La vida desde una pecera

El joven realizador chileno Matías Bize dialoga con nuestro diario sobre su más reciente filme titulado La vida de los peces, que compite por el Coral en el apartado de largometraje de ficción

Autor:

Jaisy Izquierdo

Matías Bize es uno de los rostros jóvenes que se nos hace habitual descubrir en La Habana durante los días del Festival de cine, desde que su segundo filme, En la cama, ganara el tercer premio Coral en el 2005.

Este creador que gusta de la sencillez en la puesta en escena y de pocos personajes, vuelve a colaborar con el guionista Julio Rojas, para regalarnos esta nueva historia de amor que titula La vida de los peces.

«Si En la cama quería contar la experiencia de una pareja que se enamora y se conoce en una noche, en esta ocasión preferimos profundizar en lo que le puede suceder a dos personas que se vuelven a ver diez años después de haber terminado una relación», asegura Bize, quien por esta película ha sido merecedor de diferentes lauros en los Festivales de Viña del Mar, Valladolid y Toulouse.

Andrés (Santiago Cabrera) y Beatriz (Blanca Lewin) son los protagonistas de esta historia. Él es un periodista radicado en Berlín que, pasada una década, decide regresar a Santiago. Ella, es el amor de su vida, a la cual nunca debió haber dejado para alcanzar sus metas profesionales. Ella y él, entre reproches y reconciliaciones, se debaten por la posibilidad de volver a empezar; y entre ambos los peces, tan huidizos como los protagonistas, nadan apaciblemente en una pecera.

«Es la gran metáfora de la película —aclara Bize—, puesto que la historia se desarrolla en una casa cerrada, donde ocurre el reencuentro. Los personajes ven la pecera como nosotros vemos el espacio donde ellos mismos se encuentran encerrados, con todos sus conflictos, sus angustias y sus añoranzas. La pecera, que visualmente hablando tiene mucha fuerza, cobra varios sentidos, pues se vuelve un símil de la vida, del reencuentro de Andrés con sus amigos, con su pasado, con su país, y también con ella».

A Blanca Lewin, cuyas dotes actorales el director había comprobado en su película En la cama, la acompaña como pareja Santiago Cabrera, conocido por su rol de Isaac Méndez en la serie Héroes para la televisión.

«En el fondo yo necesitaba un buen actor, porque el protagonista está en todas las escenas y tiene una carga dramática muy importante. Había visto la película Che, donde interpreta a Camilo, y además Santiago vivía desde hacía diez años fuera de Chile, algo que también le ocurre a mi personaje y por lo cual podía identificarse fácilmente con el papel».

Cuando le pregunto a Matías por los momentos más difíciles que tuvo que afrontar para realizar este filme me responde: «En realidad fue todo muy placentero, es de mis películas la que más me gusta pues siento que ha habido un crecimiento con respecto a las anteriores, y eso me tiene muy contento. La cinta ha funcionado muy bien a nivel de público, especialmente en Chile, lo cual es muy buen termómetro».

Para la cinematografía de su país augura un buen momento, que sustenta «en las nuevas propuestas de buenos directores jóvenes que se están levantando y están siendo premiados internacionalmente. Lo más importante es que las cintas son bien recibidas en nuestro país. Ojalá sea algo que se prolongue en el tiempo, y no sea solamente un boom».

Como joven realizador su mayor reto es «aprender con cada película, y trabajar duro. Con La vida de los peces estuve año y medio enfrascado en el guión y seis meses en la edición, para un saldo total de tres años en los que no descansé de lunes a domingo. Es la primera película que le dedico tanto tiempo, y esto me gustó mucho. Con En la cama ya había aprendido que lo que yo deseaba hacer eran películas que fueran muy personales, historias muy cercanas a mí, pero que a la vez pudieran ser universales».

Volver al Festival de La Habana es para él «como cerrar un ciclo afortunado», con este filme que será el candidato chileno a los premios Oscar y Goya. Desea tener suerte también con el público cubano, pues su propuesta cinematográfica está dirigida a «todos los que una vez en una relación de pareja hemos vivenciado un reencuentro. Creo que por eso la película llega tanto a la gente, porque es muy fácil identificarse y emocionarse con la historia».

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