Cultura cubana: rebelde como la nación

Jóvenes escritores e intelectuales reafirman su compromiso con la Revolución frente a los intentos de subvertir su vocación libertaria y justiciera

Autores:

José Luis Estrada Betancourt
Lourdes M. Benítez Cereijo

El interés de ejercer influencia con propósitos desestabilizadores y manipular políticamente la labor intelectual y creativa de las jóvenes generaciones de cubanos, constituye uno de los propósitos del accionar subversivo del Gobierno de los Estados Unidos hacia Cuba.

Ante esta realidad, el pueblo y sus instituciones enfrentan un desafío constante, que demanda una mayor capacidad de preparación para no caer en trampas provocadoras que intentan sembrar la división.

Ese es el sentir de los jóvenes escritores e intelectuales de la Isla, como la poeta Monika González Ortega, quien reafirma su compromiso con la Revolución, tras sentirse conmovida ante la presentación especial del capítulo Mentiras bien pagadas, del programa Las Razones de Cuba.

Para Monika González es fundamental la actitud indoblegable que deben adoptar los jóvenes artistas frente a la aspiración expresa de la Oficina de Intereses de Estados Unidos (SINA) de socavar, respondiendo al Gobierno hostil que representa, en especial este sector de la sociedad cubana, como parte de sus provocaciones sistematicas contra la Isla.

«No entiendo por qué la SINA piensa que accederán a los jóvenes creadores que, a través del arte y del pensamiento, hemos dejado clara cuál es nuestra posición a favor de la Revolución, por la que estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario. Nuestros discursos conceptuales y artísticos ratifican el apego a su carácter socialista.

«Jamás permitiremos que se nos ataque desde ninguna trinchera, ni desde los sitios de Internet, ni desde los blog. Estamos preparados en esas tecnologías para responder a cualquier provocación. No nos asusta mantener un diálogo, pero tienen que respetar los principios».

Monika cree que la SINA se confunde al suponer que puede encontrar una grieta para dañar el proceso revolucionario cuando los jóvenes artistas debaten con responsabilidad los principales conflictos de la sociedad y los que se están desarrollando a nivel mundial. «Estamos preparados políticamente, y como artistas con una obra sólida, respetada fuera y dentro de Cuba, defendemos nuestro derecho a expresarnos y a ser escuchados en nuestros propios espacios, pero que no se confundan».

El promotor cultural y poeta Jorge Enrique Rodríguez considera que la estrategia que siguieron para intentar sumar a la nómina de contrarrevolucionarios a Frank Carlos Vázquez (agente Robin), fue incidir en el movimiento alternativo para, de ese modo, penetrar el mundo intelectual. Al igual que Monika, Jorge Enrique piensa que «para la contrarrevolución las nuevas tecnologías, y sobre todo la web 2.0, se ha convertido en un punto de atención, porque ha potenciado de alguna manera los discursos emergentes dentro de la creación estética de los jóvenes en cualquier parte del mundo.

«Ya sabemos que estas nuevas tecnologías han abierto la posibilidad de un mayor número de publicaciones, por ejemplo, que antes era más limitada porque solo eran impresas. No podemos perder de vista que estos soportes ofrecen otra manera de practicar, promover y hacer el arte, e incluso de llegar a este. Y claro, se aprovechan de ello para utilizarlo como plataforma para desestabilizar a los países del Tercer Mundo y a Cuba de modo especial. Esa es una vía que emplea el Gobierno de Estados Unidos, con la SINA detrás, para llegar de un modo burdo a creadores alejados de las instituciones, a quienes sin dudas ven de una manera peyorativa, como personas comprables y sin dignidad, porque lo cierto es que lo menos que les interesa es su proyección cultural ni su discurso estético, solo desean utilizarlos».

¿Habrá que desconfiar ahora de lo alternativo? En lo absoluto, enfatiza el investigador Víctor Álvarez Serrano. «La AHS ha demostrado que cuando hay calidad y principios todo cabe dentro de la cultura. El reto, asegura, será tener las armas necesarias para combatir de forma inteligente y audaz. La administración estadounidense trabaja visiblemente sobre los jóvenes artistas para ejercer su influencia, y lejos de promover un verdadero intercambio artístico busca crear el descontento y fragmentar la sociedad y el movimiento cultural».

Víctor insiste en que «no debemos ser ingenuos ante todas estas pretensiones del Gobierno norteamericano y de las figuras de escaso prestigio que hacen política contra Cuba. Mentiras bien pagadas demuestra que ellos tienen interés en cada espacio, cada hecho de nuestra realidad. Son “especialistas” en sacar una doble lectura a todos los temas para actuar, creyéndose que pueden hacerlo impunemente».

Ejemplificó el modus operandi de la SINA cuando pone sus ojos sobre los jóvenes: desde las becas que ofrece dirigidas a los estudiantes, y el robo de cerebros de noveles académicos, científicos, artistas..., que participan en eventos internacionales, hasta maniobras de este tipo en el territorio nacional, ofreciendo regalías sin tener en cuenta la fortaleza y los principios de las nuevas generaciones. Por ello casi siempre este tipo de jugarreta les sale mal.

«Por eso no debemos actuar inocentemente, pues seguirán atentos a sectores que constituyen logros evidentes de la Revolución como la educación, la salud y la cultura. Eso nos indica que no podemos ceder ningún espacio, porque en nosotros está la continuidad. Más bien tenemos que esforzarnos para mantener, para consolidar aun más, esos éxitos innegables.

«Nos corresponde, como artistas e intelectuales, velar porque la cultura cubana siga siendo un paradigma en el mundo, no solo por su calidad y autenticidad, sino también porque, como dijera Fidel, es escudo y espada de la nación».

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