Contar es un placer: exhaustiva recopilación del cuento hispanoamericano actual - Cultura

Contar es un placer: exhaustiva recopilación del cuento hispanoamericano actual

Contar es un placer (Casa Editora Abril, 2007), puede calificarse como una obra indispensable, a partir de ahora, entre los aficionados al género. Y sus devotos.

Autor:

Juventud Rebelde

Contar es un placer (Casa Editora Abril, 2007), seria y casi exhaustiva recopilación del cuento hispanoamericano más actual, el del postboom y el posmodernismo en nuestras letras, puede calificarse como una obra indispensable, a partir de ahora, entre los aficionados al género. Y sus devotos.

Su primer valor es la amenidad de las anécdotas y el hecho de estar escrito, en lo que García Lorca llamara «la lengua de Dios»: un Español que no por ser culto y de innata riqueza deja de presentarse claro, diáfano, disfrutable, sin tributos a las vivisecciones conceptuales.

Emmanuel Tornés, doctor en Ciencias Filológicas, profesor de la Universidad de La Habana y reconocido investigador literario, es el feliz autor de esta obra que prácticamente «volara» de las estanterías en la reciente Feria del Libro, lo que reafirma la existencia en Cuba de un lector que privilegia el cuento como género literario.

En Contar es un placer, Tornés integra armónicamente, pese a la disparidad de temas y estéticas, una muestra de 56 autores, con una certera representatividad por países y sin escatimarle espacio a la mujer, algo por demás difícil pues según él mismo explica en el Prólogo, la presencia femenina en la literatura hispanoamericana aumenta en concurrencia con su mayor visibilidad social. De hecho ese Prólogo le confiere a la obra trascendencia de texto magisterial, en la mejor de las academias, la de la praxis y la autorrevelación de cada tendencia y cada escritor. Por eso viene a ocupar un espacio hasta ahora fragmentado en antologías más que en recopilaciones, que es el carácter, más orgánico, que Tornés le da al libro.

Se trata de un trabajo de gran aliento que actualiza nuestras letras tras el boom de los 60, que las colocó en las vitrinas mundiales, fenómeno tanto editorial como sociopolítico, que ha servido de base a Emmanuel Tornés para sus libros ¿Qué es el postboom? (1996) e Hispanoamérica y la literatura del postboom, (2004).

Pero, volviendo atrás, repasando los nombres totémicos de nuestro patrimonio, vemos junto a los legítimos valores de la actual cuentística hispanoamericana, el muy notorio factor cuantitativo. Tal vez estos 56 autores compitan en número con los que ocuparon espacios referenciales durante un siglo y medio, tomando como fecha inaugural el año 1838, data del relato El matadero, del argentino Esteban Echeverría.

Contar es un placer nos testifica que nunca en la literatura hispanoamericana hubo una pléyade destacada tan numerosa como la actual, máxime porque el encuadre del autor se limita a los nacidos entre 1940 y 1970, prácticamente el período cronológico asignado a una sola generación.

Esta juventud de los autores inscribe el anecdotario del libro en el latido característico de nuestra época, la atmósfera especial que, a grandes rasgos, identifica cada circunstancia histórica. De ahí que las viejas pasiones, desgastadas por el uso y el abuso literario, se revitalicen con los resortes del momento.

De la misma forma, la denuncia política y social asciende en el plano estético y se depura ganando intensidad. En El ombligo (Dante Barrientos, Guatemala), el nivel de sugerencia estremece al lector obligado a valorar la brutalidad del hecho más allá del punto final. Por su parte, El asalto a las instituciones (Rodrigo Fresán, Argentina) nos hace cohesionar una historia contada en solo tres párrafos, al parecer independientes.

Y cuando el humor asoma la cola, se registran excelencias como El suave olor de la sangre (Marco Tulio Aguilera, Colombia), que narra un asalto anunciado a gritos con mesurada retórica precolombina. Y Taxi driver sin Robert de Niro (Fernando Ampurano, Perú), en el cual dos taxistas editan una nueva picaresca, o arte de la subsistencia, para no macular su autoestima de buenos padres de familia.

Por supuesto que Luis Britto García (Venezuela) no podía resentirse de un cuento menor: El cuarto 101 es un malabar de intertextualidad con la pesadilla orwelliana de 1984, donde el autor, en su conocido y sutil ejercicio de la inteligencia, hace que los verdugos pongan en práctica una inimaginable forma del sadismo.

Y muy familiar para algunos será Sensini, del malogrado Roberto Bolaño (Chile), un derroche de humor e ironía en torno a los que escriben para concursos, fieles a resortes de la nueva narrativa, como el eterno retorno: terminan un concurso y empiezan otro.

Los seis cubanos representados son Marilyn Bobes, con Alguien tiene que llorar, relato ya antológico, que da nombre al libro ganador del Premio Casa 1995, basado en la instrospección de los personajes, que reconstruye una anécdota fragmentada en dos tiempos. También el tiempo, esta vez llevado al ámbito más ficcional, conforma Figuras de Raúl Aguiar, Premio Cortázar 2003.

En Sudorosos, de Alberto Guerra Naranjo, la palabra como torrente logra un excelente esbozo de lo cotidiano. El ojo de la noche, de Karla Suárez, recrea la extrapolación del yo, y Anna Lidia Vega Serova, logra un cautivante laconismo en Opus Marche de Gloria No. 13, mientras Lázaro Zamora en Luna Poo y el paraíso es capaz de darle el sesgo gótico a una ciudadela en vías de derrumbe.

Y tras esta mirada, simple botón de muestra, a un libro de 500 páginas, es justo reproducir íntegramente el minicuento que representa a la mexicana Rosa Beltrán, Liberación femenina. Amor por los ideales:

«Al grito de “yo no soy criada de nadie”, Juanita abandonó el lecho conyugal. Volvió pronto, porque se había olvidado de tender la cama».

¿Desacralización del feminismo o llamado de alerta contra la banalización del postulado?

Descifrarlo es otra sugerencia de esta obra de Emmanuel Tornés que, como un sibaritismo en cadena, une al placer de contar, el incomparable placer de leer. Y el de participar.

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