Madrigal, nueva película cubana ajena al realismo folclórico

Pronto en los cines del país una historia de amor del director Fernando Pérez, que apostó esta vez  por la provocación intelectual

Autor:

Joel del Río

Liety Chaviano protagonizó, unos años atrás, la exitosa serie televisiva Doble Juego. La participación en este largometraje marca su debut en el cine.

Es posible, porque de todo hay en la viña del Señor, que el nuevo largometraje de ficción dirigido por Fernando Pérez (Clandestinos, Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana) decepcione o desconcierte a algunos espectadores, porque Madrigal es de esos filmes que provoca opiniones encontradas de los críticos, incentiva polémicas, a unos aburre y a otros apasiona, pero sin duda tiene todos los visos de ser uno de los acontecimientos ya no solo cinematográficos sino culturales del recién comenzado 2007.

Exhibido para la prensa nacional en estreno casi absoluto el pasado jueves, pues antes se había visto solo en la sección Panorama, del Festival de Berlín, Madrigal es de esas películas para interiorizar lentamente, comprender de a poco, una obra que no pretende ganar rápidamente, y por la vía emocional, el gusto de un público amplio. Todos los que estamos en el deber de divulgar nuestros triunfos y grandes pasos en el tema audiovisual, nos encontramos en la encrucijada de explicar realmente de qué se trata, y que cada quien encuentre, o no, su camino a la delectación con esta obra, o de ocultarle «la bola» al público, hablar de las excelentes actuaciones (que siempre sirven de gancho nombres como Carlos Enrique Almirante, Liety Chaviano y Luis Alberto García), de la calidad irrefutable de la fotografía (Raúl Pérez Ureta), la dirección de arte (Erick Grass) y la banda sonora (Edesio Alejandro), y ni siquiera mencionar que el filme no se da fácil a su espectador, que es preciso verlo más de una vez sabiendo que no funciona el principio de la identificación con los personajes, que la historia viola leyes elementales de la dramaturgia convencional como clausurar un cuento de una hora de duración, con el inicio de otra historia distinta, sombría y apocalíptica. Pero a pesar de todo ello, o por esas mismas razones, Madrigal es una película incomparable, es única en su tipo, totalmente ajena al realismo folclórico, naturalista o melodramático que impera en la mayor parte de nuestro cine.

Historia de amor contada en dos partes y dos épocas, en la primera nos ubican en La Habana de 2005, Javier es un joven y fantasioso actor, aficionado a escribir cuentos. Se enamora, al parecer, de Luisita, una joven muy gruesa, encerrada en su mundo de complejos físicos, falta de afecto y secretos inconfesables que solo le exige a Javier le diga siempre la verdad. El idilio tiene un mal final, que no revelamos para no estropear la intriga, y de ahí nos adentramos en el cuento que Javier ha escrito, ambientado en el año 2020, en un entorno lluvioso, gris y decadente, donde cada ciudadano tiene el derecho de poseer sexualmente a su prójimo. Al final de esta segunda historia, en un giro magistral, el filme vuelve a la primera historia, al escenario donde Javier actúa, inventa, escucha aplausos de una muchacha gruesa, ¿tal vez Luisita?

El joven actor Carlos Enrique Almirante, a quien ya habíamos visto en Páginas del Diario de Mauricio, durante el rodaje de la película.

Según ha declarado Fernando, autor del guión junto con Eduardo del Llano (La vida es silbar, Hacerse el sueco, Perfecto amor equivocado), «el tema de lo aparente y lo real está en el centro de interés de todas las relaciones humanas, y quise que lo real y lo aparente formaran parte del lenguaje mismo de la película, colocando al espectador ante imágenes y situaciones, cuyo sentido no será el que aparentan en un inicio. Madrigal es mi película más riesgosa en el sentido de la búsqueda deliberada de un artificio que es el principio de toda creación, y viendo la película recién terminada, creo que sí, que esa es la propuesta que yo quería hacer, y me reconozco en ella. De todas maneras tengo mucha curiosidad en saber qué va a pasar con una película que puede ser muy polémica, y despertar criterios divergentes. Espero que el espectador entre en ese mundo de artificio y se identifique con lo que la película propone, pero también pienso que puede haber muchos que no participen de esa propuesta, y la rechacen».

Siempre interesado en el cine como un todo, desde Bergman y Tarkovski, a Spielberg y Kurosawa, Fernando Pérez decidió eludir el realismo convencional al estilo de «como la vida misma», esquiva las expectativas fijas de quienes esperan de él obras siempre atentas a la línea efusiva y conmovedora de Clandestinos, Hello Hemingway o Suite Habana, y nos entrega este reto a la agudeza, a la sensibilidad, y al discernimiento del espectador que es Madrigal, para nada un título pensado con el fin de inundar lunetarios, provocar enormes colas y garantizar el rebrote de sentimientos válidos, pero elementales. Esta vez Fernando Pérez apostó por el reto, el riesgo, y la provocación intelectual, muy en el perfil de Madagascar o La vida es silbar.

En la rueda de prensa posterior a la exhibición, Fernando relató las dificultades del trabajo con los actores, en un proceso cuya prefilmación duró unos diez meses, hasta que finalmente encontró a los protagonistas de la primera historia (inspirada ligeramente en el filme francés Grandes maniobras, de René Clair) en los jóvenes actores de televisión Carlos Enrique Almirante y Liety Chaviano, ambos debutantes en el cine con roles protagónicos. Después de seleccionados, siguió un trabajo muy duro, prolongado durante cinco o seis meses, en que ambos se prepararon para la película, con el fin de lograr la credibilidad en sus respectivos caracteres.

El elogiado cineasta hizo gala de su proverbial sencillez y nobleza cuando agradeció, nombre por nombre, la valiosa colaboración de su equipo técnico y artístico, en el cual aparecen grandes profesionales que se reiteran en casi todos sus filmes, en particular reconoció el aporte medular del coguionista Eduardo del Llano, del portentoso diseñador de imágenes Raúl Pérez Ureta (Papeles secundarios, Madagascar), el director de arte Erick Grass (El Benny), el compositor y diseñador de la banda sonora Edesio Alejandro (Clandestinos, Suite Habana); del teatrista Carlos Díaz, y del elenco encabezado por los intérpretes mencionados, junto a otros como la actriz canaria Karla Sánchez (otra de las numerosas revelaciones), y la siempre extraordinaria Yailene Sierra.

«Esta es mi película más riesgosa en el sentido de la búsqueda deliberada de un artificio que es el principio de toda creación», afirmó el multipremiado director Fernando Pérez.

En otro momento del diálogo con los periodistas, el cineasta se refirió a un tema que, de seguro provocará ronchas en los nacionalistas a ultranza, aquellos que tienen una idea prefijada de lo que es Cuba, y pretenden descalificar cualquier obra, por muy artística que sea, si no se atiene a sus estereotipos mentales sobre la cubanía: «Hay en esta película conflictos que pertenecen al género humano y no a una sociedad en exclusiva. Pero de todos modos Madrigal es cubanísima, ha sido hecha aquí y aquí es donde están mis motivaciones. Siempre me he planteado que si uno es cubano, si vive aquí, si está enraizado, eso sale, eso está y no tiene que haber recetas, ni fórmulas, ni decretos para que una obra artística sea cubana. A veces me pregunto, ¿qué es lo cubano, qué lo define?, ¿que aparezcan las palmas, que se baile salsa? Pienso que lo cubano es un sentimiento más profundo y que, en mi caso, si sale, sale porque está ahí, no porque yo me lo plantee. Una de las historias ocurre en un mundo posible, del futuro, en el año 2020, es prácticamente una ciencia-ficción, y sus relaciones con la realidad cubana son muy pocas, sin embargo, siento que es una película tan cubana como cualquier otra».

Al ser interrogado sobre el Premio Nacional de Cine, que le fue conferido en igualdad de derechos con la célebre actriz Daisy Granados, y el no menos imprescindible editor Nelson Rodríguez, el cineasta cubano más importante de los años 90 aseguró que su mayor placer será recibir ese homenaje en compañía de gente tan querida y valiosa como Daisy y Nelson. La celebración del casi medio siglo del ICAIC culminará con la entrega efectiva, el 24 de marzo, de este lauro, y por su parte, Madrigal estará la semana próxima en Camagüey, y luego será exhibida con mayor largueza en alguna sala de la capital. JR lo informará oportunamente.

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