banda gigante. Primero porque ya se acabó (al menos esta primera temporada). En segundo lugar, porque no soy músico (aunque me hubiera gustado serlo, al igual que caricaturista, cosmonauta, escritor y pelotero…).

No somos (porque ahora hablo en nombre de los integrantes del ddt) reconocidas personalidades de la cultura cubana. Así lo han dejado entrever algunos dentro de nuestro ilustrado mundo intelectual. Para ellos ha tenido más impacto el efímero paso de un globo de Cantolla, que el arribo a 50 años de ininterrumpida labor de nuestra publicación.

Con estos avatares dudo que alguien se nos acerque para preguntarnos cuáles son nuestros cinco temas cubanos preferidos, aquellos que no nos pueden faltar. Esto lo vi en una sección de La Banda gigante y me pareció genial, como muchas otras secciones. El humor y la música corren por la sangre del cubano como glóbulos blancos y rojos. Cual pares filosóficos: oferta y demanda, causa y efecto, unidad y lucha de contarios… como el yin y el yang, el aceite y la papa frita (cuando ambos coinciden).

Todos tenemos cinco o más temas cubanos de nuestra preferencia. Algunos los tarareamos a diario. Quizá con diferente intensidad (cada quien con su experiencia, no todos somos lumbreras del arte y el deporte), pero sí con la misma intención: relajarnos para continuar el día a día con la fuerza que nuestros credos y afiliaciones nos permitan.

Conversé con varios amigos, vecinos, colegas… en busca de alguna concomitancia y finalmente pude crear un patrón que se ajusta a un porciento considerable de coincidencias.

Primer tema: Cuando el cubano de a pie (como llaman algunos) escucha sonar el timbre de su despertador a las 5:00 a.m. de la mañana, anunciando que ya comienza el día laboral, aunque el termómetro marque 13 o 14 grados de temperatura. En ese momento la canción recurrente es el tema No puedo ser feliz, de Adolfo Guzmán.

Minutos después, cuando quieres calentar la leche de los niños y hacer el poquito de café (mezclado) a contrarreloj, y te encuentras que el gas está bajito y no queda nada en la balita, entonces viene a tu mente el popular tema de los Van Van de allá por los años 70: ¡La candela!

Son cerca de las 7:30 de la mañana, llevas una hora en la parada atestada de público, a pesar de las gacelas. Hoy te vuelven a pasar la raya roja por llegar tarde. En eso aparece el ómnibus que tanto invocabas, con más gente por afuera que por dentro. Es el momento en que, casi a coro, entonamos el tema de la Original de Manzanillo: ¡Córranse ahí caballero, echen un paso pa’tras!

Una vez en tu puesto laboral, rodeado de lo mismo con lo mismo, al mirar el reloj y ver que aún queda un mundo para la hora de la salida, piensas que lo mejor es no coger lucha y casi inconscientemente comienzas a canturrear la popular canción Que suenen los tambores, de Laritza Bacallao.

Llega la noche, te preparas para ir a la cama luego de un largo día y mientras pones el reloj en hora, a tu mente viene, como si estuvieras implorando, la letra de aquel viejo tema de Amaury Pérez, que decía: «Abre las ventanas y ponte a brillar y a soñar, que mañana es domingo».

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