Multipremiado el documental sobre el fotógrafo cubano Korda

El cineasta Héctor Cruz Sandoval, autor de KordaVisión, considera que el evento que se realiza en Cuba sobre cine pobre pone su mirada en el pueblo

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Cuenta Héctor Cruz Sandoval que llegó a Cuba en 1998, siguiendo al papa Juan Pablo II. Había venido como cineasta El cineasta Héctor Cruz. contratado por la cadena televisiva mexicana Hombre Nuevo, la cual tenía la exclusividad para dar cobertura a este acontecimiento en Los Ángeles, San Diego y el sur de California. Pero el día en que el sumo pontífice ofreció su misa en la Plaza de la Revolución, colmada de miles de cubanos y extranjeros, de repente, Alberto Díaz Gutiérrez «Korda» ocupó su campo visual. Nada más y nada menos que el autor de la fotografía más importante del siglo XX. Y este publicista de profesión no atinó a otra cosa que salir corriendo en su búsqueda.

«Me gustaría hacerle una breve entrevista», le dijo Héctor, con toda la timidez que conoce, a lo que Korda, con la naturalidad más grande del mundo, le respondió:

—Chico, claro, ¿por qué no vas a mi casa mañana?

—Es que no sé dónde usted vive...

—Pregúntale a cualquier cubano, todos lo saben... en Playa.

De más está decir que este mexicano-norteamericano se quedó en un tacón. «Me sorprendió porque no pensaba que un hombre de su talla pudiera ser tan asequible», reconoce Héctor. Pero no tuvo que desandar el municipio capitalino para hallar al también publicista, pues ese mismo año Korda tuvo que ir a Estados Unidos para participar, en octubre, en la primera exposición allá de fotos realizadas después del triunfo de la Revolución. La muestra se presentó en Los Ángeles, la ciudad donde justamente nació, hace 43 años, Cruz Sandoval, el director del aplaudido documental KordaVisión.

«Nos volvimos a encontrar en un restaurante argentino, porque a él le encantaban los tangos, y hablamos sobre la posibilidad de hacer un documental sobre su vida. Estaba feliz. Ese mismo año empezamos y me tomó cinco terminarlo, porque vivo de la industria de la publicidad que, a fin de cuentas, era lo que me permitiría obtener los recursos necesarios para afrontar la película, financiada en un 90 por ciento con mis propios fondos. Mi situación era, en verdad, muy, muy difícil.

«Lo logré, pero me costó. Solamente poder conseguir los otros tres grandes de la fotografía clásica cubana: Raúl Corrales, Roberto Salas y Liborio Noval, así como conversar con Fidel, era complicado.

«Hazlo bien porque estos artistas lo merecen», le dijo Fidel a Héctor al ponerle la mano en el hombro. Foto: Cortesía del entrevistado «Fue Fidel quien me dio la posibilidad de reunir a los cuatro para hablar sobre el poder de la fotografía, sobre el poder del arte. Para mí era algo surrealista. En primer lugar, porque nunca había asumido una obra de esta envergadura, estaba acostumbrado a los 30 segundos de los comerciales. Fue aquí que aprendí a hacer documentales».

El día que Héctor se encontró con Fidel en la Mesa Redonda fue cuando se autoim-puso el mayor compromiso de toda su existencia. El Comandante en Jefe le aseguró que le concedería la entrevista, pero le puso la mano en el hombro y le dijo: Hazlo bien, pero no para que complazcas mi gusto. Hazlo bien porque estos artistas lo merecen. «No te puedes imaginar la presión que me cayó encima, porque nunca alguien tan importante, un gigante, me había establecido una meta creativa tan alta».

—¿Cómo acogió Korda el documental?

—Lo vio en mi estudio la última vez que estuvo en Los Ángeles. Se emocionó mucho. Sintió que era un trabajo transparente y sabía que había quedado para la posteridad su testimonio, que su obra podía llegar a muchas más personas. El documental muestra al gran hombre que había detrás del artista, su humanidad, su sencillez, sus conocimientos sobre la fotografía en general y la cubana en particular. Korda me dio las gracias de una manera muy humilde. Aunque era evidente que no estaba bien de salud, tenía el pulso del momento. Korda era un tipazo.

«KordaVisión dura una hora y media, pues había mucha gente que quería participar, como Leo Brouwer quien deseaba componer la música. El documental me permitió aprender más sobre la fotografía para publicidad que realizó, me explicó lo que sucedió con el uso de la imagen del Che por la marca de vodka Smirnoff, en Inglaterra, muchas cosas. Claro, como en principio sería un cortometraje, gasté mucho dinero, lo cual me puso en una situación económica muy complicada. Pero valió la pena. Por supuesto, nunca imaginé que luego KordaVisión me permitiría viajar por medio mundo, ni que estaría en 28 festivales internacionales. Con este documental crecí como nunca».

—¿Y cómo ha sido recibido en los festivales internacionales?

—Bueno, ha estado en la Sección Oficial de certámenes de países como Brasil, España, Australia, México, China, Bélgica, Italia, Colombia y Cuba. Al mismo tiempo, fue seleccionado como Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine de Santo Domingo; en el Latin American Film Festival de Utrecht, Holanda; y en el de Monterrey, México, mientras que en mi país obtuvo el máximo galardón en el New York Internacional Latino Film Festival, en el Beverly Hills Internacional Film Festival, en el San Francisco Internacional Latino Film Festival Bay Area; y en el Sin Fronteras Film Festival, de Albuquerque, Nuevo México. Pero creo que el éxito más grande que tuvo en Estados Unidos fue estar entre los diez mejores documentales del pasado año, elegidos por el Academy Award. No obstante, por más que me haya podido subir la autoestima, lo más importante, en primer lugar, es que Cuba llegó a ese nivel en Norteamérica a través del documental. Eso para mí era fantástico. En segundo lugar, que quedó en los corazones de quienes lo vieron.

—¿Por qué, después de ese recorrido, decidiste traerlo a Cine Pobre?

—Porque el Cine Pobre pone su mirada en el pueblo, que es donde debe comenzar el cine; porque pienso que un creador no se debe guardar para sí los momentos especiales de los cuales ha sido testigo en este mundo, sino comunicarlos. Y Cuba me dio ese gran privilegio, por lo tanto mi deuda es grande.

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