Bienvenido al refugio de océanos Cinematográficos

El Festival de Cine Francés en Cuba, uno de los eventos de mayor convocatoria en el país, apenas comienza y depara, desde sus inicios, estimables propuestas. Se extiende por varios cines capitalinos y por el resto del país hasta fines de junio

 

Autor:

Frank Padrón

Como tanto fue promocionado, «el documental más caro del mundo», Océanos, dejó oficialmente inaugurado el Festival de Cine Francés en Cuba, que en esta, su 14 edición, se extiende por varios cines capitalinos y por el resto del país hasta fines de junio.

Océanos (2009), premio César (el Oscar galo) en su categoría, fue escrito y dirigido por un actor de nada  breve carrera que devino ocasional productor y director: Jacques Perrin (Las señoritas de Rochefort), junto a Jacques Cluzaud, quienes ya habían compartido otra experiencia «ecológica»: Nómadas del viento. Sin embargo, no se piense en un material estilo National Geografic o Animal Planet que, sin ánimos peyorativos, cumplen a plenitud su función esencialmente didáctica: los autores de este filme, y esto me parece lo más destacable, sencillamente hacen cine, y del bueno.

Dos rubros sobresalen: la fotografía (Drion, Ros, Tovoli) y la banda sonora. En el caso de la primera, maravilla la sugerente iluminación que capta los tan variados claroscuros y cromas singularísimas del escenario elegido: esos fondos marinos donde tantas especies raras, hermosas y especiales (algunas ya extinguidas por los excesos humanos) habitan; el sonido, amén de la música maravillosa de Bruno Coulais —que va del canto gregoriano al sinfonismo, pasando por un lirismo minimal de alto vuelo— incorpora los ruidos y efectos naturales que brotan de criaturas que muchas veces entablan entre ellas verdaderas batallas campales.

Protagonistas al fin, estos seres reciben de la cámara expresivos primeros planos e incluso big close up que tal condición amerita. No queda detrás una escritura que se aleja de la lección al uso para tocar la poesía, con frases tan concretas e inteligentes como precisas, que complementan a la perfección la belleza imaginal. En fin: un excelente documental, al que si acaso habría que reprochar la existencia de varios finales, como si los directores no supieran exactamente cómo y cuándo poner el último punto.

Premio Lumiére al mejor filme del año en 2009 y 10 candidaturas al César, Welcome (Bienvenido) vuelve a tocar el tema de la emigración (concretamente kurda) a Europa: su director, y guionista, Philippe Lioret, sigue a Calais, quien ha aterrizado en Francia para saltar a Inglaterra, donde se ha establecido la familia de su novia, mientras Simón (a principio solo por impresionar a su ex esposa, simpatizante con la causa) decide entrenarlo en la piscina donde da clases para una empresa increíble: atravesar a nado el Canal de la Mancha.

Denuncia fuerte a la xenofobia, en una Europa cada vez más espantada por la invasión árabe indocumentada y —en un nivel superior— al egoísmo y la indiferencia humanos, la cinta arma de modo admirable el contrapunto entre las dos historias de amor, con el hilo conductor del entrenador que va tomando conciencia del asunto, el cual al principio era solo un gesto.

Cierta dilatación en el epílogo y algunas suciedades de montaje no empañan la estatura y solidez de esta obra que conmueve sin alardes; exhibe la dureza y crueldad del acápite abordado sin énfasis innecesarios, y donde el destacado actor francés Vincent Lindon (Pour Elle) vuelve a mostrar su clase.

Del célebre François Ozon (8 mujeres) nos llega El refugio, Premio Especial en el Festival de San Sebastián de 2009. Autor respetado por la reivindicación de las minorías sexuales y la mujer, dos representantes de estos grupos ocupan ahora su punto de mira: una joven enganchada a las drogas quien sobrevive a una sobredosis y descubre un embarazo que, sin embargo, decide llevar hasta el final; y el hermano de su recién fallecida pareja, gay que establece con ella una cálida y peculiar relación.

Esta vez Ozon apuesta por la paternidad homosexual como legítima. Y discursa también en torno a las relaciones eróticas y humanas en general, que para desarrollarse y consolidarse no precisan de etiquetas ni de orientaciones sexuales; baste el vínculo de dos personas afines, al margen de sus gustos en cualquier esfera, para que surja y progrese la chispa de la comunicación.

Fiel a su habilidad en los tejidos dramatúrgicos, el director nos incorpora a un relato sustancioso y bien armado, encomiable por el perfilado diseño caracterológico, la eficacia narrativa que mezcla los tiempos sin que apreciemos demasiado las costuras; una fotografía que desecha la tentación turística para ocuparse más bien de la interacción hombre-naturaleza; y varios desempeños muy sintonizados con la complejidad de sus personajes, en especial, los protagónicos de Isabelle Carré y Louis Ronan Choisy.

El Festival de Cine Francés en Cuba, uno de los eventos de mayor convocatoria en el país, apenas comienza, y como vemos, ya depara, desde sus inicios, estimables propuestas.

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