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El caso omiso de Trump al Congreso de Estados Unidos

Los recientes ataques a locaciones iraníes violan tanto el Memorando de Entendimiento firmado con Teherán como la Resolución recurrente de la Ley de Poderes de Guerra sobre Irán y, sobre todo, la voluntad de la mayoría de los estadounidenses que rechazan la guerra

Autor:

Juana Carrasco Martín

Hace pocos días, tanto la Cámara de Representantes como el Senado de Estados Unidos aprobaron una resolución concurrente, de la Ley de Poderes de Guerra de 1973, que obliga al presidente Donald Trump a poner fin a la guerra contra Irán, pero ni oyó, ni escuchó, ni prestó atención de modo deliberado al Congreso, que se supone representa a la ciudadanía estadounidense, a la que tampoco tiene presente en sus decisiones, en actitud negligente o de ignorancia supina sobre el deber de respetar y responder a lo que su voto le mandató.

Casi concluyendo junio, el viernes 26, las tensiones se pusieron al rojo vivo cuando Estados Unidos bombardeó varios objetivos en la costa iraní, luego de que el vicepresidente JD Vance acusara a Teherán por el ataque con dron a un petrolero. Irán había advertido a los buques que no transitaran por el estrecho de Ormuz siguiendo una ruta no autorizada y sin coordinación previa con la nación persa, como establecía el Memorando de Entendimiento firmado por Donald Trump y Masoud Pezeshkian: Irán es el único responsable de la reapertura del brazo marítimo. La violencia fue la decisión estadounidense, y a partir de ahí la reanudación de las hostilidades, lo que en el ámbito interno de EE. UU. implica otra violación.

Ro Khanna (representante demócrata por California) lo hizo saber de inmediato en su cuenta en X: «Estos ataques constituyen una violación flagrante de la resolución sobre poderes de guerra que aprobamos. Trump debe detener esta guerra ahora; de lo contrario, lo llevaremos a los tribunales para obligarlo a hacerlo».

Como es una Resolución concurrente en que ambas cámaras del Congreso coincidieron, no requería de la firma presidencial, pero es clara en su articulado, cuya sección 5c establece: «en cualquier momento en que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos participen en hostilidades fuera del territorio de Estados Unidos, sus posesiones y territorios, sin una declaración de guerra o una autorización legal específica, dichas fuerzas deberán ser retiradas por el presidente si el Congreso así lo ordena mediante una resolución concurrente».

En una actuación que le caracteriza, Trump consideró «insignificante» la decisión congresional que le obligaría a no atacar a Irán sin la autorización del Congreso, por lo tanto, incurre en una violación constitucional.

De manera que se jactó y mintió: «¡Aviones de Estados Unidos acaban de atacar instalaciones de almacenamiento de misiles y drones, así como emplazamientos de radares costeros de Irán, por violar el acuerdo de alto el fuego, ¡Otra vez! ¡Es muy posible que nunca aprendan!

«Podría llegar un momento en el que ya no podamos ser razonables y nos veamos obligados a completar militarmente la tarea que iniciamos con gran éxito. ¡Si eso sucede, la República Islámica de Irán dejará de existir!», añadió por enésima vez el Presidente, aun cuando nadie logre ver ese «gran éxito», todo lo contrario, tantas veces como ha asegurado «Los hemos derrotado militarmente, totalmente», el fin de la guerra o el conflicto «está a punto de terminar», o el argumento de que la guerra ha valido la pena, a pesar del aumento de los precios en supermercados y servicentros de combustible para el común de los estadounidenses o el buen estado de la economía.

Por demás, lo decíamos, el mandatario debiera respetar la opinión de una notable mayoría de los estadounidenses, pues no apoyan esta guerra ni siquiera antes de su comienzo, un repudio in crescendo, al punto que está considerada como la más impopular en la Historia de EE. UU. próxima a cumplir los 250 años, el 4 de julio, un rechazo donde está incluida hasta la terrible y cruenta guerra de Vietnam.

Tomemos a CNN como fuente. En marzo, a dos semanas de iniciada la agresión israelo-estadounidenses, la cadena televisiva afirmaba: «Pero al menos por ahora, el pesimismo y la incertidumbre sobre los beneficios de esta guerra aún parecen ser la conclusión predominante».  Citaba al diario The Washington Post en encuesta a apenas una semana de los bombardeos, los estadounidenses se oponían a los ataques de Trump contra Irán por 52 por ciento frente a 39 por ciento de apoyo.

A mediados de abril, CNN analizaba resultados de opinión pública y destacaba: Solo el 25 por ciento afirmó que la guerra fue un éxito estratégico, muy por debajo del 42 por ciento que la consideró un fracaso.

Tras la firma del Memorando de Entendimiento, el popular canal estadounidense recogía el impacto público bajo el titular «La magnitud del error político de Trump en Irán está saliendo a la luz» y de la indagación estos datos lo demostraban: el 78 por ciento de los estadounidenses dijo que preferiría poner fin a la guerra ahora, mientras y solo el 22 por ciento querría «continuar … hasta que Irán ceda más».

Una pregunta puede hacerse: ¿Cómo es posible que se mantenga al frente de la Casa Blanca un Presidente con tamaño nivel de rechazo en lo que probablemente sea su más importante decisión de Gobierno?

 

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