La maldición de Casandra - Cultura

La maldición de Casandra

El estudio de las lenguas clásicas constituye un recurso sumamente útil para la buena comunicación, sostiene la lingüista y académica villaclareña Susana Carreras Gómez, autora de un sistema educativo de superación en latín para profesionales de la Botánica

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

SANTA CLARA, Villa Clara.— Cuenta que en una ocasión le preguntó al escritor uruguayo-cubano Daniel Chavarría, cuya alumna tuvo el honor de ser, si los conocimientos del griego y el latín le habían resultado de provecho en su oficio de escritor. Y la respuesta, aunque bastante exagerada, no la defraudó: «¿En mi oficio de escritor? No; yo me pregunto cómo una persona que no sabe griego y latín puede despertarse por la mañana, sentarse en la cama, ponerse las chancletas, mirarse al espejo, salir a la calle...».

«Al decir aquello, Chavarría extrapoló las premisas elementales del quehacer científico a los actos indefectibles del hombre común. Pero como dice un viejo refrán, “el que no sabe es como el que no ve”, y solo las personas que gozan del privilegio de conocer las lenguas clásicas son capaces de aquilatar el tesoro que poseen».

Con más de 35 años dedicados a la enseñanza del latín y el griego, la Doctora villaclareña Susana Carreras Gómez, profesora del departamento de Lingüística y Literatura de la Universidad Central de Las Villas, sostiene que, aunque parezca una paradoja, las lenguas clásicas constituyen un recurso sumamente útil para la buena comunicación y el buen entendimiento entre los especialistas de diferentes esferas. La también miembro de la Sociedad Cubana de Botánica es la autora de un curso de superación destinado a los profesionales de esta rama que les facilita la descripción de las especies.

—¿Qué caracteriza dicha propuesta?

—Se trata de un sistema que incluye todas las categorías de la didáctica y que permite traducir del español al latín. Puede ser contado entre los llamados «idiomas con fines o propósitos específicos», que cada día ganan más terreno en los proyectos de la enseñanza de lenguas, pues atienden necesidades específicas de áreas profesionales y permiten a los estudiantes apropiarse en tiempo récord del conocimiento que requieren.

«El trabajo no comenzó como tesis doctoral, sino como una búsqueda de información para impartir un postgrado a un equipo de profesionales del Jardín Botánico de la Universidad Central. El material posibilita llevar del español al latín la descripción de las especies.

«Los especialistas que recibirían el curso, por su parte, debían asumir el aprendizaje de un complejo sistema lingüístico, lo que requería además una actualización de su propia lengua: el español. Así comenzó un largo proceso de investigación-acción-colaboración que contó con la participación de lingüistas, biólogos, pedagogos y especialistas en Ciencias de la Computación.

«Se hizo necesario acotar contenidos, elaborar medios auxiliares que respondieran a las demandadas y perspectivas del curso. Se elaboraron un programa analítico, una colección de guías metodológicas y un libro de texto. Como medio auxiliar se empleó el software Eslatín II, creado por estudiantes de Computación, además de una literatura auxiliar de la Biología y las lenguas clásicas».

—Entre los botánicos, ¿cómo ha sido acogido el curso?

—Muy bien. Los resultados comenzaron a socializarse desde el inicio mismo del proceso de investigación: en consultas particulares a especialistas, en sesiones científicas y en eventos nacionales e internacionales.

«El curso, diseñado en mi tesis doctoral, se ha impartido tres veces: dos en el Jardín Botánico de la Universidad Central: una primera con carácter local; y una segunda que incluyó a profesionales de Villa Clara, Cienfuegos y Sancti Spíritus. También fue impartido en el Jardín Botánico Nacional y tuvo convocatoria para todo el país».

—Además de la Botánica y la Zoología, ¿en qué otras áreas del conocimiento se emplean vocablos de estas lenguas?

—Tanto el griego como el latín son la principal fuente de que se nutre el léxico de todas las ciencias. Lo dicho atañe no solo al léxico de las lenguas romances. El inglés, reputado como lengua universal para el ámbito científico, acude constantemente a las lenguas clásicas para nombrar sus aportes.

«Palabras latinas propiamente dichas, o griegas latinizadas, es decir, transcritas al latín, se emplean en el Derecho. No solo palabras, también frases más o menos extensas. Las Ciencias Sociales, como la Filosofía, la Sociología y la Filología, utilizan constantemente conceptos básicos transcritos al español que sufren apenas pequeñas alteraciones: epistemología, ontología, holístico, palinodia, diátesis, cronotopo, pathos, ethos, y muchos más.

«Por su parte, en las Ciencias Médicas se aprovechan segmentos morfológicos y semánticos de las lenguas clásicas para nombrar nuevos productos, medicamentos, dolencias, artefactos y hasta especialidades. El tecnolecto más integral basado en estos registros lingüísticos es el de las Ciencias Biológicas.

«El avance científico-técnico es acelerado, así como lo es la necesidad de que las ciencias interactúen, y unas «invadan» terrenos tradicionalmente reservados a otras, y todas «cohabiten» en fronteras comunes. De modo que es preciso que cada día se procuren con mayor empeño ámbitos comunes que faciliten esa interacción».

—Desde el punto de vista histórico y cultural, ¿cuánto representa en la actualidad el estudio de estos sistemas lingüísticos?

—La pervivencia clásica, entendida como influencia y presencia de la cultura grecolatina, es un fenómeno que un solo estudioso no podría abarcar, así le dedicase la vida entera. Grecia y Roma clásicas son la cuna de lo que llamamos «cultura occidental», en la que perviven de aquellas la filosofía, la literatura, la arquitectura, el derecho, por mencionar solo grandes, delimitadas y reconocidas parcelas de la cultura.

«Se dice que Demóstenes, célebre orador ateniense, quien alertaba acerca del peligro que para la Hélade constituía el rey Filipo de Macedonia, y cuyas palabras no eran atendidas, había contraído la maldición de Casandra, la infeliz hija de Príamo, rey de Troya, de la cual se enamoró el dios Apolo, que al ser rechazado por ella la condenó a vaticinar acontecimientos verdaderos que al mismo tiempo no eran creídos. Pienso que esa maldición ronda aún hoy día a todos aquellos que nos esforzamos por probar la utilidad de las lenguas clásicas y multiplicar su conocimiento.

«Los dos sistemas pertenecen a la familia lingüística indoeuropea. Pero aparte de las semejanzas que proporciona el hecho de que tengan un origen común, resultó determinante en la coincidencia de gran parte de su estructura y léxico un desarrollo que, si bien paralelo, fue muy cercano y relacionado».

—¿Qué elementos estructurales conectan ambas lenguas? ¿Básicamente en qué difieren?

—Como sistemas presentan más semejanzas entre sí que las que tiene cada uno con el español. La característica más peculiar de las lenguas clásicas es la declinación de sus nombres; es decir, los cambios morfológicos que experimentan sustantivos, adjetivos y pronombres de acuerdo con las diferentes funciones sintácticas que desempeñan dentro de la oración gramatical, y también sobre la base de la regencia de las preposiciones.

—¿Cómo se relacionan con las lenguas romances, especialmente con el español?

—Son variados los niveles de pervivencia. El primero es la lengua romance misma, cuyo componente básico es el latín. Luego de la caída del Imperio Romano, en que cesan los lazos políticos comunes, cada territorio conquistado por Roma acelera un proceso de diferenciación cultural que nunca se había detenido, pero había sido frenado en cierta medida por la hegemonía de la metrópoli.

«Desde entonces el desarrollo cultural se hizo más específico para cada territorio, fueron más libres las relaciones con determinados pueblos para unos y no para otros. Los sistemas de interinfluencias se particularizaron y espontáneamente se gestaron nuevos focos culturales, ostensiblemente emparentados, pero diferentes».

—En el español de Cuba, ¿todavía quedan herencias léxicas de estas lenguas? Pudiera poner algunos ejemplos...

—Se pueden mencionar muchas palabras idénticas a vocablos de la lengua latina. Por ejemplo: rosa, amo, aula, adorno, este último usado como verbo. Hay otros muy cercanos, pero con alguna variación léxica o semántica, como son virtus, valor; medicus, médico; amica, amiga; princeps, jefe; pulchra, hermosa; oro, rogar; oportet, conviene... Y así mismo de la lengua griega.

«También hay términos y frases latinos que en calidad de préstamo perviven y se insertan dentro del discurso en lengua española: etc., ad hoc, a priori, quorum, memoradum, agenda, quid pro quo, proprio motu y eureka, que es una transcripción al latín de la palabra griega».

—Algunas de esas palabras o locuciones, al usarse en la variante cubana del español, han alterado parcial o completamente sus significados. ¿Por qué se dan estos fenómenos? ¿Pudiera referir algún caso?

—No puedo decir si específicamente en la variante cubana del español las palabras y locuciones latinas han experimentado algún cambio especial. Las variaciones de la lengua latina propiamente dicha se han verificado en Europa.

«En Cuba se ha hecho a partir del español general, que a su vez se deriva de las lenguas clásicas. Por ejemplo, se puede mencionar el término especular, que los jóvenes emplean como ostentar, y viene del latín speculum, espejo; pero que se ha mantenido durante siglos en el español general con otras acepciones. En realidad tampoco este nuevo significado se sale completamente del marco semántico originario, ya que los jóvenes lo emplean hasta cierto punto como “dar una imagen que no es la real”, que es la que, efectivamente, nos devuelve un espejo».

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