Una Colmenita también inspirada - Cultura

Una Colmenita también inspirada

Carlos Alberto Cremata, director de la reconocida compañía de teatro infantil, cuenta a los lectores las experiencias de los niños en la reciente gira por Canadá y sus vivencias en la dramatización del poema Niágara, de José María Heredia, en la nación canadiense

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Dadme mi lira, dádmela que siento/ en mi alma estremecida y agitada/ arder la inspiración... comenzó a decir emocionada la oda Niágara Lilita, la pequeña que toca la batería en La Colmenita, en la Table Rock, al pie de las impresionantes cataratas, a solo unas horas del regreso a tierra cubana de la reconocida compañía infantil de teatro, después de haber concluido su primera gira a Canadá.

... ¡Duren mis versos/ cual tu gloria inmortal! Pueda piadoso/ al contemplar tu faz algún viajero,/ dar un suspiro a la memoria mía, finalizaban muy inspirados Kevin y María Carla, los más pequeñitos de la delegación criolla, la dramatización del fantástico poema herediano, un notable suceso que ahora Carlos Alberto Cremata relataa los lectores de Juventud Rebelde.

«El cuento de lo que nos pasó con Heredia y las cataratas es muy hermoso, porque antes de ir a Canadá, toda la delegación estuvo estudiando muy seriamente la vida y obra de ese grande de la literatura cubana. Tanto, que hasta leímos colectivamente los pasajes de su existencia en La novela de mi vida, de Leonardo Padura... De modo que cuando los niños dijeron de memoria el poema, ya estaban “mechados” en muchas de las complejas particularidades de la novelesca vida de Heredia y sus ilustres contemporáneos: Padre Félix Varela, José Antonio Saco, Domingo del Monte, Plácido, Tanco, Sanfeliú, Aldama, los Junco...».

—¿Cómo vivieron ese momento?

—El sábado 20 de abril viajamos hasta la ciudad de Niágara y sus prodigiosas Cataratas, monumento nacional de la naturaleza canadiense y del mundo, teniendo de fondo la música natural que produce el «fragor tremendo» de «los torrentes despeñados», La Colmenita dramatizó (en función sui géneris), el célebre poema del primer romántico de la lengua española y primer gran poeta de Cuba, conocido precisamente como El cantor del Niágara, nuestro inmortal José María Heredia.

«Y ello ocurrió ante la placa conmemorativa que refleja el rostro de Heredia, donde se esculpieron fragmentos en idioma inglés de su oda Niágara, en presencia de la prima ballerina del Ballet Nacional de Canadá Verónica Tennant, el Secretario General de la Iglesia Anglicana Venerable Doctor Michael Thompson, el prestigioso intelectual Keith Ellis, la Concejal de esa ciudad Joyce Morocco, la presidenta de la Comisión de Parques del Niágara Janice Thomson, e integrantes de la Asociación de Amistad Canadá-Cuba y sus filiales en Toronto y Niágara, así como la Embajadora de Cuba Teresita de Jesús Vicente Sotolongo y los cónsules cubanos en Montreal y Toronto».

—¿De qué manera se materializó esta gira a Canadá?

—Es un sueño que se logró gracias a una empresa mágica que hace mucho, y bien, por la promoción del arte cubano en el mundo, y especialmente en Canadá, Havanarte Productions, y a los esfuerzos de la cariñosísima y laboriosa Misión de Cuba en Canadá, integrada por la Embajada cubana en Ottawa y los consulados generales en Toronto y Montreal. Nosotros quedamos perdidamente enamorados de nuestros diplomáticos en ese hermano país y de la inmensa cantidad de amigos que tiene nuestra Isla por allá, no hay que olvidar que cada año nos visita un número considerable de turistas canadienses.

—¿Cuáles fueron las motivaciones de ambas partes?

—En realidad es un anhelo que data de varios años. En Cuba hemos actuado especialmente para múltiples delegaciones de ese país, que desde siempre nos han invitado. Así nació un vínculo muy fuerte y añejo con un extraordinario amigo de Cuba, Michael Kerman y su Leading Edge Seminars Inc., a la vez que en todo este tiempo hemos recibido, incluso, talleres de payasos terapéuticos con la maestra de Ontario Joan Barrington. En estos momentos, Adrienne Hunter, Colette y un larguísimo etcétera… siembran hermosos frutos en el hospital William Soler. Todos ellos se unieron, al fin, para recibirnos y acogernos en su tierra.

—Una gira de solo cinco días, debió resultar muy agitada...

—Fue realmente muy, muy agitada. En solo cinco días se visitaron cuatro ciudades (Montreal, Ottawa, Toronto y Niágara) y se ofrecieron seis funciones: dos en Montreal, primero La Cenicienta… según los Beatles y luego Abracadabra (con subtítulos en francés); otra en la capital Ottawa (en la Academia de Arte Montessori), dos en Toronto en maratónica jornada, donde brindamos, con intermedio, en un abarrotado Royal Theatre, nuestras dos producciones; y la dramatización de la oda Niágara, en la Table Rock de las impresionantes cataratas, ante un público muy selecto, horas antes de partir para el aeropuerto de regreso a la patria.

—¿Cómo reaccionó el público canadiense en esta primera visita?

—Todos los teatros estuvieron repletos, y te cuento una anécdota: La primera función fue La Cenicienta..., para los profesores y estudiantes de la prestigiosa Academia de Arte FACE en Montreal. Desde que empezó a tocar Vic Vogel (el Chucho Valdés de Canadá, por cierto son grandes amigos) y a cantar Deschamps Martin, extraordinario cantante de rock, los alumnos comenzaron a rugir de emoción, luego cuando se escucharon las canciones de Los Beatles interpretadas por nuestros pequeños colmeneros, empezaron a corearlas con una energía, que homenajeaba un poco a aquella suerte de histeria que provocaban los Cuatro Fabulosos. Pero el acabóse llegó cuando la misma banda, de cubanitos que había interpretado Let it be ó Twist and shout, se dispuso a tocar, al final, la música de los Van Van. Nos pedían «¡Otra! y ¡Otra!», y ya a la altura de la tercera, Tim Pop con Birdland, de nuestro inmenso Formell, el director técnico del teatro nos imploró que paráramos, porque los estudiantes todos, como enloquecidos, encaramados en los asientos o en oleadas sobre el escenario «…le iban a romper el teatro de la Academia de Arte de Montreal», como nos dijo. Por primera vez tuvimos que llevarnos en fade a la indetenible música de la Maquinaria de los Van Van.

«En Ottawa pasó lo mismo, pero esta vez con muchos cubanos arrollando; y en Toronto, el Royal Theatre no dio abasto, se quedaron personas fuera y otras se ubicaron de pie en pasillos y fondo, algo que no es muy permitido en teatros canadienses… Al final de Abracadabra, los gritos repetidos y cadenciosos de “¡Free, free, free the Five!”, nos llenaron de orgullo patrio».

—¿Cómo resultó actuar junto a reconocidas figuras de esa nación?

—Tuvimos la suerte de que en cada lugar nos presentaran grandes artistas. En Montreal fueron Vic Vogel y Deschamps Martin. Ellos tocaban dos piezas cada uno antes de nuestros espectáculos. Imagínate que para presentar una función de La Colmenita en el Karl Marx, primero tocara Chucho dos piezas, o cantara Buena Fe dos canciones, y luego dijeran: «Y ahora, prepárense a disfrutar de un grupo maravilloso que se llama La Colmenita».

«Como nosotros no éramos conocidos en Canadá, eso permitió que muchas personas acudieran a la generosa convocatoria de esos excelentes y muy conocidos artistas. Pero, además, compartimos con el famoso productor Bob Pover, la presentadora de la CBC Francine Grimaldi, el payaso Francois Gourd, el magnífico abogado Juan Carranza (uno de los promotores principales de la visita) y un artista de la plástica de talla mundial como Armand Vaillancourt, con quien estuvimos toda una jornada de creación plástica inolvidable en la Academia de Arte FACE de Montreal.

«En Ottawa se produjo un momento muy especial, cuando en la Embajada cubana, Bill Ryan nos regaló a todos los colmeneros una hermosa pieza tallada en madera, con el símbolo de los Cinco, diseñada por Gerardo Hernández Nordelo, desde la prisión».

—¿En qué nuevos proyectos anda ahora La Colmenita?

—La importancia que ha tenido para nuestra vida artística el documental Esencias, de Roberto Chile, que permitió que nuestro accionar se multiplicara de cientos (en los teatros) en miles y miles (en las pantallas pequeñas y grandes por todo el mundo) nos ha hecho enrumbar nuestras estrategias, y en estos momentos andamos en nuevos sueños audiovisuales, como un paquete de programas que preparamos para la TV con el ICRT y los Estudios de Animación del ICAIC, que se llamará La Colmenita en Televisión, y un corto cinematográfico de amor, que ya filmamos y editamos en estos momentos, con guión del Héroe de la República de Cuba Gerardo Hernández Nordelo, y que recrea la hermosísima historia de cómo se enamoró de Adriana Pérez O’Connor, cuando él tenía 21 años y ella 16, las mismas edades que tienen los jóvenes excolmeneros que actúan la obra, como Malú y Jorgito, los protagonistas de Viva Cuba; o como Andy y Robertico del elenco de Habanastation.

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