En La Habana, Leonid Agutin, el rey del pop ruso

El importante músico ofrecerá un concierto junto a Orlando Valle, «Maraca», el próximo sábado 23 de enero. «Los nervios me matan. No sé si mi corazón, rebosante de alegría, resistirá hasta el día 23», confesó Leonid Agutin a JR

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Leonid Agutin, el rey del pop en Rusia, podrá materializar el próximo sábado, a las 4:00 p.m., uno de sus más anhelados sueños: ofrecer un concierto en Cuba, «la Isla de la Música». Sin embargo, acaba de confesarle a Juventud Rebelde: «los nervios me matan. No sé si mi corazón, rebosante de alegría, resistirá hasta el día 23».

El pasado viernes, Agutin se movía de un lado a otro de la seductora y siempre bella Catedral de La Habana, mientras las cámaras lo tomaban bailando al ritmo de la conga, acariciando las cuerdas de un afinado tres o conversando amenamente con Orlando Valle «Maraca» sobre lo que será el espectáculo que ambos protagonizarán y en el que se unirán músicos cubanos y rusos.

Agutin y Maraca se conocieron en París, aunque para ese entonces ya el primero había buscado suficiente información en Internet sobre el segundo. ¿La razón? «Cada vez que pedía consideraciones sobre algún instrumentista cubano, invariablemente salía el nombre de Orlando. Así que me comuniqué con él y le envié mi música. Cuando supe que estaría en Francia, organicé allí un concierto donde Maraca tuvo la posibilidad de tocar. Cuando comenzó, todo me quedó muy claro: él era con quien yo quería tocar.

«Por supuesto que traer mi música a Cuba era el sueño de siempre. Era una idea que no se apartaba de mi mente: quería tocar en un país único en el mundo, donde se concentraron todas las culturas: africana, española, china, árabe... Es una isla pequeña, pero capaz de producir una de las músicas más grandiosas del universo.

«Cuando uno de mis productores me dijo que había posibilidades de grabar un documental aquí y hacer por fin un concierto, le aseguré que me estaba haciendo el mejor regalo de mi vida».

El apego de Leonid por nuestros ritmos surgió, según confesó, sin apenas percatarse. «Cuando tenía 12 años compuse mi primera canción. Se llamaba El mar, pero, curiosamente, en ella estaban claras las influencias de las músicas cubana y española. El caso es que en Rusia nadie entendió por qué de repente aparecía este hombre con una propuesta así. ¿Por qué? Todavía ni siquiera yo soy capaz de explicarlo. Entonces no conocía muy bien la música latina en general, ni tampoco podía escucharla todo el tiempo. Sin embargo, desde un principio me caló muy profundamente y empezó a ser parte de mí.

«El hecho es que escribía y escribía música intentando volcar en ello todo lo que sentía mi alma, y pensando que alguien podría defenderla, pero jamás lo encontré, de manera que decidí hacerlo yo mismo. Ahora, por supuesto, ha pasado el tiempo y me he superado, he estudiado, por lo cual mi propuesta es mucho más profunda que en sus inicios. Mas, confieso que a veces temo que mis coterráneos no puedan asimilarla. Por suerte, evidentemente, no sucede así».

—¿Cómo surgió ese apego suyo por la música?

—Bueno, mi padre siempre quiso que yo fuera músico, porque a él siempre le encantó. Él llegó a cantar, aunque en el mundo artístico fue conocido en realidad por sus magníficas cualidades como administrador de diversas bandas. Así que me «obligó» a tocar el piano. Mientras estudiaba la secundaria, me matriculó en una escuela de jazz de Moscú. Cinco años después se lo agradecí de corazón. No obstante, soy de la idea de que la escuela te permite estudiar las notas, pero la música la aprendes de la vida. Algo me quedó claro de ese tiempo: debía intentar tocar todos los instrumentos, o al menos tener una noción de cada uno de ellos. No para asumirlos yo, sino porque me permitiría tener una idea más exacta de qué papel jugarían en la melodía, en la composición.

«Como músico tuve la posibilidad de actuar por la ex Unión Soviética, abriendo los conciertos de otras agrupaciones muy reconocidas de aquella época, al tiempo que trabajaba en los estudios Moscú como compositor y arreglista de importantes cantantes.

«En lo personal, fui poco a poco creando un estilo propio, donde son claras las influencias de la música latinoamericana, española, norteamericana..., con las cuales empecé a experimentar. Y de repente comencé a recibir premios en diversos concursos internacionales».

Tanto fue así que su primer disco, Barefoot boy, revolucionó la música pop rusa, y le ofreció la oportunidad de realizar un gran concierto en la afamada sala Olimpisky. Decamerón, su segundo álbum, apareció para demostrar que lo que había ocurrido no fue un golpe de suerte, sino que detrás había una labor muy seria, muchos años de dedicación y estudio.

—Leonid, ¿por qué si estudió jazz decidió irse por una vertiente que los especialistas consideran más comercial?

—No sé por qué se ha llegado a pensar que el pop no es válido. Olvidamos que crecimos con él y es parte importante de nuestra cultura. Yo respeto a muchos músicos de jazz —como Maraca— y los estudio, pero creo que nací con ese don. Creo que lo esencial es ofrecer lo que mejor puedo hacer. Mi pop es inteligente, con melodías y armonías muy serias. De hecho en él hay influencias de la música clásica, del rock, del jazz. Por eso con frecuencia invito a importantes representantes de esos géneros, como sucedió con Al Di Meola.

—¿Cómo se las arregla para involucrar en sus proyectos a alguien como Al Di Meola, reconocido en cuatro ocasiones por la prestigiosa publicación Guitar Player Magazine’s Reader Poll como el Mejor Guitarrista del mundo?

—Mostrándoles mis trabajos. Estoy muy feliz de haber podido grabar Cosmopolitan Life junto a un virtuoso tan extraordinario como él —tocó en la banda de Chick Corea, pero colaboró con Paco de Lucía, John McLaughlin... Imagino que para Al Di Meola haya sido interesante aceptar una oferta completamente diferente a las que hace de forma habitual. Son mías las composiciones de Cosmopolitan Life, que contiene un DVD y un CD con nuestras actuaciones, y evidentemente él se sintió muy a gusto grabándolas conmigo.

«Todo comenzó en un restaurante en Nueva York, donde conocí a un guitarrista que trabajaba con Al Di Meola, y en medio de su actuación preguntó quién quería tocar. Yo levanté la mano. Al final me dijo: “Oh, ¡qué bien! Mañana volveremos a tocar y te pagaré cien dólares si vienes”. Entonces le expliqué que iba a ser imposible porque tenía programado un concierto en Broadway donde actuaría frente a 3 000 personas. Este hombre fue al concierto y quedó asombrado —incluso halagó la manera de los rusos de tocar la trompeta “a la cubana”—. Al otro día me invitó a su cumpleaños, en el que se hallaba Al Di Meola, y cuando nos conocimos lo invité a que viniera a Moscú, a lo cual él finalmente accedió».

—¿Está Leonid ansioso por su concierto en La Habana?

—Mucho. Muchísimo. Será una actuación donde estaremos juntos rusos y cubanos con invitados muy especiales como Maraca y Omara Portuondo, con quien interpretaré una vieja canción rusa titulada La noche negra y que fue concebida en Cuba...  Muchos me dicen: «No te preocupes, que todo saldrá bien; los cubanos son muy positivos y hospitalarios», pero yo estoy muy nervioso y las razones sobran.

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