La vida desde un Rascacielos

La puesta en escena de una pieza de Jazz Vilá abre una ventana para reflexionar en torno a temas como la comunicación, la diversidad sexual y la convivencia

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

La tentación de descubrir «la verdadera naturaleza que se esconde en la intimidad de cuatro paredes» es la entrada para acceder a cada uno de los pisos y apartamentos que ha edificado el actor Jazz Vilá, con su puesta en escena Rascacielos.

La pieza, dirigida fundamentalmente a un público juvenil, nos abre una ventana para mirar y reflexionar en torno a temas como la comunicación, la diversidad sexual y la convivencia.

Para conocer más acerca de los detalles de este estreno, que se presenta por estos días en la sala Adolfo Llauradó de la Casona de Línea, Juventud Rebelde dialogó con su director.

—¿Cómo se construyó Rascacielos?

—Es una obra creada a partir de vivencias personales y de fuentes de inspiración cinematográficas y teatrales. Su origen está en un cúmulo de ideas que fui anexando a cuestiones que me interesaba abordar en mi creación. Ese fue el esbozo de un proyecto que, con el paso del tiempo, cuajó hasta quedar materializado. No obstante, tuve que contextualizarlo y para eso trabajé con el joven dramaturgo Marcos Díaz. Posteriormente, se ha dado un proceso de enriquecimiento constante en el que cada persona que ha tenido algo que ver con la obra, ha aportado un poco para nutrirla.

«Es una pieza muy contemporánea que, desde una poética actual, habla de la realidad y de las inquietudes que preocupan a las personas, y a los jóvenes en particular».

—¿La convierte esa característica en una obra necesaria?

—Desde el primer día he notado que Rascacielos ha tenido el efecto deseado: despertar el interés del joven, pues se abordan aspectos con los cuales ese público puede identificarse. Además, intentamos explorar un punto de equilibrio entre la reflexión necesaria, que estimule el pensamiento, y algo más «light», que no exactamente quiere decir banal o superficial.

Para Jazz Vilá, en ocasiones queremos decir mucho y elevamos tanto el discurso que perdemos la perspectiva de lo cercano. «Nuestro mensaje gira en torno al amor, fundamentalmente entre la pareja, sea cual sea la elección sexual; y a la comunicación interpersonal. Es una mirada a cómo afrontar las dificultades sin descuidar los sentimientos».

Definida por su creador como «un juego temporal donde cuatro parejas entrelazadas por el destino de un pintor nos revelan la esencia de sus sentimientos», Rascacielos se aproxima a las temáticas de la diferencia de edad, la violencia de género, las relaciones homosexuales —donde la esencia no radica en ese aspecto sino en la capacidad o incapacidad de los personajes para hacer funcionar los engranajes de su vínculo—; el problema del espacio y de la vivienda, la incomprensión o falta de diálogo entre generaciones, entre otras.

Como notas sobresalientes en la obra destacan la actuación de Broselianda Hernández. La actriz da vida, magistralmente, con una mezcla de dramatismo y humor, al personaje de Ana, una mujer madura que es infeliz en su matrimonio y mantiene una relación paralela con un chico muchos años menor. Al elenco se suman, además, Camila Arteche, Lulú Piñera, Carlos Bustos, Omar González y Denis Ramos, entre otros jóvenes valores.

Como una suerte tremenda valora Jazz Vilá el hecho de que Broselianda haya accedido a sumarse al proyecto. «Es algo que recordaré siempre, porque la admiro y respeto infinitamente. También constituye una satisfacción la labor con el resto del equipo: todos muchachos muy jóvenes que asumen la obra con humildad, profesionalidad y ganas de hacer. Ellos han sabido traducir la historia de este Rascacielos».

El novel director, que tiene entre sus planes inmediatos hacer una versión radial de la obra, llevar adelante una gira por el país, además de un proyecto cinematográfico, atesora como una de las grandes alegrías la de hacer doble función el día del estreno, «bajo el azote de la lluvia, con la gente empapada esperando fuera y ver la sala repleta de público en las presentaciones.

«Cuando eso sucede uno se da cuenta de que está ante un fenómeno teatral alimentado por la misma gente. Y ese era mi propósito: realizar un teatro vivo, que se multiplica. A mí no me preocupa hacer la obra con mayor vuelo artístico, ni ser el director más afamado. Mi interés es llegar a la gente».

—¿Qué lugar ocupa en tu quehacer Teatro El Público?

—Ahí radica mi casa y mi templo teatral; con Carlos Díaz, que me ha dado toda la confianza. El primer agradecimiento es para él. El apellido de Teatro El Público es un arma de doble filo, porque si bien por un lado tienes un apoyo incondicional, al mismo tiempo recae sobre ti la tarea de defender un nombre, de cuidar un prestigio y la responsabilidad de estar a la altura. Y espero hacerle honor.

«Cada una de las historias representadas forman parte de mí, cada uno de los nueve personajes son un pedazo de Jazz Vilá. Rascacielos es un título que tiene que ver con La Habana, con la contemporaneidad. En la ciudad no se construyen estas edificaciones. Sin embargo, todos los días las vemos en la calles, en los seres humanos, por su capacidad para elevarse ante las urgencias cotidianas, por el empeño de empinarse ante los obstáculos y de tener lo más alto como límite de los sueños. Cada persona es y tiene su propio rascacielos que, como la vida misma, posee apartamentos iluminados y otros tantos sumergidos en la penumbra».

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