Presentan hoy novela de Elena Poniatowska

Tinísima, la esperada novela de la mexicana Elena Poniatowska, será presentada esta tarde, 4:00 p.m., en la sala Nicolás Guillén de la Cabaña

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Foto: Felipe Haro P. «Todo en este libro es mágico, y está lleno de ola de mar o de amor como un tornasol que solo se encuentra, tan solo en los ojos de los niños». Cuando firmó estas hermosas palabras, el notable Juan Rulfo no se refería a Tinísima, la esperada novela de Elena Poniatowska, publicada por el Fondo Editorial de Casa de las Américas, y cuya presentación tendrá lugar esta tarde, a las 4:00 p.m., en la sala Nicolás Guillén de la Cabaña, sino a Lilus Kikus, el primer volumen de la aplaudida Premio Nacional de Periodismo y de Literatura de México. De hecho, transcurrieron casi cuatro décadas para que parte de la rica y polémica existencia de la afamada fotógrafa e intelectual Tina Modotti quedara salvada para la memoria como un auténtico tesoro. Sin embargo, el temprano elogio del autor de El llano en llamas ya anunciaba que América Latina y la literatura universal habían ganado una escritora brillante.

Desde la aparición de Lilus Kikus en 1954 a la fecha, la Poniatowska ha publicado más de 40 títulos, incluido la monumental La noche de Tlatelolco, sin que por ello sean menos significativos libros como La piel del cielo y Fuerte es el silencio, así como otros textos, introducciones y prólogos que ha realizado sobre las más diversas disciplinas del arte. Y entre esa amplia nómina de libros relevantes se encuentra Tinísima que, según cuenta Elena Poniatowska a Juventud Rebelde, nació a partir de un encargo que le hicieran para que concibiera un guión cinematográfico.

«Fue una solicitud de Gabriel Figueroa, quien quería llevar al cine la vida de esta mujer italiana, que devino hija ilustre de México y una figura imprescindible dentro de la cultura de mi país del pasado siglo. Y claro, después que acepté este empeño mayúsculo tuve que ponerme a investigar, lo que me llevó a entrevistarme con muchas de las personas que tuvieron vínculos cercanos con Tina, quienes, por suerte, entonces aún vivían. Y eso conllevó, por ejemplo, a que viajara a Cuba.

«Mi interés en la Isla era indagar sobre el revolucionario y militante comunista Julio Antonio Mella, quien fue muy importante en la vida de la Modotti, con la que mantuvo una relación sentimental. Tras ser perseguido por el dictador Gerardo Machado, él se había exiliado en México, donde fue asesinado. Aquí dialogué con Sarita Pascual, una novia suya, y con el esposo de esta, Roberto Vizcaíno, entre otros. Estuve en La Habana toda una semana. Para el libro también me entrevisté en Trieste con Vittorio Vidali, el último amante de Tina».

—¿Y antes de ese momento había visitado nuestro país?

—Quiero decirte que Cuba fue el primer país de América Latina que conocí, siendo muy pequeña, cuando mi mamá decidió regresar a su tierra, junto a mi hermana y a mí, procedente de Francia, país donde nací. Recuerdo que nos embarcamos en Bilbao, porque estábamos en Toulouse. Y no olvido que un señor con no muy buenos modales se nos acercó, y mi madre exigió respeto, asegurándole que estaba hablando con unas princesas.

—Sí, porque usted es descendiente del último rey de Polonia...

—Así es, pero esa es una historia que ni siquiera tomo en cuenta... Sin embargo, respeto el heroísmo del pueblo polaco, la valentía que los distinguía. Ellos eran capaces de enfrentarse a los tanques de guerra, montados en sus caballos. Por eso admiro tanto a los cubanos porque han tenido la fuerza y la convicción para enfrentarse a un imperio tan potente y cruel como Estados Unidos, como David a Goliat.

—Me contaba sobre su segundo encuentro con Cuba...

—Pues sí, ya adulta regresé, esta vez acompañada de Manolo Barbachano —que fue quien me convidó—, Lázaro Cárdenas, Carlos Fuentes, Fernando Benítez... Eso sucedió justo el año en que triunfó la Revolución. Fíjate que todavía estaba Philip W. Bonsal, entonces el embajador de Estados Unidos. Vinimos a un festival y no hacía mucho que Alejo Carpentier estaba como director de la Editorial Nacional, a quien tuve la oportunidad de entrevistar.

«Fue muy emocionante para nosotros ver llegar a los guajiros con sus sombreros y sus machetes a La Habana, lo que era algo tremendo para ellos, porque se trataba de su primer encuentro con la capital. Por doquier había carteles donde se les decía que se podían quedar a dormir. Fue verdaderamente impresionante. Mientras hablaba Fidel todos levantaban sus machetes y los chocaban unos con otros como si aplaudieran, y como estaba iluminado, parecía que se hallaban entre un mar de luz. La imagen permanece muy clara en mi mente.

«Después me invitaron a ser jurado del Premio Casa de las Américas, pero, por una razón u otra, nunca conseguí venir, hasta ahora, que han sido tan gentiles de invitarme a esta grandiosa Feria del Libro, y que Casa va a presentar Tinísima, con un hermoso prólogo de Zaida Capote. He quedado muy complacida con la edición».

—¿Y finalmente qué sucedió con la película?

—Nunca se llegó a filmar. Y esa fue la razón que me impulsó a escribir Tinísima. En primer lugar, porque sentí sobre mí una «presión» muy grande de los antiguos comunistas que conocían el proyecto, quienes se sentían muy decepcionados porque no iba a estar la película; y en segundo, porque para escribir el argumento había logrado reunir mucha documentación. En verdad, yo había realizado una indagación muy seria, tenía conmigo mucho material, tanto que decidí escribir la novela.

—¿Es Tinísima una biografía de Tina Modotti?

—Todos los materiales que logré recopilar constituyen la parte fundamental de la novela, pero es una biografía novelada, ficcionada, porque incluí otras situaciones que son resultado de mi imaginación.

—Se dice que usted ha sido la voz de grandes mujeres...

—Grandes ahora, pero no siempre fue así. Hoy Tina, por ejemplo, es reconocida como fotógrafa en el mundo entero, al punto de que se han publicado varios libros dedicados a ella, pero en su tiempo fue mal vista, porque exigía equidad para la mujer ante la sociedad, y defendía el derecho de esta a ser dueña de su propio cuerpo. Lo mismo sucedió con Frida Khalo.

«Es increíble. Frida Kahlo es un símbolo, un paradigma para el arte universal. Ha llegado a tal nivel la adoración —muy merecida, por cierto— de esta magnífica artista y luchadora social, que hasta empezó en Estados Unidos algo así como una Fridomanía. Frida fue una mujer excepcional. Cuando le amputaron la pierna gangrenada escribió: “Pies, para qué los quiero si tengo alas para volar”. Sin embargo, aunque era una gran pintora la miraban simplemente como la señora de Diego Rivera, y le decían hasta la coja, la pata-de-palo. Si ella viviera estaría azorada de ver tanta veneración por ella, de saber que sus cuadros valen millones.

«Es muy triste concluir que esa misma sociedad que hoy las tiene en un pedestal ayer las atacó, criticó, repudió y las convirtió en mujeres suicidas, porque era inadmisible que pudieran brillar con una luz fulminante y propia. Ahí están los casos de Alfonsina Storni, de Silvia Plath que puso su cabeza en un horno de gas; de Julia de Burgos... Es muy triste.

«En Hasta no verte Jesús mío, otro libro mío que fue publicado por Casa de las Américas (1991), se narra la vida de una soldadura, Jesusa Palancares, en representación de muchas que en mi país fueron satanizadas y hasta acusadas de prostitutas al servicio de los soldados. Sin embargo, mi interés era demostrar que estas mujeres fueron determinantes para que se diera la revolución mexicana. Siempre me he preocupado por los personajes humildes, por los discriminados, por los desprotegidos».

—¿Por qué una muchacha recién salida de un convento decide dedicarse al periodismo?

—Me eduqué, como bien dices, en un convento de monjas, en una escuela donde el mundo interior estaba completamente divorciado del exterior. Allí, enclaustrada, solo aprendí a rezar y a confesarme, es decir, que la realidad la aprehendí gracias al periodismo, a la posibilidad que tuve de entrevistar, por ejemplo a Octavio Paz y a Juan Rulfo, a quien conocí cuando aún no había publicado El llano en llamas. Con él tuve una relación amistosa especial. Ya sabes que fue un magnífico fotógrafo y me convertí en modelo suya en algunas ocasiones. De Paz, Rulfo, Luis Buñuel y otros, aprendí mucho.

«Siempre quise ser una persona útil para mi país, por eso me he dedicado más a los aspectos periodísticos y sociales, porque es importante que mis coterráneos se vean reflejados en lo que escribo, porque es necesario que el lector aprecie la realidad que lo envuelve. Para mí es vital ser de cierta manera la voz de una vendedora de jitomates y denunciar los problemas de mi ciudad y mi país, más que cualquier otra cosa.

«La noche de Tlatelolco, por ejemplo, es un testimonio de la matanza de octubre de 1968, cuando fueron asesinados los estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas. Al parecer esta será mi misión hasta el fin de mis días, porque, aunque se han dado pasos de avance con la justicia social, aún queda mucha violencia, mucha corrupción, mucha desigualdad. Escribo de las cosas duras de la vida, pero intento que las palabras hagan parecer esas realidades menos crueles. Escribo sobre lo que me conmueve».

—¿Cuánto contribuyó el periodismo a convertirla en la destacada escritora que es hoy?

—El periodismo da una disciplina que es esencial para el escritor. El periodismo te da las armas para escribir con precisión y elegancia lo que uno ve, pero también lo que uno piensa. Y así, escribiendo hoy, mañana y mañana, un buen día descubres una página que prefieres guardar y no tirar a la basura, como haces con otras. La escritura es la vida misma y es hija de la observación acuciosa, de escuchar a los demás, de leer a otros escritores, de tirar una y otra vez al cesto de la basura.

—En el 2006 publicó su más reciente libro, El tren pasa primero. Sin embargo, hemos conocido que lleva tiempo trabajando en otro proyecto...

—La experiencia durante el plantón en la ciudad de México me emocionó mucho, pero también me llenó de nuevas esperanzas, aunque estoy consciente de que el cambio no será una cosa sencilla. Sin embargo, me alentó mucho la actitud del pueblo durante las protestas en el Zócalo contra las elecciones presidenciales fraudulentas y en apoyo a Andrés Manuel López Obrador. Por ahí va el libro. Una demostración de que en mi país existen aún muchas cosas por descubrir y documentar.

—¿Qué le ha parecido la Feria?

—Estoy gratamente impresionada. Cuba es un país increíble, heroico. Ver a tantas personas, y sobre todo niños, con sus libros, leyéndolos por doquier; ver tanta alegría, tanta cultura concentrada, me hace feliz; un milagro que no se halla con facilidad en otros lugares. Lo que sucede en este país con los niños me maravilla, algo impensable en México.

«Por otra parte, los libros son esenciales para la imprescindible espiritualidad de cada ser humano. Un libro es un amigo, a quien puedes acudir en busca de apoyo, de consejo. Un libro puede, incluso, ayudar a soportar la muerte, el desamor, el abandono, la enfermedad... Sin duda, está mejor preparado para enfrentar las injusticias y las desigualdades del mundo, quien tenga en la lectura su más fiel compañera».

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.