Una cubana inspiró al escultor del Alma Mater de la Universidad de La Habana

La majestuosa estatua que corona la escalinata del centro de altos estudios está inspirada en una mujer que deslumbró a su escultor

Autor:

Mario Cremata Ferrán

Transcurridas casi nueve décadas desde que el Alma Mater permanece como testigo de acontecimientos definitorios en el Chana Villalón en la foto que se entregó al escultor. Tendría la satisfacción desde edad temprana, que el joven Mella pusiera por nombre Alma Mater, a la revista fundada en 1922, que continua con aires renovadores siendo el órgano por excelencia del estudiantado universitario cubano. Foto: Cortesía de la familia Menocal-Villalón  curso histórico de Cuba, todavía muchos desconocen que el rostro de esta diosa de imitación griega o romana estuvo inspirado en una hermosa criolla que fascinó al autor, y hoy recorre el mundo en revistas, diccionarios, enciclopedias, souvenirs y guías de turismo.

Esta madre bondadosa que recibe con los brazos abiertos a todos los hijos que deciden ligar su suerte a los vetustos edificios que conforman el campus universitario, fue Feliciana Villalón Wilson, familiarmente llamada Chana.

¿CASUALIDAD O SUERTE?

En 1919 un escultor checo radicado en La Habana, de nombre Mario Joseph Korbel (Osek, 1882-Estados Unidos, 1956), se propuso realizar un Alma Mater que sería colocada en la colina universitaria. Esta simbolizaría a Palas Atenea o a Minerva, diosas de la sabiduría en la mitología griega y romana, respectivamente. El tiempo apremiaba y necesitaba el rostro indicado para poder comenzar su obra. A sus oídos llegaron los comentarios sobre unas hermanas de apellido Villalón, renombradas en la sociedad habanera de la época por su impresionante belleza. No lo pensó dos veces y partió inmediatamente tras ellas.

En busca del rostro olvidado, acudí a las memorias de Feliciana Menocal Villalón, de 76 años (conocida por todos como Fishú), hija de la modelo de nuestra historia. Hoy dedicada por completo a la pintura, lleva a la cartulina todo el universo de las variedades de aves, plantas y flores existentes.

«En realidad —rememora— a Korbel de quién le hablan es de mi tía Carmen, que era la más bella de las tres hermanas. Cuando viene a esta casa a reunirse con ella, mi abuelo le presenta al resto de sus hijos. Es entonces cuando sucede lo inesperado: el escultor se deslumbra por Chana y abandona la propuesta inicial porque consideraba que tenía un rostro más maternal. Ella había nacido el 15 de febrero de 1903, y para esa fecha solo contaba 16 años de edad».

La casona del Vedado, aún habitada por la familia, data de principios del siglo XX y fue adquirida por Villalón en 1909. No es hasta el año siguiente que luego de varias reparaciones deciden mudarse. En esta vivienda estilo colonial, con techos de madera protegidos con tejas y amplios ventanales con vitrales ubicados a lo largo de toda su estructura, transcurrió gran parte de la vida de Feliciana Villalón.

«El 31 de mayo de 1925, Chana se casa con el doctor Juan Manuel Menocal y Barreras, abogado y catedrático de la Escuela de Comercio e hijo de un reconocido magistrado del Tribunal Supremo de igual nombre, mi otro abuelo», cuenta Fishú.

«Con él tuvo seis hijos en este orden: Josefina Augusta, los gemelos Juan Manuel y Enrique, Alberto, Feliciana y Jorge. De todos ellos la única que permaneció en Cuba fui yo.

«Mi padre, además de dedicarse a la docencia, estableció las estructuras de los impuestos fiscales y fue asesor-consultante del Banco Nacional. En dos ocasiones fungió como decano de la Facultad de Ciencias Comerciales en la Universidad de La Habana, y cuando el 10 de marzo de 1952 Batista da el golpe de Estado, presentó su renuncia.

«Mis hermanos Enrique y Juan Manuel, que todavía viven, estudiaron la carrera de Derecho en la misma aula que Fidel Castro. Muchas veces él vino a esta casa a repasar con mi padre y a estudiar con los gemelos, quienes también escondieron armas y colaboraron con el Movimiento 26 de Julio. Sus actividades provocan que posteriormente tuvieran que exiliarse.

«Mi padre murió en marzo de 1959, y tiempo después mi mamá decidió refugiarse en la casa de Varadero, que ambos inauguraran en 1941 y fuera cuna de nuestra infancia. Allí vivió sola alrededor de 13 años, con visitas esporádicas a la capital. A partir de 1980 su salud se resquebrajó y comenzó a tener isquemias transitorias que le provocaron una fuerte caída, una mañana en la iglesia, lo que sirvió de pretexto para traerla de vuelta a la casa del Vedado. Aquí murió en el mes de noviembre de 1984».

La universidad tiene la palabra

Poseedor de una memoria prodigiosa y manantial inagotable de conocimientos, es el doctor Delio Carreras Cuevas, graduado de Derecho y Filosofía y Letras, profesor Emérito que desde 1966 es oficialmente el Historiador de la Universidad de La Habana. Interrogado el erudito sobre el tema, aportó datos de significativo interés:

«Originalmente se accedía a la Universidad por una escalerilla a un costado, aproximadamente en la intersección de las calles San Lázaro y 27 de noviembre. En un lugar indeterminado de la zona que hoy ocupa el Rectorado y la Plaza Ignacio Agramonte (o in situ indeterminatum, como él lo define), se emplazó por vez primera el Alma Mater, después de su terminación en 1919 por Korbel y ejecutada al año siguiente por la compañía Roman Bronze Works de Nueva York».

De esta etapa inicial dan fe varias fotografías memorables, en las que aparecen el líder estudiantil Julio Antonio Mella, Felio Marinello, Sarah Pascual y muchos otros valerosos jóvenes que un día enfrentaran al dictador Gerardo Machado.

«No fue hasta fines de 1927 que la escultura fue situada donde la vemos actualmente. En el lugar más prominente de la Colina se erigió un pedestal de cemento y piedra, obra de los célebres arquitectos cubanos Evelio Govantes Fuertes y Félix Cabarrocas Ayala, a la sazón contratistas universitarios y autores de otras instalaciones dentro de la casa de altos estudios. La Escalinata quedaría terminada el 17 de enero de 1928 y consta de 88 escalones con cuatro tramos de descanso».

Mario Korbel (1882-1956) «Mario Korbel, de origen judío, nacido en la antigua Bohemia (que después del desmembramiento del imperio Austro-Húngaro pasó a ser Checoslovaquia), escogió a la joven Chana Villalón, de la que tomaría el rostro, la cabeza y el cuello. Para el resto del cuerpo de la escultura posó otra criolla mestiza de más edad, que no ha sido posible identificar».

En relación con esta última se han tejido un sinnúmero de leyendas: «Unos dicen que fue Longina —inmortalizada por la famosa composición de Manuel Corona—, otros afirman que se trata de La Macorina (la primera mujer chofer de Cuba, pionera también en obtener la licencia de conducción en la capital de principios del siglo XX), y hay quien asegura que fue Eva María Perdomo, otro personaje de la época. Lo cierto es que de estos episodios no hay nada concluyente», explica el Historiador.

Después de concluida el Alma Mater, la bella señorita Feliciana Villalón Wilson viviría 65 años más, pero es casi seguro que nunca imaginó que esta singular pieza de bronce única en Cuba, alcanzaría la fama de que hoy goza. A Mario Korbel le sucedería lo mismo.

Nota: Agradecemos la colaboración del doctor Ricardo Luis Hernández Otero, investigador titular del Instituto de Literatura y Lingüística.OBRA PERDURABLE 

En ambos costados del trono de bronce donde reposa el Alma Mater, Korbel grabó en bajorrelieve algunas imágenes que

Foto: Juan Hung

rememoran las ramas del saber que tenían cabida en la Universidad de La Habana, figurando la Cosmografía, la Botánica, la Medicina, la Farmacia, las Leyes, la Filosofía, las Letras y la Arquitectura. Tocaría al doctor Gabriel Casuso y Roque disfrutar de su segundo mandato rectoral (1918-21), en el momento de la ubicación original en 1920.

Para realizar esta escultura, el artista se inspiró en la construcción de estilo románico con una gran escalinata y diez columnas corintias que forman la entrada principal de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, la cual está presidida por una obra similar de la autoría de Daniel Chester.

La locución latina de Alma Mater se aplica a las universidades, pues la Madre Nutricia tiene la misión de inculcar los saberes, cultura y espíritu profesional que necesitan los estudiantes.

En la Memoria de la Administración del presidente de la República de Cuba Mario García-Menocal, correspondiente al período (1ro. de julio de 1919 hasta el 30 de junio de 1920), aparecen registradas como obras de utilidad pública algunas edificaciones universitarias y el Alma Mater, que según se dice, costó 14 684 pesos.

Genealogía de una diosa criolla

El teniente coronel del Ejército Libertador, ingeniero José Ramón Villalón y Sánchez (1864-1937), había sido secretario de Obras Públicas durante el gobierno interventor norteamericano en 1899. Vinculado a la política como representante por la provincia de Pinar del Río ante la Asamblea Constituyente de 1901, fue llamado más tarde a ocupar nuevamente la Secretaría de Obras Públicas durante el primer mandato del general Menocal (1913-17).

Su exitoso desempeño le había hecho ganarse el respeto de sus correligionarios. Alternaba sus funciones administrativas con las clases de Análisis Matemático que impartía en la Universidad.

Como resultado de su unión con la señora María Wilson, vendrían al mundo cinco hijos: Gloria, José Ramón, Feliciana, Augusto y Carmen. Esta familia gozaba de cierto reconocimiento en la sociedad de la época, y las hembras tenían fama de bonitas, particularmente la menor, Carmen.

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