Canciones color sol

Polito Ibáñez lleva a sus seguidores el disco Sombras amarillas, un fresco pasaje hacia ese diverso y expectante entorno en el que vivimos

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Catalogar es difícil, y más cuando una docena de canciones se adentran en la cotidianidad para, desde esa óptica profunda de su autor, develárnosla entre notas musicales. Sucede que cuando escucho Sombras amarillas (Bis Music, 2010), de Polito Ibáñez, me llega esa corriente existencial en la que el cantautor gravita para meditar sobre su entorno, el de todos.

Esa sensación deviene, una vez más, confirmación de la fidelidad de Ibáñez a los presupuestos estéticos con los que inició su carrera. Como ha dicho a Juventud Rebelde, este álbum conjuga ese proceder: «Me parece muy sabio construir una carrera recurriendo algunas veces a las motivaciones iniciales (a las razones), por las cuales uno hizo un trabajo de este tipo».

Fue La Habana la ciudad donde el trovador se inspiró, donde erigió su «laboratorio» para componer. Solo Fantasma, fechado en 1997 en el País Vasco, no fue escrito en la capital cubana como sucedió con el resto de los temas del CD, creados entre 2003 y 2008.

Les aseguro que en Sombras amarillas pueden encontrar un fresco pasaje hacia ese diverso y expectante universo nuestro.

Polito afirma que con este título «recoge, sintetiza un concepto»: el de que no hay imposibles. Por eso señala como probable hallar «sombras amarillas en el mar».

No pierde el trovador en ese hilo de elementos que busca, la ternura y la agudeza con que suele escribir su música.

En el sencillo que da nombre al fonograma dice: «se parece a las canciones que hacía a finales de la década de 1980, como Recuento... todas llenas de imágenes, de entusiasmo por lo que alguna vez fui y que a veces tengo la impresión de que no soy».

En cuanto a la decisión de brindarles tonalidades a las sombras, Ibáñez precisa que es el amarillo el que aporta ese «elemento de curiosidad, que no lo ofrecen colores como el blanco o el negro».

Adentrándonos en las cavilaciones recogidas en el fonograma sobresale De la basura, una interesante mirada a los desechos, que el autor considera una forma de reconocernos. La letra bordea, no sin cierta paranoia, una teoría de que con lo que tiramos se podría obtener otra visión de nosotros mismos.

Papeles apunta hacia ese costado de la vida que también se manifiesta en documentos imprescindibles y que marcan o signan nuestro destino. Mentalidad de surfing y El mundo bajo mis pies tal vez son las más personales de todas las canciones del CD.

No obstante, es Me muero de ganas texto que habla, con originalidad, sobre el más sublime de los sentimientos y, además, destaca allí el solo de piano del maestro Chucho Valdés.

Otros instrumentistas igualmente accedieron a la invitación de Polito, como los guitarristas Miguel Ángel Méndez y Miguel Ángel Sánchez, el contrabajista Frank Rubio y el percusionista Jorge González.

El álbum, salido tras poco más de un lustro de ausencia de Ibáñez en el panorama fonográfico de la Isla, contó con la producción del mismo cantautor y de Steve Dal Col, quienes junto a José R. Cabrera se encargaron de los arreglos musicales.

Trasciende de esta entrega la coherencia lograda en el diseño. Ricardo Monnar sintetizó en el empaque del CD el amplio espectro de potencialidades que se ofrece entre amarillo, negro y blancos, para apoyar desde la gráfica también la idea esencial manejada en las canciones. A ello se sumaron con elegancia las fotos tomadas por Orestes Molina.

Como en Recuento, Para no pensar y Axilas, la nueva entrega de Polito está impregnada del lirismo con que construye sus letras. Escucharla es entonces hacer ese viaje que nos propone el cantante hacia nosotros mismos.

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