Televidentes ofrecen buena acogida a las series Roma y Mujeres de blanco - Cultura

Televidentes ofrecen buena acogida a las series Roma y Mujeres de blanco

Roma es la crónica de un período convulso y Mujeres de blanco interesa por el humanismo de los conflictos que plantea

Autor:

Randol Peresalas

Entre las sorpresas que nos ha traído la programación de verano, se encuentran las series de factura extranjera. Dos de ellas han acaparado rápidamente la atención: Roma, que ya cursa su segunda temporada entre nosotros; y Mujeres de blanco, de estreno.

Considerada la serie de ficción más cara de la televisión norteamericana, Roma es la crónica de un período convulso —el fin de la república y la instauración del imperio—, contada desde las intimidades de nobles, esclavos y guerreros. Intriga, pasión y traición —una mezcla perfecta para este tipo de producto—, se explayan en una aventura audiovisual espléndida, pletórica de acción, diálogos precisos y una cuota considerable de erotismo. Sus puntos débiles, a mi juicio, habría que ubicarlos en el trabajo de maquillaje y peluquería, bastante a la moda (de hoy, se entiende). No obstante, es apreciable la exquisita labor de fotografía y de reconstrucción de época, en donde se insertan actores muy bien guiados, que regalan no pocos retratos de incuestionable fidelidad histórica.

Mujeres de blanco, en otro tono, logra sin embargo interesar al televidente por el humanismo de los conflictos que plantea, y porque de cierta manera recuerda a aquella serie brasileña —Mujeres— vista en nuestro país. La sensible entrega al oficio por parte de las dos protagonistas —perfectamente concebidas lo mismo desde el guión, que desde la interpretación: muy concentrados los desempeños de Janine Turner (doctora Stowe) y Rosa Blasi (doctora Delgado)—, traza un mapa creíble sobre la solidaridad femenina, en el cual destaca un atractivo forcejeo entre dos caracteres aparentemente opuestos.

Producida en parte por la popular actriz Whoopi Goldberg, a quien se le agradecen sus oportunas apariciones, Strong medicine (tal es su título original en inglés) recrea con bastante objetividad las vivencias de enfermos y médicos en un centro hospitalario ficticio de Filadelfia. Especializada en mujeres, la clínica atiende a pacientes de bajos recursos, e incluso a carentes de estos. Los temas tratados son diversos y muchos están presentados desde ángulos novedosos. Pienso en el aborto, las calamidades de la droga, y en la violación.

Ambas propuestas tienen su público. Ambas tienen calidad. Vamos a disfrutarlas.

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